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Edición Nº 1831 |
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Portada |
Casa de
Pintura Lima
tiene muchas casonas abandonadas que con un poco de interés e inspiración
podrían volver a recobrar su antigua prestancia. Es el caso de
la Casa de las 13 Puertas, que quizá ni de oídas conocen
muchos limeños. Sin embargo, es una de las fincas de más
solera y singulares de la capital. La casa da a dos calles muy limeñas:
Rastro de San Francisco (jirón Ancash cuadra 2) y Soledad (jirón
Lampa cuadra 1). Dada la categoría de la casa y teniendo en cuenta
su ubicación en la zona monumental más importante de la
ciudad, la Municipalidad de Lima ha empezado a restaurarla a fin de recuperar
su valor histórico y artístico.
LA casa es del siglo XVII. Pero su historia se remonta a la misma fundación de la ciudad. En la repartición de los solares, este sector fue asignado al Cabildo. En la pequeña manzana de forma trapezoidal donde desde hace tres siglos se erige la Casa de las 13 puertas, se establecieron, a poco de fundarse la ciudad, el matadero de reses, la carnicería, la alhóndiga o depósito de granos y la Casa de la Moneda, que le dieron un gran movimiento comercial a la zona. Posteriormente se construyó la casa en la esquina. En su primera época tuvo solo un piso de altura: por tasación hecha por Fray Diego Marote el 6 de setiembre de 1690, se sabe que contaba con 9 puertas a la calle y dos siglos después con 13 puertas. En el siglo XVII, al construirse la Iglesia de San Francisco, esa zona se convertiría en una de las más atractivas de la capital. Era entonces el paso obligado de virreyes, oidores, capitanes, cuando iban a escuchar la santa misa o a una ceremonia en la Iglesia de San Francisco, donde en sus criptas y catacumbas se sepultaba a famosos personajes de la Colonia. Además, era una salida al río cuando sus riberas eran otra cosa. La fachada de la casa es republicana. Con alguna reminiscencia neoclásica. Posee pequeños balcones con balaustres muy bien torneados y lisos. Hasta mediados del siglo XVII perteneció al Cabildo; luego pasó a poder de terceros en forma sucesiva hasta 1973, en que fue expropiada por la Municipalidad de Lima. La casa se yergue frente a dos de las calles más antiguas de la ciudad: la del Rastro, llamada así por la carnicería que allí funcionó, y Soledad por la Capilla de la Virgen de la Soledad, que se levanta a la entrada del Convento de San Francisco. La semana pasada, CARETAS recorrió esta finca, amplia, solariega y, como es de suponer, bastante golpeada por el tiempo, pero sus estructuras, por suerte, están firmes todavía. Claro, hay algunos rincones que están por ceder, que sus vecinos han apuntalado con palos para evitar que colapsen. En los trabajos se ha encontrado, por debajo del suelo
original, pisos hasta en cuatro niveles; uno hecho de ladrillos, otro
de lajas y, por último, un piso de losetas, puesto ya a fines del
siglo XX, nos dice el arquitecto José María Gálvez,
miembro del equipo de restauración. De otro lado, la arquitecta Flor de María Valladolid, directora ejecutiva del programa municipal de recuperación del Centro Histórico de Lima, señala que la inversión para la restauración se ha estimado en 3 millones de soles, y que con ese fin se ha hecho una reserva en el fondo de renovación urbana que tiene la Municipalidad de Lima para la restauración de zonas monumentales y viviendas colapsadas. Pero aún más, dice la arquitecta, sobre esta casa, por la naturaleza que tiene, la Municipalidad ha firmado un convenio con la agencia de Cooperación Española a fin de financiar 28 becas para jóvenes especializados en restauración, que luego van a contribuir en el proceso de capacitación y especialización de la rehabilitación de esta casa. El 40 por ciento de los costos serán sufragados por la Municipalidad y el 60 por ciento por cooperación internacional. Este trabajo implica también un saneamiento de carácter legal y técnico, porque la propiedad estuvo invadida por precarios. "Hemos ido recuperando metro a metro este inmueble. Todavía tenemos algunos ocupantes precarios -dice la experta. "¿Y cómo están enfrentando esa situación?", preguntamos. "Para ello hemos desarrollado un programa especial para 85 familias, que está abierto para toda la población residente... Sitramún es un caso difícil, que lo estamos manejando en toda su complejidad". Finalmente, la arquitecta estima que la casa estará terminándose en el período de dos años. La recuperación del Centro Histórico, que comenzó con el alcalde Andrade, continúa. El alcalde Castañeda, por lo visto, también está empeñado en esa labor. Qué bueno. (DTL).
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