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| ARTICULO | 20
de mayo de 2004 | De Plebeyas
a Princesas Discreto encanto de plebeyas como Letizia
Ortiz diluye, y desde hace ya varios años, real sangre azul. Tiempos nuevos
para las monarquías. ¿El
amor triunfa sobre el deber? Buena señal aunque los monárquicos
más recalcitrantes no lo vean así. La saga de trasgresiones que
iniciara en medio de un real escándalo Eduardo VIII el 11 de diciembre
de 1936, al abdicar al trono por la bailarina divorciada Wallis Simpson, es hoy
imparable y hasta vista con muy buenos ojos por los súbditos de las cortes
europeas que, ahora sí, se sienten más cerca de sus soberanos.
Y si Eduardo causó más de un dolor de cabeza a sus empingorotados
parientes, Rainiero III de Mónaco fue mundialmente aplaudido cuando escogió
por esposa -en 1959- a la plebeya y bella actriz Grace Kelly. Lo que ocurre
en pleno siglo XXI cuando príncipes y princesas eligen a plebeyas y plebeyos,
algunos ni siquiera provenientes de familias de clase media alta, con pasados
controversiales y antecedentes oscuros, es una muestra clarísima de que
ya se fueron aquellos días en que los palacios disponían los casamientos
de sus hijos para sellar alianzas políticas o para apuntalar el linaje.
Las cortes como tales ya no existen y los herederos al trono no se educan
entre mármoles y patios bajo la severa mirada de un tutor, sino en escuelas
públicas, viajan por el mundo, bailan en mundanas discotecas y por último,
son flechados por alguien que no ha sido cortado/a por su mismo patrón.
Y como si esto fuera poco, no tienen por qué renunciar a su derecho al
trono. No todos, por lo menos. Federico de Dinamarca se acaba de casar (14
de mayo), con Mary Donaldson, empresaria y abogada australiana, pese a que la
reina Margarita tardó tres años en aceptar el noviazgo. Ellos se
conocieron durante los Juegos Olímpicos de Sidney y su sucesión
está asegurada. Quien más bien la ha perdido, pues su familia
aún se atiene a normas estrictas, es Johan Frizo de Holanda. El segundo
hijo de la reina Beatriz renunció a sus derechos sucesorios, ya que el
Parlamento de su país consideró que él y su ahora esposa
Mabel Wiesse Smith (se casaron el pasado 24 de abril) ocultaron al Ejecutivo la
relación que ella había mantenido, hacía 12 años,
con un conocido narcotraficante. El hermano mayor de Johan Frizo, Willem-Alexander
también se casó con una plebeya en el 2002, la argentina Máxima
Zorreguieta, "hermosa, vivaz e inteligente", según la prensa del corazón
europea. Ex banquera de inversiones internacionales, Máxima ha conquistado
a su nuevo pueblo con un solo detalle: distanciarse de su padre, Jorge Zorreguieta,
secretario de Agricultura durante la sangrienta dictadura militar de Jorge Videla.
El caballero no fue invitado a la boda. Le toca ahora el turno de convertir
a una plebeya en princesa, al heredero de la corona española. Nuevamente
triunfan los sentimientos. El
Perú en la Boda Real Eliane, invitada oficial.
Popy se queda en su casa.
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| Parte
hecho en casa. Un souvenir que CARETAS le regala al embajador Olivera. Al almuerzo
nupcial, las damas deben ir de corto.
| EL 4 de febrero llegó
a Palacio de Gobierno, directamente desde el Palacio de la Zarzuela, el parte
de la boda real. Los reyes de España invitaban, oficialmente, al presidente
del Perú Alejandro Toledo y a su esposa Eliane Karp al matrimonio de su
hijo, el príncipe de Asturias, con la plebeya Leticia Ortiz. El 17 de febrero,
el jefe de Estado envió a los reyes españoles una excusa: su recargada
y movida agenda les impedía salir del país. Pocos días después
Toledo recibía una llamada del mismísimo rey don Juan Carlos de
Borbón quien insistía en contar con su presencia. Fue entonces,
nobleza obliga, que se decidió el viaje de la primera dama, aprovechando
que ya tenia programado acudir a la exposición "Perú indígena
y virreinal", organizada por la Sociedad Estatal de Acción Cultural Exterior
(SEASEX), que se inaugura este 25 de mayo en el Museo Nacional de Arte de Cataluña
(Barcelona), y en la que se presentarán casi 300 piezas de nuestro patrimonio
artístico. El hecho es que Eliane Karp asistirá sola al magno
evento. Para evitar gastos extremos y devolver viáticos a su regreso, la
señora se hospedará en la residencia del embajador Fernando Olivera.
Tanto a la cena de gala del viernes 21 en el Palacio El Pardo como a la ceremonia
religiosa del sábado 22 (11 de la mañana), y al banquete nupcial
el mismo día (a las 14.30) doña Eliane irá acompañada
por un representante de la Cancillería acreditado para el caso -quien no
ingresará a los ágapes, solo la dejará al ingreso de cada
uno de ellos-, y por su seguridad personal. Olivera no ha sido invitado a nada.
El protocolo es muy estricto y un Jefe de Estado no puede ser reemplazado por
su embajador. Por lo tanto, tendrá que contentarse con despedir a la primera
dama desde su ventana una vez que ésta ingresa al vehículo oficial.
Eliane Karp lleva tres trajes diferentes. Según dicen a ella no le importa
tanto quien lo diseñe sino que los materiales y motivos (piedras semi preciosas)
sean representativos del Perú. Uno de ellos será de color beige.
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