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Edición Nº 1824 |
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La Herejía
Digital
LA guerra de Irak, que ha coincidido con el boom de la fotografía digital, está promoviendo una interesante discusión sobre la ética del fotoperiodismo y el uso y abuso de la nueva tecnología. En Latinoamérica, uno de los principales protagonistas de esa discusión se llama Pedro Meyer y es uno de los invitados del `1er Congreso Internacional de Fotoperiodismo' en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Se trata de un influyente fotógrafo mexicano que defiende la manipulación digital no sólo en la fotografía artística, sino también -y aquí viene lo polémico- en la fotografía periodística. En las salas de redacción, este tema -que toca la esencia misma del fotoperiodismo: la credibilidad- ya ha cobrado algunas víctimas. Como se recuerda, el fotógrafo Brian Walski fue despedido del diario `Los Angeles Times' por haber manipulado la fotografía de la portada del día 31 de marzo del 2003. La imagen es dramática: un soldado británico apunta con su fusil a un grupo de civiles iraquíes en Basora, entre los que se encuentra uno especialmente aterrado y con un bebé en brazos. La imagen fue resultado de la manipulación digital de dos fotos tomadas en momentos diferentes (ver secuencia), por lo que se consideró una imagen inventada. El abogado del diablo preguntaría: ¿Y si en lugar de los retoques posteriores, el fotógrafo hubiera conseguido la misma foto montando la escena y haciendo posar al soldado? ¿Y si el fotógrafo, efectivamente, vio al soldado apuntando a los civiles y por equis razones no tomó la foto? ¿Es acaso lícito que luego decida, ayudado por el Photoshop, enmendar su omisión y contar la historia gráfica de la que realmente fue testigo? Son preguntas
que Pedro Meyer ya tiene resueltas. Para él la manipulación digital
de fotografías de prensa no es deshonesta. "Walski empleó sus habilidades
para obtener una mejor imagen que represente la realidad sin distorsionar la información
esencial", dice, "de la misma manera como la mayoría de fotógrafos
emplea otras formas de manipulación aceptadas por la fotografía
`tradicional', como el uso de lentes que distorsionan la realidad, filtros para
falsificar el color del cielo, o químicos para crear brillos que no existían".
Al cierre de esta edición el diario Daily Mirror destituyó a su director, Piers Morgan, y se disculpó con sus lectores por haber publicado, el 1 de mayo, una serie de fotos falsas que mostraban torturas de soldados británicos a prisioneros iraquíes. El montaje, hecho por personas ajenas al diario, se basó más en actores que en procedimientos digitales. Una de las tomas era la de un soldado orinando sobre un recluso. Se descubrieron, entre otros detalles, que el soldado portaba un fusil que no correspondía con los usados en Irak, y que la cabeza del prisionero estaba cubierta, no con una capucha reglamentaria, sino con un saco de papas. Cuidado. Fueron imágenes similares, pero reales, de vejaciones en la cárcel de Abu Ghraib, las que llevaron a un grupo de terroristas de Al Qaeda a tomar venganza y degollar al joven norteamericano Nick Berg. Difundir acto tan espeluznante es tema de otro debate que pone a la ética del periodismo al filo de la navaja. (G.A.T.)
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