Edición Nº 1832

 

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15 de julio de 2004

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

Sí, Yo Fui

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BUENO, esto que voy a decir, pucha, lo hago solo por la democracia, hija, que es regia y no podemos permitir que cualquier improvisado empiece otra vez a aterrarnos con lo de Sendero, como si desde lo de Tarata no hubiéramos tenido que dormir con vela y caja de fósforos en la mesa de noche, como pobres. Lo digo ahora o nunca: yo fui la que le mandó las flores bomba a Huamán, así como lo oyes, y ahora te explico.

Vicky es la nieta de la Mamanona, la mujer que crió a mi mami en la hacienda de Arequipa, hija, y es mentira eso que dicen que a mi abuela la cargaban en andas de la sala al comedor. Bueno, Vicky, que ahí donde la ves es súper inteligente, estudió su media y después su corte y confección y hace las bastas como nadie, hija. La fui a ver hace dos semanas para que me bajara una falda, y la encuentro anegada en llanto. Yo soy psicoanalista, tú lo sabes, pero a ellos hay que tratarlos con afecto en una mano y firmeza en la otra, si no les da el makurke, y me bastó verla así para darme cuenta que el asunto apestaba a bragueta, me lo vas a decir a mí.


"Ay señorita China, me ha deshonrado y se ha desaparecido... y buuuuu" y no había forma de pararla. Hija, por si las moscas le di su píldora del día siguiente (que cargo en la cartera como rosario, con el perdón de Zacuara Cipirani) y entré a las averiguaciones. "Le entregué lo mejor de mí, me hizo suya, me poseyó..." "Oye Vicky, le dije ya en otro tono, no eres la primera ni serás la última mujer que le da la prenda al hombre sin pensarlo antes pero ahorita dime quién es y voy y lo mato". Pucha, sacarle que el zamarro había sido Huamán me costó Dios y su ayuda: "Venía, me hacía esas cosas que usted sabe y ahí nomás se iba. Yo le decía que se quedara, que le preparaba su lonche con su chancay con queso pero él, no, que me tengo que ir a la asamblea de construcción civil, hasta que un día desapareció para siempre...buuuuu".

Pucha, pensaba yo, "esa película ya la vi y no me gustó nadita: Diego, Gino, Ugaz, Yehude, cuántos crímenes se cometen en nombre de la asamblea". Le di a la Vicky su Xanax y le dejé igual la falda (porque la laborterapia es a ellos lo que el diván a nosotros) y me fui. Pero hija, en la noche tuve pesadillas, no sabes, soñé que el rapaz de Diego me venía a ver, se me metía a la cama y con las mismas se iba con el cuento de la sociedad civil y me dio tal furia que al día siguiente llamé a la primera florería que encontré en las Páginas Amarillas (El Gladiolo, se llama, por siaca), me hice mandar a mí misma un arreglito bien checheculé y le zampé adentro todos los cohetones que encontré en el cuarto de la Jessikah's Jesseniah's, de su última fiesta patronal en Ate. Después, o sea, pinté una tarjetita de rosa chicle y en la computadora me busqué el tipo Lucida Handwriting, que es el más huachafo de todos, con el que escribí la siguiente nota: "Feliz onomástico revolucionario, compañero, hasta la victoria final". Después lo mandé a Don Second, el chofer, a que le dejara el aparato al Huamán ahí en su sindicato ese de vándalos que debe quedar en la Plaza Dos de Mayo.

Hija, cuando al día siguiente veo en los periódicos al tal Huamán hecho una pastora ultrajada, con el florero chamuscado en la mano declarando a la prensa que Sendero lo estaba amedrentando, pucha, pensé: "Sendero te voy a dar ya sabes por dónde, insurrecto violador"; y ahora que lo sigo viendo a la cabeza de esta huachafería del paro, ay no sé, me dan unos nervios horribles solo de pensar en manos de quién está la dictadura del proletariado, ¿te puedes imaginar? Chau, chau. (Rafo León).

 


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