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ARTICULO

15 de julio de 2004
Paginas 44 y 45 de la edición impresa.


Aunque necesita oxígeno artificial, vive con tranquilidad en compañía de su familia. Izq.: En 1984 cuando se aprestaba a formar el ya histórico grupo Perújazz.

No Estaba Muerto... ..andaba de Parranda
El eximio percusionista Julio "Chocolate" Algendones recibe oxígeno de sus amigos en conmovedora visita a ritmo de mambo.

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Jean Pierre Magnet, Andrés Dulude, Carlos Espinoza y Pochi Marambio, entre otros, fueron a visitar a su amigo y lo animaron con mambos de Pérez Prado.

 

Escribe JUAN CARLOS MENDEZ

SON las 4:23 p.m. de un sábado particular. Hace minutos una banda acaba de tomar por asalto la primera cuadra de la Av. Manuel Vargas de Ciudad y Campo en el Rímac. Apostados con saxos, timbales, congas y trompetas una turba de amigos ha venido a decirle a Chocolate esas cosas que nunca se dicen. Choco, está en su cama, respirando un oxígeno que ya no puede atrapar. El año pasado le diagnosticaron cáncer a los pulmones y durante estos meses se ha sometido al tratamiento correspondiente y en estos momentos se encuentra estable. Haciendo equilibrio con ayuda de amigos y familiares. Sobre su cama, hay una bruja con escoba y una risa macabra que roza el techo con su vuelo inmóvil. A su lado, un cocodrilo verde limón enseña sus colmillos. Más allá, la Virgen de Guadalupe vela el reposo del músico. Afuera, Carlos Espinoza, Andrés Dulude, Jean Pierre Magnet, Pochi Marambio y otros compañeros cuentan 1, 2, 3, gritan ¡Chocolate! y arrancan con la irrefrenable rumba del Mambo Nº 5 del maestro Dámaso Pérez Prado. La calle, las ventanas, las puertas se llenan de curiosos vecinos que sorprendidos primero y luego seducidos por el ritmo malevo cambian los ojos de asombro por sonrisas cómplices.

Algendones se ha puesto de pie y abriendo las ventanas escucha la percusión y grita moviendo las manos: "¡Juega, juega, juega!". En eso tose. Mira el cenicero repleto de cigarrillos a medio fumar y vuelve a su frazada verde, a la cama de una plaza sobre un rojo piso de cemento. La música sigue y su hija le pregunta:

-Papi, ¿vas a bajar?

-¡Que suban!

Los músicos no lo dudan y se instalan en el cuarto luego de pasar por una puerta de madera que luce un rótulo en inglés: "My room".

-¿Por qué eres tan escandaloso? -le dice Chocolate a Magnet.

-¿Qué tal compadre?

-Acá, pues.

-Venimos a saludarte.

-Cuánta gente... seguro vienen a picarme.

La risa estalla. El humor de Algendones es tradición entre sus amigos. Nadie se ofende porque todos detectan la secreta lucidez de sus frases. Su esposa sirve unos piqueos y algo que parece jugo de naranja:

-¿Y esto que trae? -pregunta alguien.

-Tiene su lisura, pues- responde Choco.

-¿De qué año es? -pregunta Magnet.

 
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La emoción del gesto no nubló el inesperado y chispeante sentido del humor del músico.

-Algendones prueba el brevaje y sentencia: "1926". Entonces Jean Pierre explica: "Cuando estábamos en Italia, Chocolate esperaba que los mozos sirvieran el vino y tomaba la copa, la miraba y decía mil.... y entonces probaba y seguía... mil novecientos... y luego daba una catada final para decir... mil novecientos cuarenta y ocho. Es un vino de 1948."

Se suele decir que Julio Algendones nació en 1934 por los alrededores de El Carmen, Chincha-Perú. Allí el niño encontró la música de manera casual -el golpe sobre la silla, la mesa o la piel- y la desarrolló también de manera casual -en reuniones amicales, familiares y demás- y se convirtió, muy joven, en un genio de la casualidad. Como tantos otros que surgen, asoman una flor y, antes de ofrecer sus mejores frutos, se marchitan en las frustrantes arenas de este hermoso país. Este pudo ser su caso. Pero algo pasó. Pudo ser el hecho que a los 15 años alguien, sin preguntarle, lo trajo a Lima. En la capital se descubrió tocando el bongó para atizar los furiosos bailes pélvicos de Anacaona, Mara la Salvaje y otras celebérrimas bailarinas que por unos años hicieron cercano el paraíso terrenal en pistas del Embassy de la Plaza San Martín.

De allí, como no podía ser de otra manera, se fugó con una bailarina a Haití. En Centroamérica, aprendió los misterios de la santería y, a su regreso, los fusionó con el festejo para procrear un estilo mixto, híbrido pero original. De esa experiencia, además, recogió esa misteriosa serenidad, el silencio como fuente de sonido y el entendimiento místico de la música. Como lo ha señalado Manongo Mujica, Chocolate no toca para entretener sino como un acto religioso. Por eso no cree en los ensayos y por eso también su concepto de la música no contempla el error.

Y fue precisamente con Manongo, con Jean Pierre Magnet y con David Pinto con quienes en la década de los 80's fundaron el jazz made in Perú en diversas salas limeñas -como el ahora renovado Cinematógrafo de Barranco- y en la propia Europa donde temas como "Salón de baile", "Chincha saudita" y "El tren" dieron fama a Perújazz. Los años que siguieron fueron de giras, clases maestras, conciertos y nuevamente silencio. Algo de lo que Algendones disfruta mucho y que sólo es roto con los amigos.

-Salud, compadre- dice Magnet.

-Ya, ya, salud, salud. ¡Pero paga, pues!

Nueva carcajada general.

-Pero si tu ganas la plata que te de la gana. Solo tienes que hacer tucu- tucutú, tucu- tucutú y listo.

-¡Cómo, cómo, cómo!

-Tucu-tucutú, pe' compadre.

Suena un celular, contestan y le pasan el teléfono a Chocolate. El cajonero asiente, sonríe y dice:

-Si pues, acá me han venido a visitar todos los músicos mediocres del Perú.

Una vez más, todos celebran. Y pronto se despiden, están yendo a un ensayo, cualquier día de estos nos damos una vueltita, no te pierdas hermanito.

Afuera los vecinos siguen esperando la música de Dámaso Pérez Prado y alguien pregunta si el señor ya falleció.

-No, señora. A este Chocolate no se lo come nadie.

 


 
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Delia Ackerman, directora y guionista del documental.

 

Choco Documental
La vida de Algendones en formato audiovisual.

CON más de 40 horas de entrevistas a Pepita García Miró, Chaqueta Piaggio, Manongo Mujica, Omar Aramayo, César Vivanco, José Luis Madueño, Chalena Vásquez, Carolina Viale, Salvador Velarde, Andrés Prado, Micky Gonzales y César Calvo, la periodista y documentalista Delia Ackerman está por terminar "Las manos de Dios", un documental en el que explora las diferentes facetas de este virtuoso de la música peruana. Las mencionadas entrevistas -que Caretas cita con consentimiento de la autora- serán complementadas con imágenes de conciertos en Lima y el extranjero, del que fue su hogar en El Carmen y de su casa en el Rímac. Caretas ha visionado buena parte de este material fundamental y allí encontró diversas anécdotas, conmovedores momentos y esclarecedores comentarios que sin duda redondearán un producto que en treinta minutos le hará justo homenaje al maestro. Esto junto a la inminente presentación de su disco "Miokamba" nos permitirá acercarnos con certeza a la vida y obra de nuestro mayor percusionista. Vale.

 


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