|
Edición Nº 1823 |
| |||||||||
|
| ||||||||||
|
Portada
|
Irak: Salvajismo
Islámico El salvaje degüello
de un civil norteamericano en Irak por terroristas de al-Qaeda, registrado
tenebrosamente en un vídeo y divulgado a través de Internet
esta semana, ha conmovido al mundo y eclipsado temporalmente el escándalo
de los maltratos de prisioneros iraquíes registrados en la cárcel
Abu Ghraib de Bagdad. NICHOLAS Berg, 26, era un especialista en reparación de antenas, había viajado a Irak por segunda vez buscando trabajo, y figuraba entre las docenas de extranjeros secuestrados por grupos extremistas islámicos en ese cada vez más convulsionado país. Poco antes de cercenarle la cabeza frente a la cámara con un cuchillo militar, su verdugo principal, presumiblemente el terrorista jordano Abu Musad-al Zarqavi, dijo que lo hacía como venganza por los vejámenes sufridos por los iraquíes en Abu Ghraib. De inmediato, las grotescas y humillantes fotografías divulgadas previamente, que revelan el repudiable comportamiento de las tropas norteamericanas y británicas en las cárceles de Irak, adquirieron las características de una falta menor frente a la atrocidad perpetrada por los asesinos. Y esa cabeza, exhibida como un trofeo macabro ante la cámara, se convirtió en el símbolo de los extremos a los que puede conducir la violencia y la barbarie extremista. La muerte de Berg hizo recordar el asesinato en el 2002 de Daniel Pearl, el reportero del Wall Street Journal igualmente secuestrado y luego decapitado en vídeo por militantes musulmanes. Antes de matar a Berg, uno de los encapuchados dijo en árabe que había ofrecido a las autoridades norteamericanas intercambiar a su cautivo por algunos de los presos en Abu Ghraib, pero que éstas habían rechazado el canje. Fuera esto cierto o no, la atrocidad cometida solo produce un nauseabundo rechazo frente a una causa y una cultura capaces de albergar semejante comportamiento.
| |||||||||
|
| ||||||||||