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Edición Nº 1824 |
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Las
Ovejas de Ternero LA cancha no es ancha pero sí ajena. No llega ni al mínimo de la medida oficial (95 metros de largo por 68 de ancho) y en medio de los jugadores pastan las ovejas. No hay camerinos ni duchas ni nada. Los utileros aparecen en el estadio de San Jerónimo -distrito cusqueño por el que sigue la carretera que va a Arequipa, Puno y Juliaca- una media hora antes que los futbolistas, esparcen los chimpunes en el pasto y esperan. Uno a uno los pupilos de Ternero se van cambiando al aire libre y empiezan su entrenamiento. "Somos el único club provinciano que no tiene un campo propio -asegura Freddy Ternero-, sin embargo nos adaptamos y seguimos adelante". Por lo menos, han podido comprar algunas máquinas especiales de gimnasio y han adquirido tres equipos de rehabilitación médica. Ocurre que desde los primeros días de enero, por remodelaciones en el Garcilaso para la Copa América, el Cienciano se ha visto obligado de andar de un lado para el otro a fin de cumplir con sus horas de entrenamiento. O practican en el San Jerónimo o en una explanada de Sacsahuamán. También suelen ir a Urcos, para jugar partidos locales u donde según Ternero "el estadio es muy bueno". El problema es que queda a una hora del Cusco y el trajín resulta agotador. Para remate, la dosis de maca, uno de los secretos de sus triunfos, no existe más. Pero los muchachos no se amilanan con nada. Recios como piedras continúan en lo suyo: ganar. Además, están en decimoquinto lugar del ranking de los mejores clubes del mundo.
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