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| ARTICULO |
13
de mayo de 2004 |
| Paginas 10 y
11 de la edición impresa. |
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Foto:
OSCAR MEDRANO: Lunes 10 de mayo. 1:00 p.m. Cuatro mil pobladores
de comunidades campesinas toman la ciudad.
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ILAVE
Tempestad en el Lago
Tras el linchamiento, rebeldía. La ciudad puneña sigue
sin retomar su cauce y más bien parece desbordarse.
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Edgar
Larijo Cutipa, con orden de captura por muerte de alcalde Robles,
arenga a la población aymara a resistir a la autoridad y
pide salida de Alejandro Toledo del gobierno. Al lado, participación
de las mujeres fue decisiva en el paro. Inclusive, fueron las más
agresivas.
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Escribe CARLOS
HIDALGO
"Tenemos
información de que hay unas trescientas personas merodeando por
la zona, pero la situación está controlada. No hay mayor
novedad", dijo el general PNP, Luis Vizcarra, encargado de la custodia
del orden en Ilave, a un grupo de periodistas cuando faltaban quince minutos
para la una de la tarde del lunes 10. Hasta ese momento, el paro de 72
horas convocado por el Frente Nacional Aymara en esa localidad pasaba
de largo, sin nada relevante. Unos cuantos pobladores en la plaza, el
mismo discurso, las mismas demandas. Vizcarra miraba tranquilo las noticias
en su oficina de la comisaría de Ilave. A la una de la tarde, el
ruido hizo que se parara de su asiento y saliera a la calle. A una cuadra,
la plaza se había llenado de bote a bote.
Con una sincronización propia de un ejército
perfectamente adiestrado, cuatro mil pobladores de las comunidades campesinas
de las zonas alta, media y baja aledañas a Ilave, hacían
su ingreso a la Plaza de Armas desde los cuatro flancos. A su pedido de
liberar a los seis implicados en la muerte del alcalde Cirilo Robles -uno
de ellos, el teniente alcalde Alberto Sandoval-, presos en el Penal La
Capilla, ahora se sumaba la inmediata destitución de Arnaldo Chambilla,
designado por el Jurado Nacional de Elecciones como nuevo alcalde de Ilave.
De poco sirvió la visita del flamante ministro del
Interior, Javier Reátegui a Puno, acompañado de una comisión
de alto nivel designada por el gobierno. No sólo no se reunieron
con dirigente alguno de Ilave -sólo entablaron diálogo con
representantes de Ayaviri, poblado que presenta el mismo problema- sino
que a Reátegui el soroche, al parecer, le jugó una mala
pasada. La única propuesta concreta del gobierno: la designación
de Chambilla como burgomaestre fue tomada como una afrenta por los pobladores,
debido a que éste era hombre de confianza de Robles. Desde su cama
en el Hospital Manuel Núñez Butrón, Chambilla aceptó
la designación a media gana, no sin antes solicitar garantías
para su vida y la de su familia. "En cuanto me recupere volveré
a Ilave, pero tengo miedo", dijo la tarde del domingo.
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Tumba
del linchado alcalde de Ilave, Cirilo Robles Callomamani,
en el cementerio de Puno. Al lado, no sólo Ilave
se encuentra en convulsión. Existen otros poblados
con problemas.
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La respuesta a sus declaraciones revoloteaba entre
los manifestantes durante la marcha de ese lunes. "Si viene ese
corrupto (Chambilla), lo matamos. Con este nombramiento el gobierno
nos está declarando la guerra", repetían al unísono.
ARENGAS Y PIEDRAS
El asesinato de Cirilo Robles ha destapado una caja
de Pandora inimaginable, que excede la simple ecuación alcalde-corrupto-ajuste
de cuentas. Al menos eso queda claro para los dirigentes campesinos
que el lunes, luego de marchar de manera pacífica por la
Plaza de Ilave, realizaron un improvisado mitin en la placita de
Balsave, caserío ubicado a cien metros del puente internacional
de Ilave.
