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10 de junio de 2004
Por AUGUSTO ELMORE

EL general José Antonio Graham Ayllón, comandante general del Ejército, tomó no hace mucho la atinada decisión -que he demorado en comentar- de someter a los altos mandos a un régimen de adelgazamiento. Aunque el Ejército no es club de fitness propiamente dicho la verdad es que no es posible que un alto oficial, que se supone debe dar ejemplo a su oficialidad y a la tropa a su mando, luzca una barriga propia de un burgués sibarita, tal como la muy vergonzosa que llevaba encima el general "victorioso" que, aparte de su descomunal vientre, del que no pudo jamás desprenderse, engordó, como ahora todos sabemos, con la suma de 17 millones de dólares robados a la nación. El general Graham, y otros altos oficiales del que llamaremos Nuevo Ejército Peruano, incluyendo al ministro de Defensa, se distinguen por su aspecto austero, militar, que desde esta página aplaudo y felicito. No es que afirme que Sólo Los Flacos Salvarán al Perú -Dios nos libre, porque entonces sólo Yehude Simon daría la talla-, sino que no es posible esperar nada de un alto oficial de la fuerza armada al que le estallan los botones del uniforme. Que pase al retiro y engorde por su cuenta, si quiere.

¿Se ponen a pensar en cuán mal se vería la iconografía histórica con un Bolognesi obeso, un Cáceres guatón? Ni uno ni otro hubieran pasado a la gloria con barriga, sin duda. Ojo (para hacer mi propia autocrítica): el que suscribe no es una sílfide, que conste, pero yo no tengo tropas a las que dar el ejemplo.

¡Vuelve el Terror!, anuncia, con evidente júbilo y en gran titular de a página el diario del perverso y corrompido nipotránsfuga con motivo de la última emboscada de Sendero. Un titular como ese es absolutamente delator de las intenciones del periódico.

Los que fuimos y seguimos siendo antiimperialistas -que por los años 50 y 60 significaba estar en contra del único imperialismo que existía por esas épocas, el norteamericano-, hoy que se acaban de cumplir 50 años del desembarco en Normandía de las tropas aliadas, conformadas especialmente por norteamericanos, creemos que es necesario un alto en el camino y hacer lo que muchos analistas en estos momentos hacen: un reconocimiento público del gran aporte de los Estados Unidos a la restitución de la democracia, sí, la democracia, por lo menos en Europa. Hoy, en que la acción de malos elementos de su Ejército parece haber puesto en la picota a la invasión a Irak, no hay que perder del todo la perspectiva. Es necesario reconocer al César lo que es del César y decir que se debe a los yanquis la libertad de Europa del yugo nazi, así como la reconstrucción de la economía de sus países.

Es cierto que, también, además de los abusos terribles de la cárcel de Irak pesan en contra de los Estados Unidos la guerra de Vietnam, la invasión prepotente a Panamá, la absurda a Granada, y otros desatinos más de su Departamento de Estado, incluyendo la fracasada invasión de la Bahía de Cochinos, la contribución al derrocamiento de Allende, y demás abusos cometidos, hay que tener presente que el esfuerzo y decisión de Estados Unidos hicieron posible la derrota de Hitler en Europa, mérito que no hay de dejar de tener en cuenta a la hora de escribir la Historia. Esa fue una página extraordinaria a la que hoy rindo homenaje. En Normandía, con la sangre de sus soldados, los Estados Unidos lavaron por anticipado todos sus errores.

Hoy domingo en las claras orejas de mi perro, de mi perro peruano en el Perú (perdóname Vallejo), extraño mucho más. Solo en casa, mirando esta primavera ardiente que casi impide pensar, dejo latir mi corazón y, buenamente, me abstengo de buscar las primeras páginas de los diarios de mi país. Y por eso extraño más. El Perú está lejos, pero no tanto, gracias a Dios.

"La República" lo dice: La publicación "Perú: The Top 10,000 companies" revela -desvela, dirían aquí- el crecimiento empresarial del Perú: 57.51%, registrado por las principales empresas que operan en el país. Dice el mismo diario que Javier Zúñiga Quevedo, decano de la facultad de Economía de la Universidad de Lima, afirma que hay suficientes razones para este buen desempeño. Pero nada de eso induce a que los principales diarios, incluyendo aquel que hace la reseña, esto es La República, publiquen en primera página (así como La Razón clama que "¡Volvió el Terror!") esta noticia, que es todo un notición.

 

 

 


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