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| ARTICULO |
17
de junio de 2004 |
Ronald
Reagan: 1911-2004
Balance Crítico
Líder republicano inició oleada conservadora en su
país y en el mundo.
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Reagan
impuso una retórica imperial que parece inspirar a George
Bush Jr.
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DURANTE toda una semana los funerales del presidente
republicano Ronald Reagan dieron ocasión a diversos sectores del
pueblo norteamericano de rendir homenaje a un presidente cuyo gobierno
les dio una sensación de fortaleza invencible. Durante su mandato,
entre enero de 1981 y enero de 1989, se registró el desmoronamiento
del comunismo internacional y el fin de la Guerra Fría, con la
demolición del muro de Berlín y la crisis terminal de la
Unión Soviética, la única potencia rival en el orbe.
A través del extenso ceremonial, al que atendieron
decenas de jefes de Estado -desde el ex presidente soviético convertido
en amigo, Mijail Gorbachov, hasta David Williams, el actual gobernador
general de Grenada, el diminuto país caribeño al que Reagan
ordenó invadir en 1983 después de un golpe pro fidelista-
y en el que no pudo faltar Margaret Thatcher, la aliada más cercana
en la constelación conservadora, multitudes de devotos norteamericanos
explicaron al mundo por qué el actor de películas B convertido
en político afable ganó la gobernación de California
y después la Casa Blanca en reiteradas ocasiones.
Sin embargo, el protagonista de la llamada Revolución
Reagan y de la Doctrina Reagan contra el Imperio del Mal fue, más
allá de su sonrisa y un cierto encanto hollywoodense, un mandatario
de derechas que acentuó las diferencias entre ricos y pobres en
su país, y en el curso de su administración se registró
una regresión mayoritaria en los países del Tercer Mundo
y un desastre económico en Latinoamérica. La de los 80's
se llama en esta región "la década perdida". (Ver recuadro)
UNA REVOLUCIÓN CONSERVADORA
La Revolución de Reagan recortó el sistema
de asistencia social para los más necesitados en los propios Estados
Unidos, en un proceso iniciado para desarmar el `New Deal' (el nuevo trato
social) lanzado por Franklin D. Roosevelt frente a los efectos del `crash'
de 1929 ya en la década de los 30's.
Reagan también redujo los impuestos a los ricos
y aumentó los gastos militares en 35 %, y su segundo gobierno terminó
con un déficit fiscal récord y un desempleo sustancial.
Estas carencias, que fueron revertidas con singular éxito
por el demócrata Bill Clinton entre 1993 y el 2001, se han vuelto
a hacer presentes con creces con George W. Bush, otro republicano conservador
de segunda generación y un mejor discípulo de Reagan que
su propio padre.
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Tras
una semana de funerales, restos de ex Presidente fueron
enterrados en California. Der.:
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Reagan dividió a los Estados Unidos hasta el
punto que, cuando quiso instalar su biblioteca y museo presidencial
en la Universidad de Stanford, las protestas lo empujaron a construirla
en otro lugar, Simi Valley.
Las deficiencias sociales en una serie de áreas
siguen indignando a sectores progresistas. El SIDA, por ejemplo,
fue identificado por primera vez por el Centro del Control de Enfermedades
en 1981, pero la Casa Blanca no apoyó financieramente a las
autoridades de salud ante la posible epidemia de un mal incurable,
y el propio Reagan recién aludió al SIDA en 1987.
En 1982, la administración Reagan insistió
en que podía otorgar excepciones tributarias a escuelas que
practicaban la discriminación racial, concepto que fue rechazado
por la Corte Suprema. Electoralmente y en promedio, Reagan tuvo
el apoyo de solo el 11 % del voto negro.
En el campo internacional la promoción de
la democracia y los derechos humanos no fueron las principales prioridades
de Reagan, como con su antecesor Jimmy Carter, sino la lucha contra
el comunismo y cualquier pariente rosado.
Retrasando los aportes a las Naciones Unidas, la
administración Reagan financió subrepticiamente, contra
la voluntad del Congreso en Washington, la rebelión de los
`contras' en un intento de derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua.
Para financiar esta operación encubierta,
vendió también ilegalmente misiles a Irán mientras
que proporcionaba armas químicas, de destrucción masiva,
a Iraq, en una contienda entre musulmanes que generó unos
2 millones de bajas.
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JUGANDO CON FUEGO
Simultáneamente, dada la invasión soviética
a Afganistán en 1979, la CIA montó durante los años
80's un apoyo a la resistencia de las varias facciones de mujadines que
llegó a superar los 1,000 millones de dólares anuales.
En este proceso se consiguió la colaboración
de Arabia Saudita, Egipto y otros países árabes, y hasta
algunas armas proporcionadas por Israel con disfraz soviético.
