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Edición Nº 1832 | ||||||||||||||
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El
Caos Aerocomercial NO obstante los decretos de urgencia emitidos por el Poder Ejecutivo el domingo 4 y el sábado 10, la aviación comercial peruana entró en un verdadero estado de emergencia el pasado lunes 12 con la suspensión de los vuelos de AeroContinente. Tras un mes y medio de turbulencia, la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) finalmente prohibió los vuelos de la aerolínea por no contar con una póliza integral de seguros adecuada. Ante el peligro de perder los servicios de una reaseguradora inglesa, Global Aerospace, Lupe Zevallos, presidenta de AeroContinente, presentó el viernes 9 un nuevo paquete respaldado por la compañía Houlders Insurance Services Ltd de Londres. Sin embargo, la DGAC observó que faltaba detallar cuatro de los cinco puntos de cobertura especificados por ley, y tres días después AeroContinente fue anclado. El mismo lunes la DGAC publicó un Plan de Contingencia para cubrir los vuelos de AeroContinente con las otras ocho aerolíneas que operan en el Perú: Atsa, AeroCóndor, Lan Perú, LC Busre, Magenta, Star Up Taca Perú y Tans. Tarea poco fácil, visto que por un lado AeroContinente ocupaba el 65 % en flujo de pasajeros y el 34 % en carga en el ámbito nacional, y por otro lado en la variopinta flota combinada de las otras empresas hay desde Airbus con 156 pasajeros, Bombardier deHavilland con 37, Fairchild Metroliner con 19 y otros más pequeños. Ahora, en plena Copa América, se ha armado un espectacular zafarrancho. Al cierre de esta edición se calculaba que más de 5,000 pasajeros se habían quedado varados en todo el país, sin saber en qué aerolínea viajarían ni si recuperarían su dinero. La incertidumbre también se manifestó en las mismas aerolíneas convocadas al rescate, las cuales se vieron forzadas a programar sus vuelos adicionales día por día, creando un caos total para las agencias de viaje, ya que la mayoría de ellas no cuentan con sistemas de cómputo para administrar reservas y boletos. El Perú daba así la impresión de volver a la época de Jorge Chávez. Ante estos sucesos, Lupe Zevallos respondió el martes 13 con papeles en la mano y sonoros improperios, acusando en conferencia de prensa a Wilson Benzaquen, el titular de la DGAC, de favoritismos con Lan Perú y aseverando enfáticamente que su nueva póliza sí cumple con la ley. Un analista sugirió que doña Lupe no debiera quejarse demasiado del caos que se ha armado ahora, porque ella trató de armar el propio al promover indirectamente la acción del juez del Cuarto Juzgado Civil de Arequipa Eloy Zamalloa Campero, quien intentó paralizar las operaciones de Lan Perú.
Solución: Volver a Regular EL problema de la aviación comercial peruana es más complejo e integral que los problemas creados por la suspensión de AeroContinente, línea que es tanto víctima como también causante de la actual situación. El abogado Guillermo Gulman, especialista en los aspectos comerciales de la aviación, quien ya entre 1973 y 1974 negoció los derechos de tráfico de la operación internacional de AeroPerú y desde entonces ha formado parte de la mayoría de las delegaciones que han tratado este tema, tiene una posición muy definida: "Cuando el 13 de setiembre de 1991 se dispuso en el Perú la `libertad' para la obtención de permisos de operación y la fijación de las tarifas a través del Decreto Legislativo 670, -dice-, en realidad se dictaminó la desaparición de nuestro transporte aéreo regular. Cuánto tiempo iba a tomar eso no se podía saber, pero que llegaría no cabía duda. Ahora ya se produjo y la situación es dramática". Gulman, por cierto, se refiere a una tendencia internacional que ha resultado desastrosa. "Estados Unidos fue el primer país en `desregular' sus operaciones aéreas. Se decidió que la `competencia' dominaría el escenario aéreo. Esta era solo una aplicación del `liberalismo' económico y quienes lo decidieron (allá y después acá) partieron de la premisa que no hay nada mejor que la competencia para desarrollar las actividades económicas. Esto, que casi siempre es cierto, no funciona para el transporte aéreo de un país. Hoy Estados Unidos, el mercado más grande del mundo, también viene sufriendo las consecuencias de la famosa desregulación y, tarde o temprano, deberá cambiar el esquema". Gulman se refiere a una etapa en que algunas de las aerolíneas más grandes del mundo, como Panamerican, TWA, Eastern y Braniff han ido desapareciendo, a los billones que ha debido proporcionar el gobierno norteamericano para evitar el colapso de otras y a los US$ 2,800 millones de emergencia que debería transferir en estos días a United para salvarla. Mientras tanto, lo que sucedió en la década del fujimorato con la aviación nacional fue catastrófico.
