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| 15
de julio de 2004 | Por
LORENA TUDELA LOVEDAY Sí,
Yo Fui
 | n |
BUENO, esto que voy a decir, pucha, lo hago
solo por la democracia, hija, que es regia y no podemos permitir que cualquier
improvisado empiece otra vez a aterrarnos con lo de Sendero, como si desde lo
de Tarata no hubiéramos tenido que dormir con vela y caja de fósforos
en la mesa de noche, como pobres. Lo digo ahora o nunca: yo fui la que le mandó
las flores bomba a Huamán, así como lo oyes, y ahora te explico.
Vicky es la nieta de la Mamanona, la mujer que crió
a mi mami en la hacienda de Arequipa, hija, y es mentira eso que dicen que a mi
abuela la cargaban en andas de la sala al comedor. Bueno, Vicky, que ahí
donde la ves es súper inteligente, estudió su media y después
su corte y confección y hace las bastas como nadie, hija. La fui a ver
hace dos semanas para que me bajara una falda, y la encuentro anegada en llanto.
Yo soy psicoanalista, tú lo sabes, pero a ellos hay que tratarlos con afecto
en una mano y firmeza en la otra, si no les da el makurke, y me bastó verla
así para darme cuenta que el asunto apestaba a bragueta, me lo vas a decir
a mí. |
"Ay señorita China, me ha deshonrado y se ha desaparecido... y buuuuu"
y no había forma de pararla. Hija, por si las moscas le di su píldora
del día siguiente (que cargo en la cartera como rosario, con el perdón
de Zacuara Cipirani) y entré a las averiguaciones. "Le entregué
lo mejor de mí, me hizo suya, me poseyó..." "Oye Vicky, le dije
ya en otro tono, no eres la primera ni serás la última mujer que
le da la prenda al hombre sin pensarlo antes pero ahorita dime quién es
y voy y lo mato". Pucha, sacarle que el zamarro había sido Huamán
me costó Dios y su ayuda: "Venía, me hacía esas cosas que
usted sabe y ahí nomás se iba. Yo le decía que se quedara,
que le preparaba su lonche con su chancay con queso pero él, no, que me
tengo que ir a la asamblea de construcción civil, hasta que un día
desapareció para siempre...buuuuu".
Pucha, pensaba
yo, "esa película ya la vi y no me gustó nadita: Diego, Gino, Ugaz,
Yehude, cuántos crímenes se cometen en nombre de la asamblea". Le
di a la Vicky su Xanax y le dejé igual la falda (porque la laborterapia
es a ellos lo que el diván a nosotros) y me fui. Pero hija, en la noche
tuve pesadillas, no sabes, soñé que el rapaz de Diego me venía
a ver, se me metía a la cama y con las mismas se iba con el cuento de la
sociedad civil y me dio tal furia que al día siguiente llamé a la
primera florería que encontré en las Páginas Amarillas (El
Gladiolo, se llama, por siaca), me hice mandar a mí misma un arreglito
bien checheculé y le zampé adentro todos los cohetones que encontré
en el cuarto de la Jessikah's Jesseniah's, de su última fiesta patronal
en Ate. Después, o sea, pinté una tarjetita de rosa chicle y en
la computadora me busqué el tipo Lucida Handwriting, que es el más
huachafo de todos, con el que escribí la siguiente nota: "Feliz onomástico
revolucionario, compañero, hasta la victoria final". Después lo
mandé a Don Second, el chofer, a que le dejara el aparato al Huamán
ahí en su sindicato ese de vándalos que debe quedar en la Plaza
Dos de Mayo. Hija, cuando al día siguiente veo en los
periódicos al tal Huamán hecho una pastora ultrajada, con el florero
chamuscado en la mano declarando a la prensa que Sendero lo estaba amedrentando,
pucha, pensé: "Sendero te voy a dar ya sabes por dónde, insurrecto
violador"; y ahora que lo sigo viendo a la cabeza de esta huachafería del
paro, ay no sé, me dan unos nervios horribles solo de pensar en manos de
quién está la dictadura del proletariado, ¿te puedes imaginar?
Chau, chau. (Rafo León).
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