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Edición Nº 1828 |
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Portada
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Por
LORENA TUDELA LOVEDAY Descifrando a Jessikah's Jesseniah's
Qué quieres que te diga, chola, ante tanta emergencia del New Peru no me quedó sino recurrir a la interculturalidad para entender quién me había llamado y luego de tres horas de darle vueltas y vueltas al jeroglífico, pucha, caí en la cuenta que Yahoo no podía ser otro que Yehude, que no saaaaabes, hija, lo que fue, no sabes. Me fui la semana pasada a Lambayeque (nunca se dice Chiclayo, todos los cholos tienen una madrina en Chiclayo, en cambio Lambayeque suena a National Geographic) llevando a mi prima María Fe Tudela, que vive en España desde que Franco tomó el poder y no ha regresado al Perú porque sigue esperando que el Caudillo vuelva, y estuvimos una mañana visitando Tumbas Reales, qué maravilla, qué joyas, qué pectorales, qué spondylus, yo todo lo mironeaba con ojo esteta y me imaginaba a mí misma con una de esas orejeras en forma de araña colgada de mi cadena Cabuchon y te lo juro que a la Carrot y su bisutería de Hiraoka quedaba como un actor secundario del Inti Raymi, cómo te explico. Pero en la nochecita, surprise Yahoo, lo invité a comer (me tuve que zampar de noche un arroz con pato al culantro y creo que el pato estaba vivo porque hasta ahora me camina) y después, o sea, así como haciéndome la estrecha, pucha, le dije para dar una vuelta y qué crees... ¡me llevó al Parque de Las Musas! Hija, cuando me di cuenta que Yahoo me agarraba el codo mientras caminábamos como el Coronel Cholalisa y la Duquesa Sonrisa entre una Terpsícore que baila tondero de Chongoyape, una Talía con máscara del Señor de Sipán y una parejita de novios que se hacían video delante de una Melpómene que canta échale caliche al chancho, qué quieres que te diga, me dio soroche a cero metros sobre el nivel del mar, qué experiencia. Pero hija, la experiencia real vino después, en un cuarto de hotel color lila con edredón naranja, televisor con sexo interracial y un Yahoo, hija, que mejor debería llamarse mister Hyde porque con toda esa cara de lámina de parroquia de pueblo joven que usa para la afición, se convierte en un tigre de catre, hija, un otorongo de king size, y eso que no permití que me pusiera un liguero negro de cuero con púas plateadas, ya suficiente fue cuando me di cuenta que me estaba latigueando a mí misma, hija, debajo de un espejo que nunca supe de dónde salió, y gritando como si a la Doris Sánchez le hubieran afectado la cédula viva, lo que una a veces tiene que hacer para no estar sola. ¿Y Trago? Pucha, recién al día siguiente caí en la cuenta de que Trago era mi queridíííííísimo Drago, hija, que debe estar atroz con el partido que ha formado, que se llama GCU ni más ni menos. Es que me han contado que Lourdes de la impresión ha vuelto a la bulimia, hija, y se clava de desayuno tres donuts rellenos con chocolate, a media mañana una bomba frita, al almuerzo la dieta, por la tarde cuatro Sublimes, de noche no come nada y a las once en punto arrasa con los cuá cuás de la lonchera de la hija de la muchacha, ¿tú te puedes imaginar la sed de venganza que tendrá contra el pobre Drago? Ya te cuento, chau chau. (Rafo León).
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