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Edición Nº 1833 |
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CASO
ALMEYDA / TESTIMONIO
Desde
febrero último, CARETAS ha intentado convencer a César Almeyda para
que se acoja a la colaboración eficaz. ¿Cuáles eran los motivos?
Varios meses antes de aparecer Hugo Durán, quien lo señaló
como depositario de un soborno pagado por la cervecera colombiana Bavaria, el
ex abogado del presidente contó a la revista sobre una millonaria coima
que llegó a Palacio de Gobierno. Hoy niega todo lo dicho por Durán
y la posibilidad de la colaboración parece hoy remota. En el editorial
se explican las razones para la publicación de este artículo. Almeyda
tiene la obligación de aclarar la historia. Escribe ENRIQUE CHAVEZ ERA una mañana insoportablemente calurosa
y ocupaba la celda al lado del tópico, en un ambiente aislado.
Tenía puestos jeans, camiseta y sandalias. Su único vecino
era, incomprensiblemente, Miguel Salas. Al llamado 'Agente Sun' le asignaron
la celda contigua y ambos enemigos se mostraban muy interesados por las
primeras planas del día, todas las cuales tenían fotos del
traslado de los dos a San Jorge ocurrido la noche anterior. El caso Bavaria
no se divisaba en el horizonte. Se trata, afirmó, de una operación comercial en la que una empresa fue presionada por el presidente Toledo. Esta empresa era asistida por la ley, pero el Presidente le hizo ver, o creer, que su intervención y la presión que ejerció resultó favoreciéndola. Como resultado, se realizaron una serie de depósitos. Almeyda se lamentó porque Toledo le insistió en que él confirmara personalmente la realización de esos depósitos. El ex asesor legal del Presidente no quiso mencionar cantidades específicas, pero reconoció que superaban holgadamente los US$ 5 millones. Las operaciones de compra de Bavaria ya estaban rodeadas por una leyenda negra desde hace mucho, así que durante esta primera visita en el penal le pregunté si se refería a eso mismo. En un principio lo negó. Luego admitió que tocaba tangencialmente a la cervecería, pero como parte de un grupo más extenso de empresas. "Si sólo se señala a Bavaria", me dijo durante una visita posterior, "el caso se desvirtúa". La entrelínea de esa visita al penal quemaba tanto
que se tradujo en la carátula de CARETAS 1813. El rostro compungido
del asesor con una explosión atómica en segundo plano. En
el artículo se recordaba "la cercanía que tuvo a algunas
operaciones con empresas internacionales" y fue citado textualmente: "He
visto casos de corrupción en las más altas esferas del poder".
Era una sugerencia directa, hace casi cinco meses, para que Almeyda se
acogiera a la colaboración eficaz.
Fue por todo esto que cuando el 15 de junio El Comercio presentó el testimonio de Hugo Durán, chofer de Alberto Farfán, la revista publicó dos días después el artículo El Cuento Cifrado de Davos (CARETAS 1828). Allí se tomaba en cuenta lo dicho antes por Almeyda en San Jorge, pues en algún momento mencionó a Luxemburgo en relación con la confirmación de los depósitos. A ello se sumó la información proporcionada por fuentes de la Procuraduría Ad Hoc, que ya le habían echado el ojo a la 33a Reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, realizada entre el 22 y el 27 de enero del 2003 y a la cual el abogado asistió en su calidad de presidente de Indecopi. Según la hipótesis manejada, Almeyda había aprovechado el viaje para hacer escalas en Luxemburgo y Zurich. Ello calzaba perfectamente con lo que ya sabía yo. -César Almeyda: Si ellos (los procuradores) vinieran y me preguntaran todo lo que quisieran saber, yo se lo diría sin ningún problema. Lo que quieren saber y lo que yo les pueda decir. -CARETAS: La de ellos es una versión, se trata de una versión. Antes hemos tenido conversaciones sobre algún tipo de confirmación (de depósitos) pero (veo que) no me quiere contar la historia completa. -César Almeyda: Ya, claro. Más adelante. Tiempo al tiempo. No es el momento. -CARETAS: Entonces ahora no va a soltar nada. -César Almeyda: Tiempo al tiempo. No es el momento. Primero (hay que) comprobarlo, porque no me voy a tirar a la piscina con un centímetro de agua. -CARETAS: Me tiene muy a cuentagotas. Tírese a la piscina. Tiene más de un centímetro de agua. -César Almeyda: No es el momento.
-César Almeyda: Eso es absolutamente falso y te vas a dar cuenta rápidamente. Ya te vas a dar cuenta. Ya estamos analizando todos los detalles y el porqué de las cosas. Este es un lío comercial. -CARETAS: (El problema) no se termina de explicar por ese lado. Yo tampoco tengo las cosas claras... -César Almeyda: Espera a que pasen unos días y te vas a dar cuenta. Así de simple. En una conversación aparentemente más
franca realizada en la clínica ese martes 15 de junio y en otra
llamada telefónica posterior, el 23 de junio, había explicado
que la operación de la que me habló antes tenía características
distintas al laberinto de la Conasev. El 11 de julio elaboró un
poco más sobre Durán.
La actitud tenía sus razones. Antes ya se había presentado un evento que desaceleró nuestras conversaciones. El martes 28 de abril, 58 internos se intoxicaron luego de ingerir sus platos de sopa con fideos. De ellos, 49 tuvieron que ser atendidos de urgencia en los hospitales Dos de Mayo y Arzobispo Loayza. Manos extrañas vertieron raticida en las ollas, se concluyó días después. Las dosis no bastaban para asesinar a nadie. Fuentes del INPE y la justicia anticorrupción con las que conversé se mostraron muy convencidas de la naturaleza del mensaje enviado a través del envenenamiento: "Mira, cuán fácil es llegar hasta ti". Las Piezas Sueltas CARETAS no niega que estos testimonios encierran un acertijo.
Pero tampoco puede olvidarse que la versión inicial de una millonaria
coima que llegó a Palacio se produjo mucho antes del destape de
Hugo Durán. En varias conversaciones subsiguientes, Almeyda nunca
se retractó de sus primeras palabras.
Desde el primer momento diseñamos una estrategia honesta y abierta con todos los involucrados. Transcurrieron varias semanas de discusiones con el director, Enrique Zileri, quien enumera en el editorial de esta edición las razones de fondo para levantar la reserva y publicar este artículo. Fue determinante la revelación de los correos electrónicos de Farfán, de los cuales "se deduce que ese grupo había confundido la buena voluntad de CARETAS y consideraba que estaba en alguna medida manipulando nuestro contenido". A lo largo de estos meses, se intentó tender el nexo entre una parte de la defensa legal de Almeyda y un sector de la justicia anticorrupción. Este último comunicó informalmente, por intermedio de este periodista, los beneficios que Almeyda podía conseguir si se acogía a la colaboración eficaz, pero fue el propio ex abogado del Presidente quien descartó de plano seguir adelante con esa tentativa. Del mismo modo, el congresista Velásquez Quesquén recibió mi visita para sondear las aguas y mostró el mismo buen talante. Todo fue inútil. Almeyda tiene la obligación de contar la historia completa, aunque sus temores puedan estar justificados. En una ocasión, frustrado por su silencio público, me puse la mano al pecho. "¿Será consciente de la responsabilidad patriótica que tiene?", le pregunté. "Sí", respondió. "Pero temo por mi seguridad". Ese fue el final de las conversaciones.
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