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ABC
de las AFP Cinco
razones para revisar el sistema privado de pensiones.
|
Escribe RICHARD
WEBB* EN el tema de las AFP, es necesario
regresar a los principios básicos. Primero,
¿cómo se justifica imponer al trabajador esta contribución?
El descuento mensual para la AFP es un dinero que la familia trabajadora no podrá
invertir en educación, en casa, en poner un negocio, o en cualquier emergencia.
Es una propiedad de la que no puede disponer la mayor parte de su vida. Según
la Constitución, la propiedad es inviolable, salvo por necesidad pública.
Segundo, supongamos que existe una necesidad pública
o colectiva para el país. ¿Pero cuál?
¿Se trata de aumentar el ahorro interno y así contribuir al desarrollo
del país? Esa intención se deduce de la ley, porque obligó
a que casi todos los fondos de las AFP se invirtieran en el país; apenas
10 % podían invertirse afuera. Sin embargo, muchos critican esa restricción
con el argumento de que la razón de ser de las AFP sería proteger
mejor a los ahorristas. O sea, una razón de ser individual y no pública.
Esta contradicción debe ser debatida: si prima la finalidad del bien privado,
desaparece el argumento de necesidad pública para que el Estado dicte al
trabajador cómo debe disponer de nada menos que el 11.5 por ciento de su
salario. | Tercero, aún si las
AFP producen un beneficio social, creando ahorro, también tienen un costo
social, creando informalidad. Toda deducción a la planilla termina gravando
al obrero y al empresario honesto, desalentando el empleo y agravando la creciente
división del país en dos partes, un mundo formal y otro al margen
de la autoridad. Cuarto, las AFP conforman una industria protegida,
creada precisamente por un gobierno que redujo la protección en otros sectores.
El Estado pone la mesa servida, llevando a los ahorristas de la nariz. Pero si
el Estado obliga al trabajador a comprar este servicio, debió asegurarle
un precio mínimo. Por el contrario, el Estado parece haberse inclinado
por un modelo particularmente oneroso. Las AFP cobran por
su trabajo una comisión. En el 2003, las AFP recibieron 161 millones de
dólares en comisiones y casi todo fue un pago innecesario desde el punto
de vista de los ahorristas. La prueba de que es innecesario
es que la mayor parte de los US$ 161 millones recibidos por concepto de comisiones
se destinó a fines que no reportan ningún beneficio al ahorrista:
US$ 31 millones fueron gastos de venta, $ 24 millones se pagaron como impuesto
a la renta de las AFP, y US$ 72 millones se quedaron como utilidad de las empresas.
En total, US$ 127 millones -80 por ciento de lo que los trabajadores pagaron en
comisiones- beneficiaron a las empresas AFP, al Estado y a los comisionistas,
relacionistas, publicistas y otros proveedores de esas empresas, incluyendo los
medios. Todos esos beneficios los paga el trabajador. Quinto,
no hay negocio más inseguro que el que depende de una protección
del Estado. Todo beneficio del Estado tiene un costo fiscal o político,
y por lo tanto, es un sujeto legítimo de cuestionamiento perenne. No debe
sorprender, entonces, que el tema de las AFP esté siempre presente en el
debate público. Que todos ahorren para tener una pensión
es un buen objetivo. Mejor aún si además se crea ahorro que se invierte
en el país. Pero el esquema actual es innecesariamente costoso, deja en
el olvido a la mayoría, sus beneficios sociales no son claros y además
tienen una contrapartida de costos sociales. Sugiero una reflexión que
parta del bien de la mayoría y del respeto pleno de la propiedad. ___________ *
Ex presidente del BCR. |
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