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Edición Nº 1826 |
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INFORME
DESCLASIFICADO ENTRE 1974 y 1976 hubo por lo menos dos ocasiones en que el dictador Augusto Pinochet y, en particular, el ejército chileno especularon seriamente con la posibilidad de lanzar una guerra de agresión "preventiva" contra el Perú. Esta revelación
aparece en el libro Chile-Perú: los años que vivimos en peligro
del internacionalista José Rodríguez Elizondo. La primera edición
se lanza esta semana en Santiago, editada por Qué Hacer - Mondadori. En 1999, el propio general Pinochet resumiría la situación como la veía en esos años: "Si Perú hubiera atacado entonces, habría llegado hasta Copiapó", anota Rodríguez Elizondo. Ergo, la riesgosa opción estudiada consistía en adelantarse. El temor de una invasión peruana formaba parte de una estructura ideologizada del régimen que acababa de derribar al gobierno izquierdista de Salvador Allende. Se basaba no sólo en el hecho de que nuestras fuerzas armadas estaban provistas de aviones, tanques y otro armamento soviético en cantidades que en esa época superaban lo que se tenía en Chile. Se sumaba la postura doctrinaria de la primera fase del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada presidido por Juan Velasco Alvarado y su cercanía a Cuba y al comunismo internacional -relación más aparente que real. La concentración de armas soviéticas en el Perú, por cierto, se originaba en parte en la aplicación de la llamada enmienda Hickenlooper de EE.UU., que vetaba el abastecimiento de armamento y apoyo económico a países que se encontraran en abierto conflicto con intereses estadounidenses, y se imponía al Perú por la expropiación de la IPC y otras empresas norteamericanas. Pero había un factor adicional. Rodríguez Elizondo alude al comentario de un analista chileno, Augusto Vargas, sobre el "paroxismo anticomunista y antisoviético de Pinochet, orientado a mantener al país en la condición de una fortaleza sitiada". También se refiere a un "aislamiento que pudo tener una motivación psicológico-táctica respecto a la población propia... Servía para mantener bajo control los nervios y evitar provocaciones que habrían incrementado las posibilidades de un estallido." Por otro lado, nuestras fuerzas armadas habían realizado en 1974 por primera vez maniobras militares conjuntas en el sur del país, con blindados llegando muy cerca de la frontera.
Ese día, según Rodríguez Elizondo, se sintió un respiro de alivio en los estamentos militares chilenos. Sin embargo, ciertas "fuentes abiertas norteamericanas siguieron alimentando las fobias de Pinochet, poniendo énfasis en los elementos soviéticos y cubanos (presuntamente) integrados en las Fuerzas Armadas del Perú." Señala Rodríguez Elizondo que la revista Aviation Week "había informado sobre una base militar peruana ultrasecreta, entre Arequipa y Tacna, a la cual sólo podían entrar técnicos soviéticos. El Defense and Foreign Affairs Daily alertaba, en 1976, sobre 3,500 soldados cubanos estacionados en Panamá a la espera de ser enviados secretamente al Perú." En los Estados Unidos gobernaba Gerald Ford, después de la caída de Richard Nixon, gracias a Watergate, y la condena política y periodística del régimen de Pinochet iba acompañada de una serie de restricciones y penalidades. Sin embargo, Pinochet consideraba que aún tenía amigos en Washington, no sólo porque pensaba haber salvado a Sudamérica del comunismo, sino porque aún quedaban allá varias de las figuras que apoyaron su golpe.
Dinges, que fue corresponsal en Latinoamérica, director de National Public Radio (la cadena radial pública de EE.UU.) y es profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, acaba de publicar The Condor Years: How Pinochet and his Allies Brought Terrorism to Three Continents.* Dinges proporcionó a CARETAS la versión facsimilar completa. El diálogo no es halagador para los contertulios, pero sí muy revelador. La reproducción en la página 74 indica que se realizó a las 12 del día en el despacho de Pinochet y que estuvieron presentes el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Patricio Carvajal, y el embajador en Washington, Manuel Trucco, además del Secretario estadounidense a cargo de Asuntos Hemisféricos, William Rodgers, y dos personas más. CARETAS entresaca lo más sustancial, reemplazando la identificación de `The Secretary' por Kissinger. Empieza con comentarios corteses: Kissinger: Este es un hermoso edificio. La conferencia está bien organizada. ¿Se está reuniendo con los otros delegados? Pinochet: Sí, dos o tres al día. Estamos agradecidos de que haya venido a la conferencia. Kissinger: Es un honor. Me emocionó la recepción que recibí. Tengo un fuerte sentimiento de amistad hacia Chile.
Kissinger: Debo decir que su portavoz,
Sergio Díaz, explicó en forma muy efectiva su posición esta
mañana en la Asamblea. En EE.UU., como usted sabe, tenemos simpatía
por lo que usted trata de hacer. Pinochet: Estamos volviendo a la institucionalidad paso a paso, pero somos atacados constantemente por los democratacristianos. Tienen una fuerte voz en Washington. No en el Pentágono, en el Congreso. Gabriel Valdez tiene acceso. También Letelier. Kissinger: Yo no he visto a un democratacristiano en años. (Después de esta conversación embarazosamente cómplice para Kissinger en materia de derechos humanos, se entra en otro tema.) Pinochet:
Nuestras relaciones internacionales van bien. Hemos extendido nuestra buena voluntad
a Bolivia. Ahora depende del Perú. Kissinger: Tengo la impresión de que el Perú no simpatiza con la idea, Pinochet: Tiene razón. Perú no está de acuerdo. Kissinger: El Perú me
dijo que quedaría privado de un puerto con ese arreglo. Pinochet: Perú se está armando. Perú está tratando de comprar un portaaviones británico por US$ 160 millones.** También está construyendo cuatro torpederas en Europa. Perú está quebrando el equilibrio de armas en el Pacífico Sur. Tiene 600 tanques de la Unión Soviética. Nosotros estamos haciendo lo que podemos para sostenernos en caso de una emergencia. Kissinger: ¿Qué están haciendo? Pinochet: Modificando armamento viejo, arreglando unidades descartadas. Somos un pueblo con energía. No tenemos indios. Kissinger: Tengo entendido que Chile generalmente gana sus guerras. Pinochet: Nunca hemos perdido una guerra.