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Tierra de nadie, sin presencia policial. Hasta ahí
llegó el mar de manifestantes, luego de aplanar la ciudad al ritmo
de consignas de extrema izquierda y de rozar las chaquetas y armas del
impasible contingente policial que desde Lima y Arequipa llegó
a la zona.
"Aymara marka. Vamos a agarrar a todos los que nos vengan
a buscar. Los aymaras sabemos resistir. Desde este momento, todos somos
dirigentes. Jallalla Túpac Catari", decía Edgar Larijo Cutipa,
secretario del Frente de Juventudes Aymaras, sobre el que pesa orden de
detención por presunta responsabilidad en la muerte de Robles.
Larijo, al igual que Rubén Pari y Rudy Roque Lima,
los otros dos oradores esa tarde, fustigó a la población
con un discurso político y racista. La salida de Alejandro Toledo
del gobierno, en un mensaje que tuvo mayor eco que las bravatas que hacen
ciertos políticos respecto a este tema en Lima, dominó toda
su alocución al igual que la reivindicación de la nación
aymara. La tensión llegó a tal punto que los periodistas
tuvieron que identificarse ante la masa y algunos fueron hostilizados
debido a la línea informativa de sus medios.
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Esa es otra de las aristas de la problemática.
Por sobre el interés político de los agitadores, se
encuentra la población que no entiende de plazos constitucionales
ni de leyes, ni de jurados de elecciones. Sólo tienen un
profundo desarraigo de lo que significa Estado y desconfían
de todos y de todo lo que representa ese orden. La manera como los
medios han tocado el asunto, en muchos casos, representa para ellos
un ataque alevoso.
Al día siguiente, doscientos pobladores llegaron
desde el puente internacional, fuertemente custodiado por la PNP,
hasta Ilave y se dirigieron al peaje de la carretera que conecta
esta ciudad con Puno. Bloquearon la carretera por más de
tres kilómetros sin que policía alguno lograra disuadirlos.
Por el sur, a la altura de Pilcuyo, el puente Zapatilla se encontraba
también bloqueado y los manifestantes cobraban cupos para
que los camiones pudieran pasar. "Ya ve", decía un poblador
riéndose, " aquí está el más trabajo
para Toledo", mientras tiraba piedras a lo largo de toda la carretera.
Al igual que el día anterior, se fueron de vuelta a sus poblados.
En estos días, diversas versiones corren en
Ilave. Desde que los policías han llegado sin dinero y viven
de la suya, hasta la probabilidad de que dos mil comuneros se encuentren
escondidos en el mercado, dispuestos a atacar. Hasta el cierre de
edición, no se descartaba ninguna posibilidad de enfrentamiento,
por más parsimonia que la PNP muestre ante las provocaciones
de los campesinos. Inclusive, éstos no descartan la posibilidad
de viajar hasta Juliaca y tomar el Penal La Capilla para liberar
a los seis detenidos. Lo cierto es que la situación va in
crescendo, sin visos de solución aparente. El gobierno no
ha aceptado la liberación de los presos y los campesinos
no tienen intención de hablar con autoridad alguna si es
que no es en Ilave y aceptando sus demandas. Diálogo muerto.
"Informe con la verdad, cuente la verdad", dice Rosario,
una ilaveña que hace su cola para comprar el periódico
que llega a la una de la tarde a la ciudad. Complicado, ya que nunca
como ahora la verdad tuvo tantas caras diferentes, en donde todos
creen tener la razón.
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Aclaración
La edición 1822 de CARETAS presentó una foto proporcionada
por la Policía. Fuentes del Ministerio del Interior identificaron
la escena como perteneciente al día de la turba, pero esto
es inexacto, pues se trata de una celebración religiosa ocurrida
días antes. Por otro lado, los vídeos en los que se
observa al teniente alcalde Alberto Sandoval en los momentos en que
Cirilo Robles y sus regidores eran asesinados, fueron ya visionados
por el Ministerio Público. |
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