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ARTICULO

1 de julio de 2004

Copa América 2004
El Campo de los Sueños

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El coloso de José Díaz se encuentra óptimo para la justa. La torre del estadio será habilitada para dirigencias VIP después de 3 décadas de abandono.

 

Para organizar un evento deportivo se requiere voluntad política, inversión y eficiencia. Para organizar una Copa América se requiere todo aquello mas goles. Arturo Woodman marcó el primero, realizando una rara combinación: ambición en metas y efectividad en logros. En ese sentido el Perú ya ganó: cuenta con 7 estadios de primer nivel, que trascenderán la justa continental. La organización, a pesar de paros y engreimientos monumentales, es inmejorable, quedando pendientes sólo dos cosas: que la fiesta se contagie al pueblo, y que los 11 jugadores que representan al Perú se llenen de esta mística ganadora y permitan que 26 millones de peruanos puedan gritar "gol". La casa gana. Los sueños empiezan sobre un campo de césped.

La Copa como Bandera
Con estadios relucientes, y a pesar del paro, la Copa América es la mejor forma de mostrar el espíritu peruano en la cancha.

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Lord Solano. En él se depositan las aspiraciones de 26 millones de peruanas. Con calma y pose churchileana espera refrendar expectativas.Der.: Mendoza, aparición de ébano con fe en el gol.

Por ABELARDO SÁNCHEZ LEÓN
Fotos JAVIER ZAPATA

HABLANDO en serio, la última Copa América (o Sudamericano, como se le llamaba antes) que se organizó en el Perú fue en 1957. Todos los partidos se jugaron en el Estadio Nacional de Lima. Yo tenía diez años y fui uno de los pocos privilegiados que pudo ver en vivo y en directo al trío más querido que Los Panchos, que es mucho decir:

A Omar Sívori, con sus medias bajas, a Angelillo y a Maschio. También fue el Sudamericano en el cual un delantero uruguayo se fue expulsado del terreno cogiéndose los genitales y entablando un lío a gritos con una de las tribunas. Los partidos eran de noche, en tres tandas, y nuestro seleccionado, como siempre, ganaba cuando nadie apostaba por él y perdía cuando el rival carecía de renombre. No tomo en cuenta el Sudamericano de 1975, porque aquella vez el torneo se jugaba por series y se desarrollaba en diversos países. Lo mejor que hizo el Perú en aquella oportunidad fue el golazo de chalaca de Juan Carlos Oblitas en Matute y el saltito del festejo de Enrique Cassaretto en alguna ciudad del Brasil. Salió campeón, verdad, si contamos la colaboración pícara de Teófilo Salinas, nuestro dirigente estrella.

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La capa del capitán. Pizarro, el peruano mejor colocado en ligas europeas, vuela de entusiasmo para jugar la Copa América.

 

Entonces, hace cuarenta y siete años que el Perú no organiza un torneo de tal envergadura. A quienes gustan de resultados concretos, tangibles, la tarea encomendada al equipo que preside Arturo Woodman se ha sacado veinte de nota. En el Perú es más probable que nos jalen, porque las tareas encomendadas no culminan o porque tal es la cantidad de objetivos que uno siempre se pierde explicando los obstáculos que hubo en el intento. Estadios renovados en Piura, Chiclayo, Trujillo, Arequipa (el único construido sin la ayuda de Papá Gobierno), Cusco, Lima y Tacna ameritan aprobar su gestión. Estadios con excelente gramado, con tableros electrónicos, con carritos peliculeros para recoger a los futbolistas lesionados, dan la impresión de un Perú que tiene la responsabilidad de presentar una buena cara.

La cara de los países sudamericanos acostumbra estar sucia, convulsionada, angustiada, ya sea por la violencia, la corrupción, la delincuencia o los movimientos sociales. La cara colombiana, venezolana, argentina, boliviana, ecuatoriana o peruana es casi un rictus. Por eso no debemos preocuparnos si la anunciada huelga de la CGTP va a malograr nuestra imagen en el extranjero. Nuestra imagen en el extranjero es básicamente la cara del narcotráfico, la de los migrantes pobres, la de la corrupción de Fujimori y Montesinos, la de la inutilidad de Toledo; es la cara de la desigualdad económica, la de una ciudad capital poblada de barriadas e informales y, sin embargo, en medio de ese caos atronador y vital hemos sido capaces de presentar estadios impecables y una organización eficiente. Ese es nuestro mérito. Asumir otra actitud es pretender ocultar el sol con un dedo. Y si el éxito de la Copa América se convierte en el mejor logro del gobierno de Alejandro Toledo, pues bienvenido sea, por más superficial que pueda parecer. Se hizo algo y se hizo bien.

