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Edición Nº 1830 |
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Portada
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El Alma
de Tacna
ESTOS días han visto contrapuesto el destino de dos grandes peruanos: Jorge Basadre y José María Arguedas. El primero había expresado su voluntad de reposar en Tacna. Arguedas, en cambio, ha visto empañado su retorno al terruño por una disputa que algo tiene de macabra. El gran tacneño ha recibido los honores que se merece. Desde el presidente Alejandro Toledo hasta los chacareros y los niños de Tacna, sin omitir a la Universidad de San Marcos, su alma máter, o las universidades tacneñas, han acudido a homenajear al gran historiador que examinó las peripecias de la República, auscultó sus problemas y propuso lo que puede ser llamado, como él lo sugería, el proyecto de un Plan Perú. En ese marco, los actos de hostilidad contra Toledo no restaron brillo ni trascendencia al homenaje. No hay que olvidar que Basadre nació y pasó sus primeros años en la Tacna ocupada. No en vano su primer libro, ampliamente ignorado, se llamó El alma de Tacna. Es un texto publicado en 1926 con la firma de Unos Tacneños, que eran Basadre y José Jiménez Borja. El primero no había cumplido aún los 23 años. En el texto se lee: "El llamado de la conciencia encarnado en el respeto a los padres, a la sangre, a la tradición palpita con su antigua virtualidad en esta provincia alejada del enervante materialismo de la civilización. E influyen también, primariamente, factores negativos: la reacción contra la violencia, la injusticia, la crueldad." En estas páginas se manifiesta ya la lucidez, el sentido histórico y el tranquilo coraje de quien iba a ser uno de los auténticos maestros que ha tenido el Perú.
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