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8 de julio de 2004
Por AUGUSTO ELMORE

UN peso pesado peruano de fama mundial, Hernando de Soto, acaba de recibir una distinción de una universidad peruana, lo que me hace sospechar que está a punto de lanzarse a la piscina de la política peruana con miras al 2006. Creo que como sabe nadar muy bien en mares procelosos quizá podría ser un buen presidente de este país, aunque yo no sé lo que sería de él si tuviese que aplicar aquí su tesis de que Sólo los Títulos de Propiedad Salvarán al Perú.

No es que este humilde periodista sin mayores conocimientos económicos se atreva a contrariar las elaboradas teorías de quien ha ganado fama mundial por ellas. Es que a mí, como creo que ya lo he dicho antes, todavía no se me cocina eso de que un poblador de pueblo joven de Lima pueda solucionar sus problemas económicos a partir de que se le entregue el título de propiedad de su vivienda. La idea de De Soto es que con el título en mano podrá acercarse a cualquier banco a solicitar un préstamo, el que una vez concedido (¿usted cree, amable lector, que algún banco preste dinero a alguien por su propiedad en un pueblo joven?), éste lo aplicará en un negocio floreciente que le ayudará a irlo amortizando. Primera premisa: Nadie presta plata por algo tan endeble como una vivienda modesta, por más título en regla que tenga. Segunda premisa: Si por casualidad el préstamo le es concedido, no tendrá posibilidad alguna de cancelarlo, debido a los altos intereses que rigen en el Perú; y terminará perdiendo la propiedad. Lo que se deduce de todo esto es que Hernando de Soto, cuyo inmenso talento comunicador admiro, nunca jamás ha pedido préstamo alguno a un banco peruano. Dios, la buena suerte y su fortuna personal lo han salvado. ¡Que ni lo intente!: de feliz y próspero comunicador se convertiría en un hombre arruinado.

Recibo de la Pontificia Universidad Católica del Perú tres libros finamente editados (Antología de la Poesía Italiana del siglo XX, traducida por Javier Sologuren y Carlos Germán Belli, nada menos; Canto de mí mismo de Walt Whitman en traducción de Eduardo Rada -me gusta más la antigua traducción del título: Canto a mi mismo-; y Baladas, de Manuel González Prada), y me doy cuenta entonces de que sí, aún existe mi país, ese que a veces parece hundirse en la ciénaga de la autodestrucción.

¿Qué garantía de imparcialidad puede ofrecer una Comisión de Fiscalización presidida por un aprista redomado, como el congresista Javier Velásquez Quesquén?

Finalmente, leyendo el diario en donde escribe un insólito antagonista que me ha salido por allí, me entero que la columna que escribe se titula significativamente "Patente de corso", y entonces me doy cuenta de que ¡se la creyó!, es decir que el tal Pedro Salinas ha llegado a creer que tiene patente de corso. Primera vez que me entero que el título de un espacio periodístico se apodera del poco cerebro de su escribidor. ¡Patente de corso!: más que un título es una confesión.

Ese pertenece a la especie a la que Hugo Guerra calificó, en El Comercio, de "simios con bazuca", es decir esos periodistas que disparan por consigna, esa pandilla de simios que han prostituido el periodismo siguiendo sabe Dios qué consignas. ¿Quién le habrá encargado que me ataque? No es que me importe, y tampoco necesito saberlo. Es notorio.

Paso a transcribir lo publicado por Hugo Guerra, subdirector de El Comercio que dirige la página de Opinión de ese diario: "Si muchos choferes de microbuses y de Tico son monos con metralleta, aunque dé pena decirlo, muchos coleguitas periodistas son simios con bazuca. Con pocas excepciones, en la crisis actual el poder mediático está siendo ejercido sin ética. Con afán de escándalo, irresponsabilidad y hasta en vinculación con las mafias (así en plural) intenta tirarse el régimen democrático". ¡Tóma mientras!

Quienes trataban de impedir el viaje de Toledo a España no sabían sin duda la importancia que para el Perú ha tenido, y la enorme significación que tiene una visita oficial, en este caso la primera que ha recibido el nuevo gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero. El nombre y la bandera del Perú han estado presentes en todas partes, entre ellas en los lugares más emblemáticos de Madrid, como la Plaza Cibeles, en cuyos lugares más visibles ya ondeaba la bandera peruana desde el domingo pasado. Y, además, debería saberse que un viaje como éste no es un paseo de vacaciones, sino un agotador periplo en el que no hubo ni un momento de descanso no sólo para el Presidente sino para toda la comitiva oficial, incluyendo los empresarios peruanos de las diversas ramas que la integraban. Quizá hubiese faltado, sí, una explicación oficial que describiese la importancia que tiene para el Perú el sentarse a conversar con el Rey y con el Presidente del gobierno, con empresarios y funcionarios de alto rango en un país de tanta significación para nosotros como es España. Perú tomó su sitio.

 

 


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