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8 de julio de 2004

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

¡Hija, Qué Confusión!

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HIJA, vino de París Stephan de la Fressange "huyo del estío europeo, intuyo mi muerte inminente" y se me zampó con toda su mariconada en la casa, chola, de lo más regio como siempre, hasta que el sábado se nos ocurrió desayunar con vin rouge en La Dalmacia. Te imaginarás que a las doce del día, pucha, con la bomba que llevábamos, ya nos habíamos contado nuestros respectivos kilometrajes y queríamos seguirla pero ya un poco más a lo bestia, yo sé que me entiendes.

Bueno, salimos en mi auto hacia el mar cuando en eso, hija, Stephan da un grito como de Dorothy Malone picada por una araña, "¡Lorena, el gay parade limeño, detente!", y me desvía el timón en la fachada de la iglesia de Fátima, con tan mala suerte que casi atropello a lo que yo creía era un sofá en pleno traslado y fíjate que no: era Lourdes Flores, pucha, con un vestido de brocado que te lo juro, o sea, con un poco de buena voluntad te sentabas encima y arrancaba la tertulia, no sabes lo que era.

Bueno, desde ese instante no hubo manera de que Stephan se sacara de la cabeza la idea de que la boda de Keiko Sofía no era el desfile anual por el orgullo gay, así que lo dejé nomás que pensara lo que quisiera, y nos zampamos a la iglesia (a ver, quién me va a decir a mí que no estoy invitada a algo). Es que bien mirado el asunto, cómo te explico, Stephan tenía su relativa razón: Luz Salgado parecía un estilista de Los Olivos estrenando sus prótesis de gasolina de avión, mientras que Absaloncito agarraba look de flete viejo, hija, dedicado ahora a la gasfitería, redimido y en el buen camino. Por su parte, pucha, Marcenaro y la Moyano, casi que un par de gemelas concursando al Miss Travesti de El Chirimoyo, y me quedo corta.

Pero bueno, o sea, mientras Stephan se dedicaba a ponerle puntos a todos los de su desfile imaginario ("La altota de la mitra y el fustán bordado es la que más me gusta", me dijo, y yo no le entendí ya nada), o sea, yo perdí el aliento cuando vi entrar... ¡a Martucha, ag y la bebe, las dos vestidas igual porque Martuchita seguro compró en Gamarra la tela y le sobró y entonces le hizo a la petisa un conjuntacho de nido de abeja que te lo juro, o sea, parecía un angelote barroco mestizo digno se aparecer en carátula de un libro del Banco de Crédito sobre el tema!

Pero chola, cuando Stephan se paró en la mitad de la iglesia a dar de gritos, ahí casi fallezco: "¡Qué imaginación, caracterizarse de Imelda Marcos, por eso amo el cuarto mundo, por su desatino surreal!" Hija, qué vergüenza, no sabes las caras con que nos miraban Jorge Trelles y Ántero Flores Aráoz, parecía que chupaban limón de pica; pero ni por esas mi amigo dejaba de interpretar a la novia como una drag queen inspirada en la filipina coleccionista de zapatos. Es que la verdad, pucha, la chica estaba como para fantasía de ambiente, hija, con un escote recto por el que se le asomaba la teta china con una fruición de wantan frito, mientras el noviete se relamía pensando en el banquete que se iba a dar una vez superados los fastos.

Pero hija, lo peor vino después, cuando salimos a la calle y nos encontramos con un piquete de viejas gritando vivas al Chino Hórrido, y como Stephan no entendía nada, una vez más se imaginó que seguía la pachanga gay, se metió al medio y empezó a cantar la vie en rose y bueno, sacarlo, llevarlo a que duerma y después explicarle la verdad de las cosas fue toda una faena. Pero en fin, hija, que Keiko sea feliz, si es que no va presa, pero eso sí, pucha, que para la boda de Sachi Marcela, o sea, que la Higuchi no se me vuelva a presentar con esa estolita de conejo sintético color champán, porque yo también puedo pensar que se trata de un transexual importado de Tailandia, ¿si? Chau, chau. (Rafo León).

 

 


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