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ARTICULO

13 de mayo de 2004
Paginas 20 y 21 de la edición impresa.

Electricista norteamericano Nicholas Berg parece no entender lo que le espera. Der.:Verdugo principal sería terrorista jordano Abu Musad-al Zarqavi, quien ya esgrime cuchillo. abajo: Entre gritos iniciales, Berg es degollado. La barbaridad atávica es difundida mundialmente a través de Internet. Después la cabeza se convierte en trofeo macabro.

Irak: Salvajismo Islámico
Atrocidad sangrienta cometida por al-Qaeda condena a toda una cultura que alberga a semejantes extremistas.

El salvaje degüello de un civil norteamericano en Irak por terroristas de al-Qaeda, registrado tenebrosamente en un vídeo y divulgado a través de Internet esta semana, ha conmovido al mundo y eclipsado temporalmente el escándalo de los maltratos de prisioneros iraquíes registrados en la cárcel Abu Ghraib de Bagdad.

NICHOLAS Berg, 26, era un especialista en reparación de antenas, había viajado a Irak por segunda vez buscando trabajo, y figuraba entre las docenas de extranjeros secuestrados por grupos extremistas islámicos en ese cada vez más convulsionado país.

Poco antes de cercenarle la cabeza frente a la cámara con un cuchillo militar, su verdugo principal, presumiblemente el terrorista jordano Abu Musad-al Zarqavi, dijo que lo hacía como venganza por los vejámenes sufridos por los iraquíes en Abu Ghraib.

De inmediato, las grotescas y humillantes fotografías divulgadas previamente, que revelan el repudiable comportamiento de las tropas norteamericanas y británicas en las cárceles de Irak, adquirieron las características de una falta menor frente a la atrocidad perpetrada por los asesinos.

Y esa cabeza, exhibida como un trofeo macabro ante la cámara, se convirtió en el símbolo de los extremos a los que puede conducir la violencia y la barbarie extremista.

La muerte de Berg hizo recordar el asesinato en el 2002 de Daniel Pearl, el reportero del Wall Street Journal igualmente secuestrado y luego decapitado en vídeo por militantes musulmanes.

Antes de matar a Berg, uno de los encapuchados dijo en árabe que había ofrecido a las autoridades norteamericanas intercambiar a su cautivo por algunos de los presos en Abu Ghraib, pero que éstas habían rechazado el canje.

Fuera esto cierto o no, la atrocidad cometida solo produce un nauseabundo rechazo frente a una causa y una cultura capaces de albergar semejante comportamiento.

 

 

 


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