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ARTICULO

24 de junio de 2004
Paginas 38 y 39 de la edición impresa.


El Inti Raymi significa la culminación de una peregrinación de todas las etnias del Imperio para rendirle culto al Inca. Der.: En 1930 Crisanto Cabrera inmortalizó a esta pareja en las ruinas, aún solemne lugar. Abajo, en 1944 arrancó la tradición inventada.

El Precio del Inti Raymi
La escenificación cumple 60 años. Sus más de 70 mil asistentes dejan un litro de orina per cápita. ¿Perdemos las ruinas o reubicamos la fiesta?

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Consultado Arguedas sobre quiénes debían participar en la escenificación, dijo, "soldados". No pensó que el Inti Raymi convocaría tanta gente.

 

PONER en movimiento a 450 personas para que se materialice una las "tradiciones inventadas" (llamadas así por algunos estudiosos) más importantes que se realizan en el país, no es una broma. "Cuesta muchísima voluntad", afirma Jimmy Salcedo, gerente general de la Empresa Municipal de Festejos, Actividades Turísticas y Recreacionales del Cusco. Y dinero, claro.

Según Salcedo, la escenificación del Inti Raymi cuenta con el auspicio de Promperú, la Cervecería del Cusco y pequeñas empresas privadas. "También con el aporte de nuestras utilidades -sigue Salcedo-, que afortunadamente en el año 2003 y por primera vez en mucho tiempo han sido de 154 mil soles". La empresa municipal organiza 12 eventos al año y el 70 % de todos sus ingresos los dedica al Inti Raymi. Se venden 3,500 entradas -a 70 dólares en la zona VIP y a 50 y 55 dólares en la zona preferencial. Cinco dólares más para aquellos que se quieren sentar de espaldas al sol. Ahora bien, entre 70 mil y 80 mil personas ven el espectáculo gratis. Son los que se apoderan de los cerros, detrás de los enormes muros líticos; "no en las construcciones" pues éstas, de acuerdo a Salcedo están resguardadas por dos centenares de policías a caballo y a pie. "Todos estamos conscientes de que hay que proteger nuestro patrimonio, y trabajamos en coordinación con la Municipalidad y el INC para ello", puntualiza.

Y es que el problema es justamente ése, ¿cómo afecta a Sacsayhuamán un espectáculo que alberga en su recinto a cerca de 100 mil almas?

"Cuando Humberto Vidal Unda -dice por su parte Luis Nieto Degregori, reconocido escritor y sociólogo cusqueño- promovió la escenificación del Inti Raymi (1944), en la explanada de Sacsayhuamán, soñaba con matar dos pájaros de un tiro: por un lado, quería que los cusqueños exaltaran la incanidad de su ciudad y, por el otro, pensaba que ese espectáculo podría convertirse en un atractivo similar al Carnaval de Venecia o a otros eventos de la época". Continúa: "El primer objetivo fue alcanzado largamente. Al cabo de pocos años, el Inti Raymi se convirtió en una de las fechas centrales del calendario festivo cusqueño y es una clara muestra del alto grado de identificación de la población con el pasado incaico. El segundo objetivo, en cambio, quedó en eso, en un sueño, pues el turismo en Cusco solo despegó en los años setenta, cuando se empezó a implementar el Plan COPESCO, que trajo ingentes inversiones para la promoción de la actividad turística". Para Nieto, el Cusco sin el Inti Raymi seguiría siendo de hecho un atractivo turístico importante. Sin Sacsayhuamán y sin Machu Picchu, en cambio, perdería, si no todo, gran parte de su atractivo.

Ocurre que lo que queda en Sacsayhuamán el 25 de junio, y estas son palabras de Luis Nieto: "pasada la borrachera incanista de la ciudad", es deplorable. Dice él: "Las decenas de miles de cusqueños que suben ese día al sitio arqueológico, lo dejan convertido en un gigantesco basural y letrina. Eso es lo que nos hace pensar en la necesidad de que el Inti Raymi cambie de lugar, puede ser en otro marco natural pero que no tenga el valor inapreciable de Sacsayhuamán, o aunque sea en el estadio. Seguramente muchos turistas perderán interés en el espectáculo pero es poco probable que las estadísticas de visitantes a la ciudad imperial se resientan. Los cusqueños, en todo caso, podremos seguir palpitando de emoción con la fiesta incaica pero sin destruir nuestro patrimonio".

El arqueólogo Wilbert San Román, sub director de Investigación del INC del Cusco y ex Jefe del Parque Arqueológico de Sacsayhuamán tiene la misma opinión. "Sacsayhuamán -sostiene- fue en realidad un templo, como bien lo ha señalado Pedro Cieza de León en sus crónicas. Los Incas construyeron primero el Koricancha y, como éste resultó muy pequeño, trasladaron sus ritos a la fortaleza, que se llama fortaleza solo desde el día en que desde ahí Manco Segundo resistió a los españoles. Por lo tanto nunca tuvo el sentido de un lugar para que se llevara a cabo una festividad". Según el doctor San Román la permanencia en Sacsayhuamán de tal cantidad de gente por el lapso de 4 o 5 horas que dura el Inti Raymi, es nefasta. Dejan ahí en promedio un litro de orina y un kilo y medio de restos de alimentos sólidos y líquidos por persona. "Las rocas calizas son muy débiles y poco resistentes a la úrea y a cualquier ácido -asegura-, y si bien el INC destaca para esa fiesta a todo el personal de seguridad y vigilancia que tiene en el Cusco, el deterioro continúa. Pese, además, a las campañas para que las personas no se ubiquen en las tres murallas sino en la suchuna o rodadero, hay que saber sin embargo que en la suchuna hay asimismo restos arqueológicos". El doctor San Román considera que el Inti Raymi debería realizarse, por ejemplo, en el Estadio Garcilaso.

Las agencias de turismo pondrán el grito en el cielo pero más vale, Luis Nieto ya lo ha dicho con tremenda lucidez, reubicar el espectáculo que perder Sacsayhuamán. (Teresina Muñoz-Nájar)

 


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