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Edición Nº 1828 |
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Portada |
¡Rayos
y Centollas!
EL Callao, terminal pesquero, 6 de la mañana: la niebla y el bullicio se desenvuelven e interactúan con normalidad. Las embarcaciones descargando sin cesar y los pescados surgiendo por doquier. Del horizonte emerge su homónimo: el Horizonte I, pequeña pero colorida embarcación que regresa a la costa luego de una semana en alta mar. La treja tripulación baja a tierra chasqueando anécdotas marineras, mientras la bodega rebosa de una singular carga: centollas o cangrejos gigantes. Hubo aquella vez en que quedaron varados durante 36 días en medio del océano, sin brújula, sin radio, alimentándose de pescado crudo y bebiendo suculentos cócteles de sangre de tortuga (oscilando entre lo recio, lo macho y lo macho-man), para finalizar en las cercanías de Panamá en total extravío y desconcierto. Pero ésta vez los tripulantes de Horizonte I retornan sanos y salvos, dentro de los plazos establecidos: una semana, 20 millas mar adentro y 240 trampas distribuidas en 6 líneas y lanzadas al fondo del océano. El resultado: 600 kilogramos de centolla para disfrutar. El rey de los cangrejos, comúnmente conocido internacionalmente como el Golden Crab o King Crab, es ya popular en Chile, que tiene 20 años en la pesca del producto, y de manera aún mayor en Alaska. Ahora, sus carnosas tenazas empiezan a emerger en el vasto horizonte culinario peruano, con un potencial digno de chuparse los dedos: un alto nivel en proteínas, bajo en calorías y con una pequeña cantidad de colesterol, o puesto en la buena mesa: centolla a la parmesana, a la parrilla con limón o barbacoa, o simplemente al natural, con su toque de mayonesa y limón. Christian Suarez es el gerente de la pionera empresa Peruvian King Crab. Hace un año se dedica a esta aventura contra viento, marea y neblina. Está satisfecho -dice- pese a reconocer las dificultades existentes: el necesario financiamiento bancario actualmente es nulo, aunque confía en el buen diente de nuestra clase banquera. Además, también se muestra preocupado por lo que sería el futuro de la centolla: la probabilidad que cuando se establezca en el mercado y ya no sean los únicos en extraerla, se empiece a, indiscriminadamente, depredarla. Con el horizonte I parece haber llegado a nuestras costas el reinado de la centolla, y sentada en su trono, espera, claro, su turno para pasar a nuestras ollas. (Thor Morante)
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