Somos un pueblo orgulloso. Pinochet: ¿Cómo ve EE.UU. el problema entre Chile y Perú? Kissinger: No nos gustaría ver un conflicto. Mucho depende de quién lo empiece. Pinochet: La cuestión es cómo prevenir su inicio. Kissinger: El pueblo americano preguntaría quién se adelantó a quién. Pinochet: Pero ustedes saben lo que está sucediendo aquí. Lo ven con sus satélites. Kissinger: Bueno, le puedo asegurar que si toman Lima tendrán poco apoyo norteamericano. Pinochet: Lo hicimos una vez, hace 100 años. Sería diferente ahora, debido al presente equilibrio de fuerzas. Kissinger: Si Perú atacara, sería un asunto muy serio para un país equipado con armamento soviético. Nos opondríamos diplomáticamente con claridad. Pero todo depende, más allá de eso. En estos días no es fácil conseguir apoyo militar norteamericano. Pinochet: ¿Debemos pelear con nuestras propias armas? Kissinger: Distingo entre preferencias y posibilidades. Depende de cómo sucedan las cosas. Una agresión abierta generaría una mayor resistencia. Pinochet: Asuma lo peor, es decir, que Chile es el agresor. Perú se defiende y después nos ataca. ¿Qué sucede?
Kissinger: No es tan fácil. Nosotros sabríamos quién
es el agresor. Si ustedes no son los agresores, entonces tendrán apoyo.
Pero los conflictos no resuelven las disputas internacionales. Uno de los lados
puede simular un incidente, pero nosotros sabríamos quién es el
agresor. Pinochet: Estoy muy preocupado por la situación peruana. Las circunstancias podrían generar una agresión del Perú. ¿Por qué están comprando tanques? Tienen artillería pesada, calibre 155. El Perú se inclina más hacia Rusia que hacia EE.UU. Rusia apoya a su gente 100 %. Nosotros estamos con ustedes. Usted es el líder. Pero tienen un sistema punitivo hacia sus amigos. Kissinger: Hay mérito en lo que usted dice. Estos son tiempos curiosos en EE.UU. Carvajal: Hay una influencia cubana masiva en el Perú. Hay muchos cubanos allí. Podrían empujar a los peruanos. ¿Y qué pasará con los miles de soldados cubanos en Angola cuando ya no se les necesite allá? Kissinger: Si hay tropas cubanas comprometidas en un ataque peruano, entonces el problema es fácil. No permitiremos una fuerza militar de 5,000 cubanos en Perú. Carvajal: Tienen un sistema. Los cubanos entran en grupos de 20, pero los peruanos registran solo a uno. Kissinger: Los cubanos no son buenos soldados. Carvajal: Pero existe el peligro de un ataque irresponsable. Kissinger: Eso cambiaría la situación y la cuestión entonces es fácil. No le permitiremos a Cuba otra aventura militar. Una guerra entre Perú y Chile sería un asunto complejo, pero ante una entre Cuba, Chile y otros no seríamos indiferentes. Claro: (funcionario chileno ante la OEA): Sus planificadores estuvieron aquí en 1974. No nos creyeron que había una amenaza cubana. Desde entonces Angola ha confirmado esto. Kissinger: No toleraremos otra movida militar cubana. Después de las elecciones (en EE.UU.) habrá problemas de envergadura si no salen de Angola. La conversación va terminando con una recomendación de Kissinger: "A ustedes les ayudaría si mostraran cierto progreso en el área de derechos humanos", remarcando lo importante que resultaba que la Asamblea General se realizara en Chile. El diálogo deja muy mal parado a Kissinger en el tema de los derechos humanos, pero hay que reconocer sus advertencias al insistente Pinochet sobre las consecuencias adversas de un ataque al Perú. _________ *El libro de Dinges reúne una exhaustiva investigación sobre la `Operación Cóndor' que enlazó a fuerzas represivas latinoamericanas, sobre todo de Argentina, Brasil y Chile, para cazar y desaparecer subversivos y sospechosos. The New Press ha editado el libro en inglés y la versión en castellano aparecerá a fin de año por Ediciones B. ** Es cierto que en 1976 el Perú hacía gestiones para adquirir el portaaviones británico HMS `Bulwark' como plataforma para operar aviones de despegue vertical Harrier. La nave estaba en proceso de ser retirada de la Marina británica. Finalmente, el proyecto se abandonó al sumarse el costo de los aviones. Chile comenzó a soñar con un portaaviones ya en 1956, después de desactivar las catapultas del viejo acorazado Almirante La Torre. En 1966 se interesó por el HMS `Centaur' y en 1981 por el HMS `Hermes', completo con aeronaves V/STOL Harrier. La guerra de Las Malvinas truncó esa operación. Tanto Argentina como Brasil llegaron a operar portaaviones. El `Minas Gerais' se hizo famoso como `El bello Antonio'. Era impotente. No había alcanzado para comprar los aviones.
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