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ARTICULO

24 de junio de 2004
Paginas 50 y 51 de la edición impresa.


Londres, 17 de junio de 2004, 11:00 a.m. El famoso Tower Bridge le da la bienvenida al English Rose VI. Derecha, Igor Asheshov, explorador peruano integrante del equipo de John Ridgway.

A Londres Por la Puerta Grande
Expedición inglesa dio la vuelta al mundo siguiendo la ruta del albatros para denunciar su irresponsable exterminio. Un peruano fue con ellos, y el Tower Bridge se abrió para recibirlos.

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El equipo que partió en defensa de albatros celebra después de 327 días de ardua travesía. Segundo de la izquierda, John Ridgway.

 

EL mar, líquida república de la libertad, tiene un solitario centinela en sus alturas: el albatros. Cortando el viento marino con una majestuosa envergadura que a la vez constituye preciso instrumento de navegación, esta ave nómada discurre sin hoja de ruta ni puerto de arribo, ejerciendo su naturaleza voladora sin otro destino específico que el ejecutar una sinfonía en movimiento. Planeando interminablemente en constantes espirales en las que aprovecha las corrientes de aire, se han llegado a calcular vuelos de hasta 6,400 kilómetros en 4 semanas. Duermen flotando en el mar, que además los alimenta y calma su sed. Sobre el suelo son torpes. Solo se establecen en tierra firme en su época de reproducción.Luego, continúan su vuelo sin fin.

El peor enemigo de esta hermosa metáfora voladora, una vez más, es el ser humano. John Ridgway, osado aventurero y viejo hombre de mar de 66 años, ha vivido su vida con la misma libertad de un albatros. Ex capitán de la legendaria SAS inglesa, alguna vez cruzó el Atlántico a punta de remos. "Por seis décadas, los albatros me acompañaron en mis travesías en los mares del sur", cuenta Ridgway. Sentía que tenía una deuda pendiente con su compañero de viajes, y así Ridgway partió de Londres en junio del 2003 a bordo de su velero, el English Rose VI. Con él se embarcaban su esposa Marie Christine y un grupo de voluntarios que incluía al peruano Igor Asheshov, hijo del también aventurero y vital explorador Nicholas Asheshov. Su misión era dar la vuelta al mundo salvando a esta formidable ave.

LA AMENAZA PESQUERA

Cada año la actividad pesquera irresponsable ocasiona la muerte de 300,000 aves marinas en todo el mundo. La causa de este exterminio es el difundido empleo de gigantescos "palangres" para realizar las capturas de peces. Estos palangres son extensas líneas de las que penden cientos de anzuelos sostenidos a flote mediante boyas lo suficientemente cerca de la superficie como para atrapar no sólo a peces sino también a tiburones, tortugas y aves. 100,000 de ellas son albatros.

Las alas de este ave compañera de la vida marina miden tres metros cuando se despliegan por completo. De las 21 especies que se conocen, 18 habitan en los mares del sur; todas se encuentran en riesgo de extinción. Baste como ejemplo mencionar que el albatros de Ámsterdam es la especie en mayor peligro pues sólo quedan unos 90 ejemplares en el mundo.

 
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Cada año 100,000 albatros pierden la vida atrapados en los anzuelos para peces.

EL VIAJE

El itinerario podía ser intimidante, inclusive para un albatros: 327 días que los llevarían desde Londres a Ciudad del Cabo (Sudáfrica), pasando luego por Melbourne (Australia), Wellington (Nueva Zelanda), Puerto Stanley (Islas Malvinas / Falklands) y de vuelta a Londres.

Día a día el equipo logró identificar las zonas críticas donde se extienden los mortíferos palangres, cuya mira está puesta en los peces más finos destinados a la preparación de sushi en los exquisitos mercados de Estados Unidos y el Japón. Es un negocio de alto calibre. La Sociedad Real para la Protección de Aves (RSPB en inglés), reporta casos de atunes que se cotizan a cien mil dólares en el mercado japonés común. Euan Dunn, experto en política marina de la RSPB presentará la semana entrante en Roma, junto a miembros del equipo de Ridgway, un petitorio firmado por más de 100,000 personas exigiendo medidas urgentes ante la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

PERUANO A BORDO

Si John Ridgway es considerado como uno de los aventureros mas tenaces de estos tiempos, el peruano Igor Asheshov lleva en la sangre similar octanaje. Tiempo atrás, en 1986, John le pidió a Igor, entonces de 23 años, que le acompañase a penetrar en las lejanías de Vilcabamba para rescatar a una india huérfana que agonizaba en medio de la selva dominada por Sendero. Igor y su padre, Nick, rescataron a la chiquilla, quien ahora es Elizabeth Ridgway y también tiene 23 años.

La mañana del 17 de junio, de vuelta en Londres luego de circunnavegar el mundo, John e Igor se encontraron con niños otra vez. Eran los niños londinenses comisionados a operar los controles del célebre puente inglés del Tower Bridge, que se levantó para recibir al English Rose VI con los brazos abiertos. "Ha sido un viaje muy duro para mí", decía Ridgway, sin saberse más seguro en tierra o en el mar. "Si fuese a morir en los próximos cinco años, sería a causa de este viaje".

La llegada traía la satisfacción de la misión cumplida y la angustia del desafío pendiente: la pesca pirata duplicó sus cifras en los últimos diez años, gracias a una sagaz estrategia criminal que incluye el uso de banderas falsas de países como Bolivia y Togo, los cuales no han firmado ningún acuerdo marítimo relevante, además de empresas de fachada que ocultan la verdadera identidad de los beneficiarios. Resulta que al final los albatros, tímidos y esquivos no son dueños de su suerte, lo somos nosotros. Se dice entre marineros que matar un albatros trae consigo una maldición irreversible. Lo contrario, además de las bendiciones personales, supone un hermoso acto de justicia con una ave que le da sentido a la palabra libertad. (S. M.)

 


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