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Edición Nº 1828 |
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Portada |
Así
es el Rating EN la TV local, como en el Señor de los Anillos, acaba de imponerse el bien sobre el mal. El ejército de personajes bonachones de la teleserie `Así es la vida', comandados por Efraín Aguilar, ha superado en la batalla del rating al bando de urracos que se solazan con la carroña del espectáculo a la orden ¡Ataquen! de Magaly Medina. La semana pasada fue ilustrativa: Mientras en `Magaly Tevé va una imagen lluviosa y sombría del ídolo del fútbol Roberto `Chorrillano' Palacios orinando en la rueda trasera de un carro; en la soleada residencial de `Así es la vida', de América Televisión, aparecía un futbolista de ficción, Francisco `Rambito' García (David Almandoz), haciendo de gracioso y responsable padre soltero al cuidado de una hija en edad escolar. Fueron dos maneras diametralmente opuestas de mostrar a un futbolista. "La diferencia es simple: nosotros vendemos valores y no antivalores", dice Gigio Aranda, guionista de `Así es la vida'. Es este el motivo por el cual, según él, en las últimas semanas la cándida y optimista `Así es la vida' le ha ganado en el rating a los chismes, cizañas y ampays cucufatos de `Magaly Tevé'. ¿Cómo se hizo? No todo fue color de rosa. `Así es la vida', que se estrenó el 22 de marzo del 2004 como una telenovela, alcanzó rápidamente los 20 puntos de rating. Esto quizá debido a la expectativa inicial generada por su elenco, conformado por los actores del exitoso `1000 Oficios' de Panamericana Televisión, que duró cuatro años en el aire. Pero pronto la teleaudiencia empezó a decaer, estancándose en los 13 puntos. "Casi nos suicidamos", dice Aranda. "Hasta Superstar, de Panamericana Televisión, estuvo a un paso de ganarnos". ¿Qué había pasado? Los productores buscaron la respuesta en la misma competencia. "¿Por qué la gente está dejando de vernos para ver Superstar?", se preguntaron. La conclusión fue cruel pero acertada: "Porque se ríe con los inesperados gallos de unos cantantes desaliñados y sin miedo al ridículo". Esa era la clave: la gente quería reirse y el recientemente cancelado `1000 oficios', con cuatro años de permanencia en el aire, había establecido que las ocho de la noche era el momento indicado. Y así fue. Se dio una vuelta de tuerca a la inicial novela rosa -dando protagonismo a personajes secundarios, como Gustavo Bueno y Olga Zumarán y volviendo a apelar al humor y los gags de César Ritter, Michael Finseth y Lucho Cáceres- y ¡zas!, apareció, una vez más, la teleserie que el público extrañaba. Un `1000 oficios' recargado, donde la clave es aprender a convivir con los vecinos en un barrio donde las historias se entrecruzan inevitablemente. En el antiguo barrio de San Efraín, de Canal 5, estaba, como ancla del guión, la historia de Renato Reyes (Adolfo Chuiman), un desempleado de 50 años que se tenía que recursear como sea para sobrevivir. Ahora, en la residencial Aguilar, de Canal 4, la piedra angular es una familia de clase media (Gustavo Bueno y Olga Zumarán, los padres; César Ritter y Constanza Chaparro, los hijos), los Sánchez, a partir de la cual nace una serie de historias. Pero por el momento, la más comentada en la residencial es la derrota del chisme y de la invasión de la privacidad.
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