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ARTICULO

1 de julio de 2004

Humor al Mérito
El ácido humor de Quino arriba a Caretas con una página semanal donde tragedia y comedia se abrazan en una sola sonrisa.

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Biografía dibujada. La muerte, la vejez, la injusticia social y el autoritarismo nos muestran su rostro absurdo y, por tanto, risible según la lúcida mirada del maestro argentino del dibujo humorístico.

 

HAY una palabra en apariencia poco asociada al humor que podría despejarnos mucho del misterio que provoca la risa. Algo que Joaquín Salvador Lavado, alias Quino, mencionó en una añeja entrevista: el conflicto.

Allí Quino señalaba que "a uno de chico le enseñan una cantidad de cosas que no deben hacerse porque están mal y hacen daño. Pero resulta que cuando uno abre los diarios se da cuenta que los adultos perpretan todas esas cosas prohibidas. Así nace el conflicto". Y así también erupciona el humor, ese secreto compartido, ese mensaje camuflado que anima en el receptor una complicidad materializada en risa y con suerte en carcajada.

Y cómo se llega a eso. La vida. Siempre la vida. Quino desde siempre fue un muchachito tímido y solitario -ha dicho que en sus sueños nunca aparece el sol, siempre es de noche- y desde siempre, también, escogió el dibujo como su íntimo refugio. Por eso cuando se acabó esa broma llamada colegio se matriculó en Bellas Artes, allá en Mendoza, para aprender eso que no se aprende. Rápidamente se aburrió de hacer bodegones y emprendió el viaje a la capital. Buenos Aires lo recibió como suelen hacerlo las capitales: con desprecio e incomprensión. Recorrió redacciones mostrando sus primeros trazos y, claro, fue rechazado. Pero insistió.

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Joaquín Salvador Lavado (Mendoza, 1932). Este año cumple 50 años dedicados al oficio de risueño aguafiestas.

Así vivió esa típica secuencia de estrechez, hambre y hacinamiento que con los años se convierten -si se alcanza algún sinónimo de la palabra éxito- en anécdotas casi risibles. De esta manera, en 1954 ingresó al mundo de la noticia, del papel, de la tinta que un día toma por asalto la atención de los espectadores y que al día siguiente... todos conocen la canción de Lavoe. ¿Y cómo se desprendió de todo eso? Con el personaje que más dolores de cabeza le deparó pero que más fama le regaló.

Cuenta Quino que en el '63 le pidieron una tira cómica que debía servir como publicidad indirecta para cierto producto de electrodomésticos dirigido a la familia de clase media. Su trabajo, sin embargo, no fue aceptado y por ello fue a parar directo al cajón en espera de una nueva oportunidad. Eso ocurrió pronto, y luego de una necesaria adaptación nominó al personaje principal Mafalda, y como ya no tenía que servir a fines publicitarios o comerciales la hizo sutilmente rebelde. Ella le dio prestigio pero también lo encadenó. En 1971, Quino visitó el Perú y fue entrevistado para Caretas por César Hildebrandt, quien escribió: "El poder corrosivo del humor, su inigualable capacidad de persuasión y su brutalidad muriática para desmitificar es algo que ningún gobernante puede dudar. Generalmente el chiste político tiene una delicada existencia. Pero -continúa Hildebrandt- ¿cómo quitarse de encima a alguien que prefiere roer cimientos y no alborotar campanarios? ¿Cómo romperle el lápiz a un dibujante cuya ulcerante vena se dirige a desplumar al pavorreal de ciertos valores; que prefiere un humor impersonal que apedrea la axiología de la clase media y que, en resumen, ejerce con semanal y puntillosa dignidad el papel de un rebelde emboscado tras un personaje aparentemente inocentón?" Preguntas que definían con certeza al personaje, su oficio y su origen.

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En 1971 César Hildebrandt entrevistó para Caretas a Quino en Lima. Los diarios alimentan su arte.

 
En la misma nota, Quino anunciaba la pronta muerte de Mafalda. Dos años después cumpliría esta certeza rumiada por años. Dejó de dibujarla pero las ediciones de libros y sus traducciones -chino, finlandés, gallego, griego, catalán, sueco, holandés, noruego, para no mencionar a los idiomas más comunes- harían perenne y siempre actual a su creatura más famosa. Entonces Quino, el maestro, tuvo que volver a aprender. Se reinventó. En diversos personajes y situaciones, como lo demuestra esa selección titulada "Esto no es todo" donde con sesuda lucidez muestra lo delirante que puede ser la "normalidad" y enfatiza ese humor que fue el favorito de Wilde: aquel que provoca 5 segundos de risa y 10 minutos de reflexión. Y precisamente eso es lo que desde esta semana presenta en Caretas.

 

 

 

 


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