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Edición Nº 1824 |
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'No
Somos Neutrales' El
reciente voto del Perú en contra del régimen de Cuba en la Comisión
de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, originó dura reacción
en La Habana. Los voceros cubanos invocaron el ejemplo de Raúl Porras Barrenechea,
el canciller peruano que, en la reunión de cancilleres de la Organización
de Estados Americanos celebrada en San José de Costa Rica, en setiembre
de 1958, se opuso a que se expulsara a Cuba de la OEA. En el siguiente texto el
Canciller expone que la política exterior del Perú se coloca en
la ruta de Porras, en la medida en que éste, de modo expreso, señaló
que la tradición diplomática peruana asume la defensa de los derechos
humanos y la democracia, así como el principio de no intervención.
Escribe MANUEL RODRIGUEZ CUADROS * RAÚL Porras Barrenechea, en su discurso en la OEA, en 1960, ante la inminente expulsión de Cuba del sistema interamericano, hizo vehementes referencias a la tradición de nacionalismo latinoamericano o sudamericano y de autonomía e independencia en la política exterior peruana, recordando la gestión de Paz Soldán: "En un período de auge económico y de predominio político sudamericano -señaló Porras en la OEA-, el Perú eludió las soluciones de fuerza, buscó la coordinación jurídica y la solidaridad de intereses y de ideales de la América Latina. Convocó desde Lima al Congreso Americano de 1847 para afianzar la independencia, resguardar la integridad territorial de nuestros pueblos, repeler la invasión extranjera y uniformar los principios del derecho internacional".1 Su oposición a toda intervención foránea contra la integridad territorial y la independencia de los países de la región, es una de las cuatro ideas fuerza del legado de Raúl Porras a la política exterior peruana. Y no fue una opción de neutralidad, sino de compromiso. De una política exterior activa y consecuente. En el discurso de la OEA, la única referencia a la neutralidad es la circunscrita al conflicto Este-Oeste. Porras, ya desde 1958, había planteado en Naciones Unidas una suerte de alianza entre los países de América Latina, los países neutrales de Europa y las naciones afroasiáticas, con la finalidad de aportar soluciones a los conflictos de la guerra fría. Pero en la OEA, en 1960, no tuvo una actitud neutral, sino de adhesión y defensa de la independencia política de los países latinoamericanos y de la democracia como factor de identidad de la solidaridad regional. Se ha querido extrapolar esta actitud, que la diplomacia peruana actual asume con criterio de continuidad, a una votación sobre derechos humanos en las Naciones Unidas. Porras nunca fue neutral ni con la democracia ni con los derechos humanos. Los asumió como valores inherentes al sistema interamericano. Que debían defenderse y protegerse. No es lícito con la memoria de Porras asimilar el acto de consecuencia de su actitud contra la intervención, con una supuesta neutralidad contraria a los valores democráticos y a la protección de los derechos humanos que inspiraron su vida, su pensamiento y su histórico discurso de 1960. Porras, con la misma
fuerza y determinación que abrazó la defensa de la independencia
y soberanía de los Estados americanos, asumió la defensa de la democracia.
Y ese es su segundo legado a la diplomacia peruana contemporánea. El conjunto de estos valores, en circunstancias mundiales muy distintas y en otro contexto histórico, orientan la actual política exterior del Perú. La diplomacia peruana, conforme al derecho internacional defiende el principio de no intervención en las relaciones interestatales, desde la perspectiva del respeto a la soberanía nacional. Pero, al mismo tiempo -como en el discurso de Porras del año sesenta- asume la democracia y los derechos humanos como valores universales y regionales. Respecto de los cuales todos los Estados tienen, en el plano interno, un deber de garantía. Exigible internacionalmente. Y, en el plano externo, un deber de cooperación. También exigible. La soberanía y la no intervención no son una excepción al principio del respeto a los derechos humanos. La tercera idea fuerza de la visión de Porras sobre la política exterior del Perú está vinculada al reconocimiento de la desigualdad que existe en las relaciones económicas internacionales y en la necesidad de superarla. En 1958, adelantándose a las tendencias mundiales, lo planteó, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, como una vía realista para fortalecer la paz y el diálogo entre las naciones. En nuestros días, la política exterior del Perú, al mismo tiempo que pugna por la mejor inserción posible en el proceso global, demanda una gobernanza mundial y regional más justa. Que disminuya y supere los efectos desiguales que la globalización está generando. Sólo una gobernanza que mitigue las desigualdades puede, inclusive, reducir las condiciones del conflicto asimétrico. Y es, ciertamente, la mejor manera de darle a la democracia no sólo el patrimonio de la libertad, sino el de la estabilidad que sólo asegura la cohesión social. Finalmente, en cuarto lugar, la vigencia del ideario de Porras, adecuado ciertamente a los nuevos desafíos de nuestro tiempo, tiene que ver con una visión de la política exterior peruana "desde el Perú". Con el carácter nacional de la política exterior. La diplomacia peruana de hoy eleva esta determinación a la categoría de un principio rector de la política exterior. Y entiende que la necesaria y conveniente apertura a las tendencias globales no debe diluir el sentido nacional del Estado, la sociedad y la cultura peruanas. De alguna manera, en tanto el Perú se abra más a la globalización, más debe peruanizar su mirada de introspección. No hay todavía mercados que hayan sustituido a los Estados nacionales. Y por ello, especialmente, con relación a las normas básicas de la convivencia internacional que tienen que ver con el respeto a la entidad nacional del Estado, la nación y las instituciones de gobierno, el primer deber es ser patriota de su propia patria. __________ 2 Raúl Porras Barrenechea, discurso en el XIII período de Sesiones de la Asamblea General de las NN.UU., 02 de octubre de 1958.
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