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10
de junio de 2004 |
Por
LORENA TUDELA LOVEDAY
Ay,
la Bruja era Política
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NO te vayas a creer que no me quedé
inquieta con la vidente Jennifer, el día que me soplé
el video donde le dice al Macaco Maricón hasta la fecha
en la que cae, hija, y como yo soy un poco obse, pucha, empecé
a llamar a toda la gente que conozco en La Paz para que me consigan
ya pero ya el número de la bruja. Eran las once de la noche
y recibí varias mandadas a la porra, pero al final, o sea,
María Julia Patiño Dorregaray González de
Lozada de Zegarra y Cabriñana, una amiga de Lausanne que
es boliviana y se le bambolean las coronas allá como a
mí por acá, me dio el fono y al día siguiente
yo ya estaba Tarjeta Andina en mano, entrando al aeropuerto de
El Alto con un soroche como para que me predigan un futuro de
nadadora en piscinas de mi propio vómito, no te puedes
imaginar.
Hija, con todo y soroche a la media hora yo ya
la tenía a la Jennifer en la sala de mi suite, con carta
tendida, mano abierta, borra de café, hoja de coca, vaso
de agua, puro habano, pendejo de loro y lo que necesitara para
leerme el porvenir. Me sudaba hasta la corva, no te puedes imaginar,
de los nervios. La Jennifer, que tiene su ventarrón a la
chola abogada que defiende a Montesinos y según dicen,
o sea, le embodega el salame también (qué vulgaridad,
¿no?), o sea, se arrancó hablándome de Pachi
y la Carrot, hija. "Van a tener un hijo". "Ah no, pensé,
ésta ni siquiera verifica sus datos, porque que yo sepa,
o sea, a la Fuego Fatuo ya se le retiró hace años
y en cuanto a Pachi, qué quieres que te diga, el etiqueta
azul le debe haber convertido la testosterona en lúpulo",
no sé si me entiendes, así que se lo hice saber
y la muy viva se corrigió: "No, en realidad no es su hijo,
pero es algo así como un sucesor, un varón del mismo
color de la dama ("¿cuál dama?", pensé para
mis adentros), rozagantito, unos ciento diez kilos de peso, la
cabeza como bola de billar y por eso siempre lleva un casco y
le encanta construir casas con lego". "Puta madre, Jennifer, me
he tomado el riesgo de volar en Lloyd Boliviano para me vengas
a anunciar que Carlos Bruce está de delfín de la
pareja incásica, ¿no tienes nada más interesante
que decirme?"
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Bueno, medio enfurruñada la vidente se cambió
a la borra del café, la tiró por el aire, me manchó
la blusa Sonia Rikyel de trescientos dólares y comenzó:
"Él es alto, patizambo, pichicorto y zanguangón. Ella es
menudita, le encantan las carteras Gucci, tiene cara de mosca muerta...
pensé que era la Leticia Ortiz pero no, se le parece pero no le
llega ni al peroné...Él no se roba la platería del
vecino porque no le cabe el cuerpo por la ventana, pero si no, que se
cuide el vecino... ¿qué importancia tienen esos dos en tu
vida?" Hija, a esas alturas yo y sabía demás que estaba
hablando del caca aguada del Alan García y señora, pero
en efecto, o sea, qué importancia puede tener esa gente en mi vida.
"Ay Jennifer, please, le dije ya en otro tonete, está bien que
tu posicionamiento sea la política pero chola, si me sigues sacando
a los personajes públicos de mi país, no me responsabilizo
por la combinación entre asco y soroche, después no te quejes
si sales de acá con el sastre salpicado con la comida del avión".
Pero nada, hija, la mujercita seguía describiéndome
a Lourdes Flores ("adelgazó y ahora parece una bolsa desinflada"),
a Humala ("carne blanca aunque sea de hombre, anímate"), a Chaparrón
("se pasea debajo de las mesas sin agacharse") y yo la verdad ya me estaba
hartando, hasta que a punto de reventar como un globo de gas de Camisea,
se la solté: "¡Carajo!, ¿me voy a casar con Diego
o no? Eso es todo lo que necesito saber y por mi parte, predícele
si quieres a Alfredo González que va a ser Miss Playa y que sea
feliz, pero no me sigas trayendo a los políticos porque corres
el riesgo de salir disparada por la ventana en la capital más alta
del mundo, ¿entendiste?". Pucha, qué bien le hizo la puteada,
hija. Agarró la hoja de coca, la tiró y me la soltó
sin anestesia: "No, él no es. Ponle el ojo a otro que tiene nombre
árabe, cara de cura de pueblo y en una época de su vida
se creía el Che Guevara y ahora vive en Chiclayo". ¡Tate!
Adivina adivinanza, ¿a quién va a tener la China pronto
en la panza? Chau, chau. (Rafo León).
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