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Edición Nº 1828 |
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Portada |
Día
del Padre
A los 16 años Paulo Polanco ha tomado una decisión respecto a lo que hará una vez que termine el colegio. Quiere estudiar música. "Me parece perfecto -dice su padre, el pintor Enrique Polanco-, Paulo toca el bajo y ya está matriculado en una escuela de música contemporánea en la Argentina". Paulo es un muchacho tranquilo y fue criado con plena libertad. "Como me criaron a mí. Mi padre, por ejemplo, nunca se opuso a que yo me dedicara a la pintura. Más bien, me dio todas las facilidades y apoyo. Y si bien siempre me he preocupado por los progresos de Paulo en el colegio, no le he prohibido nada. Ni que viera televisión cuando quisiera ni que comiera esto sí y lo otro no". Diego aún es muy pequeño para pensar en su futuro. Su papá, el dermatólogo Enrique Malpartida lo sabe perfectamente y solo desea que cualquier cosa a la que su hijo se dedique más adelante, esté bien hecha. Mientras tanto se ocupe de él todo el tiempo que puede. Hasta ha cambiado los horarios de atención en su consultorio para, todos los días, recogerlo del colegio y almorzar con él. "Estoy seguro que las horas que no le dé, pudiendo hacerlo y que además contribuyen a su educación, no las podré recuperar jamás", dice el doctor. "Mi hijo me saca el jugo -añade- pero de buena manera y eso me satisface mucho. Disfruto de él a cada instante y me fascina ser testigo de sus descubrimientos y de sus percepciones. A veces lo llevo a mi consultorio y noto cómo él también se interesa por todo lo que hago". Es por eso que cada vez que van al cine juntos, Diego no tiene ningún reparo en decirle a su padre: "Ese actor necesita una inyección de botox en la frente, ¿no te parece? O, ¿no te provoca sacarle el lunar a esa actriz?" "Creo que lo mejor que puedo hacer por Diego en estos años en que se va formando y creciendo es estar junto a él", finaliza el doctor. "Nunca nadie se ha reído con tanta felicidad al verme como mi hijo", afirma por su parte el escritor Iván Thays. Andreas apenas tiene un año; sin embargo, uno de sus juegos favoritos es formar una pila de libros para luego alcanzárselos, uno por uno, a su padre. "Quisiera que mi hijo descubra el mundo a través de los libros; quisiera que no existan literaturas nacionales y que con la misma pasión lea lo peruano pero también algo sobre el siglo de oro turco". Y añade: "No quisiera que sea escritor de profesión, pero sí que tenga un lenguaje para comunicarse aparte del coloquial: la música, la literatura o la pintura, por ejemplo". "Hay una diferencia entre el padre y la madre que me gustaría resaltar", continúa Iván. Según él, la madre sabe que el niño está con ella desde un inicio. El padre tiene que enamorarse de él porque "es como un asteroide que de pronto cae sobre la cama". Esta vez es el hijo el que habla. Cristóbal ya tiene 32 años y gracias a su padre, el músico Manongo Mujica, "un superpapá", es hoy un músico con bastante éxito. Baterista de varios grupos de rock y jazz peruanos, trabaja actualmente en dos proyectos: "Muma", con los hermanos Marambio y la "Secta del fénix", fusión de rock y jazz. "Siempre vivimos alrededor de los experimentos musicales de mi padre", asegura.
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