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Edición Nº 1824 |
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CRUZO un paso subterráneo ubicado bajo el bello Paseo de la Castellana que conduce a la elegante calle Goya y me encuentro de pronto en el Hilton de los Pobres, porque allí, en ese túnel peatonal, duermen, envueltos en sucias frazadas y refugiados en cajas de cartón que utilizan como habitaciones individuales, no menos de diez pordioseros desamparados, que han elegido ese lugar como vivienda, a falta de techo propio. No es algo usual, por cierto, pero aquí, en este país del bienestar social, también existe la pobreza, es más, la miseria. Felizmente (si es que se puede utilizar esa palabra) entre esos desamparados no hay ni un solo latinoamericano; la mayoría son personas de los países del Este que han trasladado su miseria a este país, gracias a Ceaucescu y otros canallas parecidos. Los sudamericanos, que también son pobres, y algunos probablemente en grado sumo, no duermen en la calle o en un pasaje subterráneo, porque la solidaridad de amigos, parientes o simplemente compatriotas suele darles cobijo. Leo con verdadera inquietud, en Internet, las últimas informaciones acerca del nuevo cargamontón en contra del gobierno legítimo de Toledo, que lleva a cabo gente tan poco representativa de la democracia como los señores Carlos Franco, conmilitón velasquista, y Agustín Haya, de un supuesto, además de dudoso, Foro Democrático, que carecen, ambos, de toda representatividad y que para hacerse visibles en alguna forma en la escena nacional se suben al carro de los que piden el cese del Presidente de la República, en un acto más de la habitual antropofagia política peruana. ¿Quiénes son estos dos señoritos que ni siquiera cuentan con las adecuadas credenciales democráticas para elevar la voz en contra del régimen legalmente constituido? ¿Creen que el Perú es una ONG de blanquitos con pretensión de políticos, un club de opositores? ¿Por quien pretenden sustituir al presidente, por Antauro Humala? ¿Por uno de ellos mismos, por casualidad? Me preocupa hondamente que se esté gestando la más grande estafa política de la historia peruana, el más gigantesco engaño al pueblo peruano. Porque parece estarse ofreciendo notables mejoras que serían producidas inmediatamente por quien reemplace a Toledo, lo que sin duda desembocará en el desencadenamiento de una frustración sin límites, de resultados impredecibles, que podrá provocar una hecatombe nacional incalculable. Para malestar de los republicanos -que hace años están esperando su hora- Madrid vive en estos días la más grande cumbre monárquica: La Boda, con mayúsculas. Todo gira hoy en día en la capital de España alrededor del matrimonio del Príncipe Felipe con la plebeya Letizia Ortiz Rocasolano. Eso parece estar muy bien, por más que La Boda tenga sus detractores y haya quienes dicen haber desistido de estar presentes en el acontecimiento para el que sin moderación alguna se ha preparado a la ciudad. Hay, por de pronto, algunos despropósitos abominables como la iluminación que se le ha dado a algunos edificios y monumentos emblemáticos; uno de ellos, el Correo o Palacio de las Comunicaciones, aparece en la noche iluminado de fresa y amarillo, exactamente igual a una gran torta ni siquiera nupcial, que suelen ser blancas, sino de cumpleaños: fresa con crema. En fin, bodas reales son bodas reales; estuve en Londres cuando se producía la de Carlos y Lady Di y la cosa era casi igual. Ojalá nomás que a Felipe y Letizia les vaya mejor. El 24 de mayo se inaugura en Barcelona la megaexposición titulada "Perú indígena y virreinal", organizada por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior de España (SEASEX), que reúne 287 piezas históricas de incalculable valor, seleccionadas exhaustivamente en numerosas ciudades y pueblos del Perú, incluyendo museos, colecciones privadas, conventos e iglesias. No es por nada, pero nuevamente la cultura peruana brilla en España
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