 
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El talento no se improvisa. Maestrito Solano implementando la tecnología detrás de sus... ...espectaculares tiros libres. Filigranas de geometría espacial percutida con la parte interna del botín, según dictan los cánones.

El fútbol peruano debe ocupar un lugar en el concierto sudamericano. Ser cuarto, por ejemplo, después de Brasil, Argentina, Colombia y Paraguay. Debe mantenerse encima de Chile y Uruguay. Debe ocupar ese lugar por un buen tiempo, y de allí intentar una hazaña: por ejemplo, ubicarse en los dos primeros lugares de alguna Copa América, intentar clasificar a un Mundial. Las hazañas no se alcanzan ocupando el sexto o séptimo lugar en Sudamerica. Venezuela, por ejemplo, avanza lentamente, pero avanza. Venezuela es una potencia deportiva en el continente, el Perú no. Después de Brasil y Argentina, está Venezuela. Venezuela es campeón bolivariano indiscutible y el Perú es cuarto de cinco países. Este reto debe ser consecuencia de haber organizado la Copa América. Con buenos estadios (conservados, mantenidos, cuidados, respetados y queridos por las autoridades y el público), con clubes serios y no como chacras tercermundistas, con jugadores profesionales y pagados al día. Después de la Copa iniciaremos el camino del desarrollo futbolístico. Por el momento, disfrutemos de la fiesta en todas nuestras ciudades, no en las de Portugal. Portugal es parte de la Unión Europea y el Perú solamente es miembro de la Comunidad Andina. Mostremos nuestra cara sucia, con huelga si así lo desean, pero en tono de fiesta, mostrando lo nuestro, Chan Chan y la periferia, el seviche y la chanfainita. En todo caso, los peruanos ya somos manyados en todo el planeta, en varios lugares nos shotean, nos ven como misios y a nadie vamos a engañar con aquello de nuestra imagen en el extranjero. Los peruanos intentamos salir del hoyo, cierto, y nos encebollamos en el intento tal como lo escribiera Vallejo. Esa es nuestra mejor cara, nuestro mejor espíritu. "Y ya vienen los pases de Solano, lo que le gusta a la gente".



Barras Bravas

Bares limeños se alistan para recibir a los hinchas de todo el continente. La Copa América también se juega en las mesas.

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En Chili's, quizá prefiera un Margarita Presidente en las clásicas copas hechas a mano.

 

EN Génova los lavacarros son chiquillos sucios futboleando en la pista. A tono con esta calle barranquina, en la esquina del restaurante Canta Rana un muchacho ingresa con su novia. Viste como Gardel. Sombrero de copa y gabán negro sobre la camiseta, el bluyín y las zapatillas sucias. "¿Qué tal, che?", dice mientras se acomodan en la mesa. Ambos esperan el primer pitazo, el preludio al gol.

Se siente ambiente de cancha. Cuadra 20 de la Benavides. Entre rones, aguardientes, arepas y café, Andrés nos cuenta que viene de Valledupar y por eso su local se llama El Rincón Vallenato. Una rubia cruza las piernas sentada en el mostrador.

En el Aló Brasil están prohibidos el baile y la capoeira como espectáculo. Es sólo un restaurante, dice la autoridad miraflorina. Como si pudiese contenerse a esta gente que nació batiendo las caderas. "Pentacampeón" es un grito que sólo ellos pueden gritar y basta y sobra.

En la Plaza San Martín el bar Estadio ya vive la apoteosis. Un viernes por la noche consiste en encontrar a gente haciendo barra. En la Casa de la Empanada, reducto chileno, una menuda morena de dulces líneas nos habla de la empanada de Ají de Gallina, la de Lomo Saltado, de todo lo que puedes probar viendo la Copa América. Se le agradece. Ahora el problema es decidirse adónde ir. (S. M.)

 

 

 

 

 


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