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Edición Nº 1831 |
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Versos del Sur
-Ud. ha afirmado que "Alturas de Machu Picchu" es el más grande poema de la lengua castellana. Podría profundizar en ello. -Lo que sucede es que en "Residencia en la Tierra", Neruda -con toda su portentosa genialidad- es todavía un poeta, en las Alturas de Machu Picchu no. Allí quien habla no es un creador sino una lengua -el castellano- que se reconcilia con las víctimas de su imposición y que puede por ende relatar su propio futuro. Así, cuando Neruda se propone ser el intérprete de los incas muertos, lo que nos muestra es que cada hombre, en cada segundo de su vida, no es sólo uno. Que hablar es precisamente darles una oportunidad a quienes nos han precedido, para que vuelvan a tomar la palabra y encontrar el destino nuevo que debía esperarlos y que no los esperaba. -¿Por qué la muerte de Bolaño le quitó la oportunidad de conocer a un tipo con el que le hubiera gustado pelear de verdad? -Me dio mucha pena la muerte de Bolaño. Él era un escritor indiscutiblemente dotado, pero que muy a menudo se parecía a esos típicos imbéciles que andan detrás de los demás para decirles lo imbéciles que son; que Isabel Allende esto, que Skármeta esto otro, que Marcela Serrano lo de más allá... uff, qué aburrimiento. Yo, a diferencia de él, viví bajo la dictadura donde al lado tuyo se mataba gente concreta, real, y comprendí -y de una vez para siempre- lo frívolos y ridículos que son los ataques literarios. Escritores que atacan a otros escritores con un empeño que no le dedican a Bush ni a los demás psicópatas de este mundo. Recordando eso creo haber aludido a Bolaño. Nunca nos conocimos. Creo que dije que él al menos sí tenía pasta de enemigo y que con él sí tal vez habría valido la pena pelear, pero de verdad. Fue una tontería a propósito de otros fulanos que se obsesionan en joderte la vida. (J. C. Méndez).
Al Otro Margen
¿Qué pasa si se ubica a un poeta frente a un lienzo, y a un pintor frente a un cuaderno? Esa pregunta bien pudo ser el detonante que motivo a Alicia Cabieses, curadora de `Cuando cruzan el camino', muestra colectiva donde un grupo de artistas fueron invitados a cambiar de orilla para descubrir, del otro lado, si su arte tiene sentido cuando cambian el "formato". Los elegidos: Eduardo Chirinos, Rosella di Paolo, Jorge Eslava y Ana María Gazzolo representando a la poesía y Alberto Casari, Carlos Runcie, Eduardo Tokeshi y Martha Vértiz en el equipo de artistas plásticos. `Es difícil que un artista sea solo de un arte', afirma Gazzolo, quien confiesa haber pintado antes, `pero solo para mí'. La mayoría de artistas participantes había tenido algún acercamiento previo con `el otro lado', como Rosella di Paolo, quien trabajó en algunos proyectos donde alguien ilustraba sus poemas o donde ella escribía partiendo de una obra visual. En esa senda, `Evoluciones', su propuesta en esta exposición, ve la luz desde un poema que ya tenía culminado. Por su lado, el fantasma de Alfredo Covarrubias ha poseído el arte de Alberto Casari y permitido `Simbiosis', un `Manifiesto Pictórico Lineal", que es como la unión entre un artista y su seudónimo. Finalmente, la exposición se complementa con un poema de Eielson y variada obra poética y pictórica de Moro. (Romina Massa)
Princesa Ofendida
WITOLD Gombrowicz (1904- 1969) fue un oscuro escritor
polaco que labró una corrosiva obra en el periodo de entre guerras
y que, por lo mismo, no tuvo la aceptación merecida. El reconocimiento,
llegaría en la década del 60 -luego de un par de penosas
pero literariamente fructíferas décadas en Argentina- como
perfecto preludio a su muerte física. "Yvonne..." (1935) es una
pieza dinámica, cáustica y juvenil que establece una crítica
al sistema a través de una versallesca corte que se remece por
la presencia de una silenciosa y angustiada mujer. Ella logra la atracción
del joven príncipe, hecho que desata una revolución existencial,
sentimental y social en el reino de Borgoña. Su escenificación
en Lima por parte del grupo DeAbril Teatro, bajo la dirección de
Mateo Chiarella, tiene una frescura enrarecida, producto de los coloridos
vestuarios, los maquillajes cargados, los sucesivos ambientes de la casa
barranquina y por unos diálogos que constantemente reinventan su
perverso misterio. Ello, sumado a lozanas actuaciones donde destacan Vanessa
Vizcarra (por momentos sorprendente Reina Margarita), David Carrillo (solvente
en la humorística interacción con el público y en
sus dudas de Chambelán), Gustavo López (jocoso y verídico
Cirilo) y Lorena Pastor (contenida Yvonne) nos ofrecen una obra que sin
duda debe verse. Sin embargo, la pieza debió recortarse en la tercera
escena -donde se definen las transformaciones pero aún así
resulta extensa por varios minutos- y, en su conjunto, realizar una propuesta
más radical en consonancia con el texto. (J. C. Méndez)
Delirio Colectivo
Por IVAN THAYS NUNCA he sentido tan justa la sentencia de Julio Cortázar -según la cual las novelas se ganan por puntos y los cuentos por knock out- como leyendo Delirio. La novela generó en mí, intermitentemente, entusiasmo y decepción, y el triunfo fue por decisión apretada. Agustina es una mujer de clase alta bogotana casada con un profesor más bien austero apellidado Aguilar. De retorno de un viaje de cuatro días, Aguilar se encuentra con que Agustina ha caído en una suerte de delirio místico que la hace desconocer a su esposo y llenar de platos con agua toda la casa. Agustina siempre tuvo fama de vidente y ese toque real maravilloso continuará hasta el desenlace. También se describe el encuentro crucial entre Agustina y Midas McAlister, un nuevo rico y amigo de su familia que fue su novio, a través de cuyo discurso ella se entera del pasado turbio de su familia, que incluye lavado de dólares y vínculos con el narcotraficante Pablo Escobar y su clandestina manera de ejercer el poder en Colombia. Pero aunque el lector tiene todos los datos de la razón de este delirio, la respuesta es compleja y va desde el historial familiar ("Agustina es medio rara") hasta el shock psicológico de conocer de un golpe la verdad familiar, sin olvidar la explicación real-maravillosa (Agustina como médium). La tragedia individual alcanza una dimensión colectiva cuando vemos que el drama de Agustina, vivir en un mundo de apariencias, de medias verdades, negocios turbios, mitos y tapaderas que ocultan crímenes, se amplifica en la esfera social y en todo el país. Solo un amor intenso, honesto y puesto a prueba como el de Aguilar puede dar alguna esperanza en medio del caos. Aquel buen amor es, sin duda, el mayor punto a favor de la novela. Laura Restrepo ha pagado en esta novela todos los favores literarios que debía, desde Vargas Llosa a García Márquez, incluyendo guiños inoportunos a Memorial del Convento de José Saramago (Blimunda, personaje del Nobel, inspira sin duda al personaje de Agustina). Curiosa inseguridad en alguien con su oficio, que la obliga a someterse a las técnicas de puntuación del portugués y ponerse inmerecidamente en la cola de los nostálgicos del Boom. Habrá que esperar que en su próxima obra arroje los lastres y demuestre que una novela también puede ganar por knock out.
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