"Líneas aéreas nuevas se dedicaron a prestar servicio sólo en las rutas de `carne' rentable -señala- Gulman, mientras que Faucett y AeroPerú se vieron obligadas a mantener todos los servicios que venían prestando. La autoridad aeronáutica las obligó a hacerlo bajo amenaza de perder sus permisos de operación porque éstos así lo establecían". AeroPerú, por cierto, fue privatizada en 1993 en una segunda subasta escandalosa en la que se negó a Faucett la posibilidad de consolidar una operación mayor, para entregar nuestra línea de bandera a AeroMéxico -empresa que a su vez terminó deshuesándola. Fue en estas circunstancias que surgió AeroContinente y con un apoyo logístico financiero que ahora es aún más discutido que entonces. "Cuando se creaba otra nueva empresa, AeroContinente automáticamente le bajaba la tarifa en las rutas que aquella decidía volar, liquidándola. Varias sufrieron esa suerte y poco a poco, con más motivos, Faucett." "AeroContinente, -señala- Gulman, fue ampliando sus operaciones y, por supuesto, desapareció el servicio a destinos con tarifas no rentables. Pero cometió un error: extendió sus operaciones a Chile, donde, con la misma táctica, sacó del mercado a una línea aérea doméstica. La reacción no se dejó esperar y ya sabemos lo que sucedió. Ningún país en el mundo puede pretender la libertad de precios en el transporte aéreo. La competencia debe existir y alentarse, pero ésta debe darse en la calidad del servicio (seguridad, puntualidad, atención, itinerarios, etc.)" La política de "cielos abiertos" de Chile es, en la práctica, para los vuelos internacionales y no para los internos. Después de las quiebras de Aerolíneas Argentinas, Viasa y otras, como Varig, rescatadas del desastre, Latinoamérica esta reconsiderando sus políticas aerocomerciales. "Si la primera potencia mundial, -dice Gulman-, se enfrenta a una crisis severísima de su transporte aéreo y algo tendrá que hacer muy pronto, el Perú debe hacerlo ya mismo." "Cuanto más agreste la geografía de un país, añade, más necesario es el transporte aéreo. El caso del Perú es paradigmático. A Iquitos solo se llega por avión, y tenemos múltiples lugares a 10 horas o más por carretera o menos de 30 minutos por avión." En 1991 Gulman advirtió a las autoridades y a más de un ministro, incluyendo a Carlos Boloña, de los peligros que planteaba el D.L. 670, pero solo le sonrieron como si estuvieran conversando con un troglodita. El abogado, sin embargo, está muy seguro del terreno que pisa: "La autoridad aeronáutica debe regular el transporte aéreo. Tiene que controlar el aspecto técnico, económico y legal. No puede permitirse la aplicación de tarifas predatorias. Quien lo haga debe ser eliminado del mercado sin contemplaciones." "Debería volverse a identificar tres tipos de rutas atendiendo a su rentabilidad -añade-, y quien desee prestar servicio aéreo nacional deberá hacerlo integralmente, con carne y hueso. El Perú necesita que su transporte aéreo abarque muchas localidades lejanas, pero en lugar de establecer subsidios del Estado, es mejor imponer una escala de tarifas de modo que los mismos pasajeros, pagando en diferentes niveles, permitan la consolidación económica del sistema." El esquema también daría un papel a las líneas aéreas menores o eventuales, ya sea regional o especializado. "Y ya existe, concluye, la estructura legal para implementar este sistema: era la vigente antes del malhadado D.L. 670."
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