Paquistán fue la base de estas operaciones de abastecimiento, ya
que allí habían llegado 2 millones de refugiados afganos.
El servicio de inteligencia de Pakistán, ISI, participó
activamente en los contactos, apoyo y distribución de armas a las
decenas de facciones y etnias afganas, favoreciendo a menudo a los pashtun
del Talibán por ser éste el grupo mayor.
Cuando finalmente, en 1989, las tropas soviéticas
se retiraron derrotadas dejando 28,000 muertos, lo que quedó fue
una región fraccionada que se sumergió en una feroz guerra
civil.
Y es allí, en el Afganistán de los señores
tribales y el tráfico de heroína generalizado, donde se
enquistó y encontró su base el al Qaeda de Osama bin Laden.
El ataque terrorista catastrófico del 11 de setiembre
del 2001 contra Nueva York y Washington no fue el primer atentado mayor
cometido por el integrismo musulmán de al Qaeda contra Estados
Unidos y sus ciudadanos -lo habían precedido ataques contra varias
embajadas, barcos, aviones, etc.-, pero sí marcó el inicio
oficial de una nueva era.
La guerra fría había terminado, pero en este
mundo fraccionado por abismales diferencias económicas, los atavismos
culturales y religiosos resultaban fomentados a menudo por la falta de
educación y de libertad política, y se sumaban a la proliferación
de armas individuales potentes en manos de terroristas globalizados, creando
peligros que las simplificaciones conservadoras de Ronald Reagan estimularon
en lugar de conjurar.
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La Década Perdida
América Latina y el Perú no la pasaron bien
durante los años de Reagan
LA llegada de Reagan a la Casa Blanca cambió la
suerte de varios países de América Latina y no necesariamente
para mejor. Las iniciativas de derechos humanos de su predecesor
Jimmy Carter fueron dejadas de lado por una política de apoyo
a las "autocracias amigas" que habían perdido el favor de
los Estados Unidos bajo el mandatario demócrata. Donde se
sentiría el cambio con mayor fuerza fue en Centroamérica
y el Caribe, área declarada de "interés vital" para
la seguridad del coloso norteamericano. La Nicaragua post-Somoza
que mantenía un régimen todavía mixto bajo
Carter, decidido a impedir una radicalización a la cubana,
fue convertida en un enemigo crucial de Washington.
Se impuso una nueva era del garrote que inició una espiral
de violencia en la región, y convirtió a los países
vecinos en casi bases militares norteamericanas. A la vuelta de
los dos períodos de Reagan, las secuelas de la guerra habían
marcado considerablemente a las sociedades centroamericanas, mientras
que las liberalizaciones aceleradas de sus economías no habían
traído los beneficios previstos.
En Sudamérica, las dictaduras fueron tratadas con guantes
de seda sin las sanciones de Carter, y dejando de lado la retórica
sobre la defensa hemisférica. Pinochet, por ejemplo, recobró
aire para quedarse en el poder hasta 1989 y fue alabado por su política
económica. En 1982, con ocasión del conflicto de las
Malvinas, iniciado por la dictadura militar argentina, Reagan olvidó
el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR)
para respaldar a Inglaterra.
EL PERÚ Y REAGAN
En el caso peruano no hubo muchas palmas para la gestión
del fallecido ex Presidente. El segundo gobierno del arquitecto
Belaunde tuvo importantes diferencias en términos comerciales
por los impuestos que se aplicaron a los textiles peruanos que buscaban
ingresar a territorio de EE.UU., y por los convenios aéreos
con Eastern, que culminaron en la suspensión de vuelos entre
ambos países. En el ámbito de la seguridad las discrepancias
fueron mayores. El gobierno acciopopulista nunca respaldó
a Reagan en la militarización del conflicto en América
Central y el Caribe y secundó, más bien, las posiciones
del Grupo de Contadora que se oponía a ella. La escasa simpatía
del gobierno peruano por los halcones de Washington se convirtió
en abierta condena cuando el Perú rechazó tajantemente
la invasión de Grenada en 1983.
La llegada de Alan García al poder puso al Perú
en la antípoda del gobierno de Reagan. Una de las primeras
medidas de García fue romper relaciones diplomáticas
con Sudáfrica, entonces un paria internacional sostenido
por la Casa Blanca. Más adelante, defendió abiertamente
al gobierno sandinista, rechazando a los contras, financiados por
Estados Unidos, y a cualquier intentona armada del ex actor. Como
habría de esperarse, Reagan criticó fuertemente la
limitación unilateral del pago de la deuda externa peruana
y utilizó la posterior crisis del gobierno aprista como un
contraejemplo de las recetas económicas que proponía.
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