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Edición Nº 1829 |
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Portada |
Apariencias
Pareja posee un alud de información que le permite ir variando cada muestra, intentando un lenguaje distinto con una característica común: el notable oficio de pintor. El presenta cuadros memorables que revelan una intención de trabajar por capas, formando distintos niveles de superficie para que la mirada se sumerja en ellas, tal como lo hicieran los cubistas al colocar sobre el plano pictórico una letra, un signo o un simple pedazo de papel. Pareja sabe de pintura y pinta bien. Su actual exposición tiene una carga lírica -y una ruptura- menor que la anterior, en la cual pintaba un explosivo envoltorio que aparentaba nostalgia, provocando el rechazo entre quienes mantienen un esquema definitivo en torno a la contemporaneidad. Se le tildó de Kitsch. El problema es que no conozco manifestación posmoderna alguna a la que no se pudiera calificar de este modo, algo que en estos tiempos dejó de ser peyorativo. Un ejemplo pudiera ser la superlativa "A imagen y semejanza" en el AECI, la cual a pesar de su carácter monumental pudiera catalogarse de igual manera, dependiendo de cómo y quién la vea. No olvidemos que las categorías de Kitsch no son absolutas ni universales, sino que varían según la época, el contexto social y la educación de cada espectador. Hoy la imagen de Pareja tiene referentes más asimilados y por lo tanto puede ser más aceptado. Pero cualquiera que se haya tomado el trabajo de leer a Lyotard o a algún otro filósofo de la posmodernidad -Eco pudiera resultar muy didáctico- está obligado a saber que muchas veces nada hay más nuevo que lo viejo. Y viceversa. Y esto es algo que Pareja aparenta saber muy bien. Pablo Patrucco presenta en su primera individual en Punctum una figuración emparentada a ese realismo que identificara a Caro, Pastorelli y a una tradición arequipeña de costumbrismos con apariencias endogámicas que para bien o mal, son sólo eso. Apariencias. Los modos de ver y hacer de Patrucco permitirían desligarlo de estos antecedentes pues sus cuadros más logrados tienden a abstraerse, como ocurre con las bolsas de basura donde lo destacable es la aglomeración de formas y colores, no lo que ellas significan. Lo mismo podría decirse de las esteras, las que a pesar de su precisión, más que trampantojo pudiera considerarse como un conjunto de tramas y texturas que requería de un espacio más generoso una correcta percepción. Lo que realmente importa es que la pintura de Patrucco, más que limitarse a reproducir la realidad luce empeñada en construir una nueva, como un collage de imágenes, provenientes de lugares disímiles, que se organizan para construir la idea de un mundo paralelo al que vivimos. Este es el mayor mérito de un pintor a la altura de los novísimos representantes internacionales de ese realismo que se extiende cada vez más en este siglo de desconciertos. Basta revisar en la Web el libro "Photorealism at the millenium" para así comprobarlo.
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