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Edición Nº 1832 | ||||||||||
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CUANDO estas líneas aparezcan ya se habrá producido el famoso paro del 14 de julio, que según sus promotores va a promover que el Perú enderece rumbos. Claro que nadie, hasta ahora, explica cómo se va a producir eso, ni cual es la verdadera meta propuesta, como no sea promover el retorno del tránsfuga nipón, en cuya época no se toleraban esos paros. Supongo que hoy jueves en que aparece esta revista, ya se habrán producido los cambios: todos habrán recibido aumento de sueldo, las empresas extranjeras habrán dejado de explotar al Perú, nuevamente el patrón no comerá de la pobreza de sus asalariados, habremos declarado que no vamos a pagar la deuda externa sino con el 10% de nuestras exportaciones, Huamán y Gorriti habitarán en Palacio y un gran etcétera más. Sólo hará falta que, como lo cantó Serafina Quinteras y lo mencioné hace poco, las corvinas floten fritas en su aceite sobre el mar. ¡País maravilloso el nuestro: solamente faltaba un paro nacional y ya está! Un amable lector me escribe mencionando, respecto de mi comentario último sobre Hernando de Soto, que ya en el siglo 17 John Locke escribía sobre la importancia de los títulos de propiedad, y que en el documental The Commanding Heigths en que se entrevistaba a De Soto, éste revelaba el interesante ejemplo de unos agricultores africanos que habiendo sembrado con éxito café y cacao, pese a tener éxito en esa tarea, no eran susceptibles de crédito para adquirir maquinaria para trabajar por no tener los títulos de propiedad de sus tierras. Eso sí lo creo y allí sí funciona la teoría de De Soto. A ver ahora si convence al resto de los peruanos. Desde el primer día que viajé en un medio de transporte público en Madrid constaté que aquí la gente lee. Ya he publicado mi comentario, señalando lo que compruebo todos los días: la gran mayoría de las personas leen en el metro y en el ómnibus, aún aquellas personas que van paradas y que llevan libros a veces de muchas páginas. Menos yo que especialmente cuando voy en ómnibus por el Paseo de la Castellana me dedico más bien a observar la calle y a la gente. Cuando me traslado de un lugar a otro de la ciudad, parezco un reaccionario de la lectura, pero a mí me complace ver lo que sucede en la calzada, como aquí la llaman. Como el otro día que, en plena mañana cálida de verano, desde el autobús detenido por el semáforo veo a una linda chica en minifalda que pasa por la calle delante de cuatro muchachones y para mi asombro de peruano, y limeño para mayor información, constato que de los cuatro sólo uno se percata de la chica y le echa una mirada. Los demás, ni la tos. No sé qué habrá sido de los antiguos madrileños, pero estos más bien parecían nórdicos, eslavos, qué se yo. Para que eso suceda, algo se habrá perdido en el camino, sin duda. Otra. Uno, en este oficio de cronista, parece que está condenado a repetirse, por ejemplo cuando, como ahora, hago mención a que soy aficionado a detenerme delante de los puestos de venta de revistas, cuya oferta es incalculable, como incalculables serían las sumas de dinero que tendría que desembolsar si cediese a la tentación de llevarme todas aquellas cuyas carátulas son apelaciones directas a mi libido. Pero, aunque hay unas revistas cuyas carátulas podrían ser calificadas prácticamente como un atentado al pudor, no hay ni un solo periódico de la vulgaridad que los que tenemos en el Perú, que son los que atraen como moscas gordas a los pobres ingenuos a los que indigestan vendiéndoles morbo del peor y mentiras sobre la vida nacional de las que mandaba inventar Fujimori y compañía. Y para mi satisfacción, yo que soy un viejo hombre de Caretas, debo declarar que no hay en España ni una sola revista que se le pueda comparar. Tiempo, la que más pudiera semejársele, no tiene ni de lejos la fuerza ni la calidad de esta revista en la que estoy sin estar del todo. Me satisface decirlo. "El paro del 14 pretende -afirmaba hace poco un apreciado amigo, ex ministro de educación del presente régimen- el cambio del modelo económico". Esa es la vieja monserga que vengo escuchando desde hace un tiempo, sin haber oído ni leído jamás una propuesta al respecto. ¿Cambio de modelo económico?, ¿por cual?: ¿el populista?, ¿el socialista?, ¿el cubano?, ¡¿cuál, por Dios?! Hasta ahora ni la CGTP, propulsora del paro, ni el Apra, que lo ha apoyado sin vergüenza alguna, ni la izquierda -con excepción sólo de aquello que brota del confuso cerebro de Humala-, han propuesto algo concreto, que tenga al menos un cariz de coherencia y de posibilidad real. Todos esos gerifaltes del desorden, si viviesen en Brasil, serían los que le increparían a Lula, también, que cambie el modelo económico. Ellos en verdad quieren el modelo cubano, que les permita ser dirigentes del partido hasta el fin de sus vidas.
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