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Edición Nº 1823 |
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Portada
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Ese
Mundo es Mío
Veamos el caso de Seurat. Murió en 1891 a los 32 años, dejando una obra insólitamente madura. Pasó a la historia con cuadros como "Un baño en Asnieres" o "Tarde de domingo en la Grande Jatte". Ambas han sido reproducidas hasta el cansancio, pero es indispensable verlas personalmente para comprobar la pulsión de pintar y simultáneamente la preocupación de su autor por la percepción del color y la síntesis de las formas. Para estos fines Seurat analizó las leyes físicas de Chevreul y los principios de composición de Charles Blanc, proponiendo que la pintura debería limitarse a tonos complementarios, recurriendo fundamentalmente al rojo, verde, amarillo y azul. De esta manera trabajó infinidad de puntos que la retina unía en lugar de mezclar los colores en la paleta. Wagner establece una equivalencia entre los cuadrados y la aglomeración de puntos, creando un contrapunto en los modos de trabajar de acuerdo a la tecnología del tiempo que a cada artista le tocó vivir. Ella luce conocer muy bien la analogía entre la descomposición de la luz que hacía Seurat y el proceso de un computador para grabar una imagen, lo que le permite plantear rigurosas analogías entre arte y ciencia de los siglos XIX y XXI. Si Seurat es un punto de partida teórico y pictórico, Cezanne reafirma la contundencia de Wagner cuando reelabora sus bodegones, aunque en este camino quizás se le pudiera reprochar la solidez otorgada a Renoir, uno de los impresionistas más edulcorados y, predeciblemente, el que con mayor número de admiradores cuenta. La ruptura de Wagner con el pasado se evidencia al tratar a Van Gogh, Degas o la etapa española de Manet, que es la obra en la que puede avizorarse mejor sus siguientes pasos. En ellos se desliga de los colores del original, agiganta los píxeles y otorga al cuadro un carácter abstracto que demanda enorme distancia para que el espectador pueda descifrar su origen... en caso de que le resulte imprescindible. Que no lo es. Porque son precisamente esos los trabajos en los que ella se desplaza de la Historia del Arte hacia un universo interior, en un proceso cuyos resultados pudieran verse en una próxima individual. Finalmente es necesario destacar su decisión de pintar, a contracorriente con los tiempos. Ella pinta sabiendo que es infinitamente más fácil obtener imágenes pixelizadas a través de cualquier PC y luego imprimirlas. Pero precisamente uno de sus mayores logros ha sido limitarse al lugar común del Photoshop sólo como una herramienta preliminar, para luego proceder a esa laboriosa manualidad que demanda una obra inusitadamente madura que vuelve inolvidable esta primera individual. Su exposición es una lúcida coexistencia entre pasados y presentes, un mundo alucinado de pasión y razón. En ese mundo vivo.
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