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24 de junio de 2004

El Zangoloteo del Poder

HACE más de dos semanas que el país asiste a un desfile de posiciones, en todos los ámbitos, contradictorias y desconcertantes. Un taxista traducía esta situación comparando al Perú con una combi: aparentemente embarcados en un común destino, cada quien se comporta como si el otro no existiera o, peor aún, como alguien al que hay que chancar para que no nos chanque el rato menos pensado. El piloto, a su vez, lidia con otras combis tal vez más desaforadas, destartaladas y bulliciosas, y el que cobra, el que jala gente, el que controla y el que diz que guarda el orden, están en todas pero a su anárquica y abusiva manera.

Ya no es menester alegar que en la combi nacional se proyecta un estilo democrático, escrutable, de alguna manera discernible.Tampoco se tiene la mínima confianza que en este alboroto se pueda arribar al final, sin choques, desvíos, heridos y contusos.

¿Dónde, pues, está el límite de soportabilidad del país, que sabe que poco se puede hacer ya por el gobierno, y que no se confía en árbitro, oponente o analista, técnico o providencialista que se ofrezca?

Es paradójico que hasta las fuerzas opositoras expresen ahora rotundo desinterés por enjuiciar al régimen y que traten de establecer otros puentes mediáticos para entenderse con la población. Quienes han cobrado protagonismo son agentes no necesariamente políticos y al mismo tiempo polarizados: los trabajadores (que en el país equivale a tener un título nobiliario), convencidos de un paro que tiene adeptos, pero con deslindes disforzados como los del Apra, y los empresarios que aparte de estar divididos en asuntos gremiales específicos señalan que el populismo, los ribetes de una demagogia reenganchadora y, lo que es peor, el renunciamiento a gobernar con hoja de ruta establecida prefiriendo el zig-zag del desorientado, se han apoderado del chofer y su cacharro vehicular.

¿Son sólo ligerezas las regalías mineras, la reacción de los organismos reguladores contra inversionistas en teléfonos, energía y otras áreas básicas para potenciar nuestra capacidad exportadora, la discusión amenazante y prepotente en pro de la eliminación de las salvaguardas contra las importaciones chinas? Cuando uno escucha a ministros como Jaime Quijandría, Pedro Pablo Kuczynski o Alfredo Ferrero, tiene la sensación que han escapado de la combi y sueñan con un transporte de lujo que aún no les llega. Trabajan bien, pero no convencen ni en el seno del gobierno, ni en la bancada oficialista y, finalmente, parecen aislados del resto gubernamental y, por lo tanto, se les cree poco aunque se acepte que son técnicos responsables.

El gobierno duda y se empantana. Si el Presidente Toledo es hamletiano, su Primer Ministro es Fouché, puesto que está ya en el centro de la huérfana consejería presidencial y hace las triquiñuelas del que está muy cercano al poder, pero igual está dominado por cierto quietismo: Ilave, los cocaleros, el lío Chincha-Cañete, la escala salarial de los servidores públicos ( para no hablar de su "interpretación auténtica" de las sulfúricas palabras de la Primera Dama) muestran a un Primer Ministro que parece danzar sobre ascuas.

Las baterías, sin embargo, más que concentrarse en el paro nacional, en el caso Almeyda, en la urgencia de tener una procuraduría anticorrupción que se dedique a frenar los excesos de la presente administración, se han dirigido al escenario más pequeño del Congreso. Cerca de julio invernal y patriótico, han comenzado los tanteos para la presidencia del Congreso y ahora, al parecer con mayores probabilidades, la oposición podría ocuparla, para susto y temor del oficialismo. ¿Este vuelco podría enderezar parcialmente las cosas o, por el contrario empeorarlas? La gente de la oposición dice que un congreso con un presidente como Antero Flores o Natale Amprimo podría revertir la mayoritaria opinión contraria al Parlamento y sus miembros, ¿pero estaría exenta de la tentación de suscitar una crisis que acabe con el mandato de Alejandro Toledo, requisito para adelantar las elecciones? La verdad es que se espera de un Congreso en manos de la oposición que fuera un ejemplo de sensatez para con la economía, el tenor de las leyes, un trabajo constructivo de un modelo de desarrollo, y eso dificilmente puede ser obra de un colectivo sin un dirigente cabal y capaz. Quedan aún algunas semanas para continuar pensando en un Congreso que,siendo colectivo, no zangolotee como las combis peruposibilistas.

 

 


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