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Edición Nº 1833 |
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Equilibrada
Aproximación CARETAS
entrevistó a Mesa en Palacio Quemado el lunes 19, horas después
de confirmado el triunfo de la tesis de su gobierno en el referéndum
del domingo 18, y en vísperas de la visita de Estado que hará
al Perú el 3 y 4 de agosto próximos. Sobre el significado
del mandato popular emanado del referéndum, la salida del gas de
Bolivia por el Perú y el intrincado trámite político
que resta a su mandato habló el Presidente de Bolivia. Entrevista MARCO ZILERI EL referéndum y la convocatoria a una Asamblea Constituyente fueron las primeras medidas que usted anunció al asumir el mando de la República el 17 de octubre pasado. ¿Cuál es la historia secreta? -El 17 de octubre, yo llevaba cinco días de ruptura con el presidente Sánchez de Lozada. Yo rompí con él el día 12, en la noche, y el día 13 en la mañana hice pública mi decisión, con la intención de detener la violencia. El día 17 en la mañana llegaron (a La Paz) representantes del gobierno del Brasil para intentar, si no una mediación, por lo menos acompañar un proceso que pudiera resolverse en paz. En ese momento el presidente Sánchez de Lozada no había decidido su renuncia. A mí me comunicaron la renuncia del presidente a las 12:30 de la tarde del 17 de octubre, y tomé posesión (del cargo) a las 9 de la noche. En esas pocas horas tuve que asumir el gobierno y llamar al alto mando militar para que se mantuviera el control de la situación. En consecuencia, tuve algo así como 30 minutos para preparar mi discurso. De manera que no hubo planificación de ninguna otra naturaleza que responder de manera intuitiva y conceptual el camino que debía seguir Bolivia. No tuve ninguna idea preconcebida de cómo llevarlo adelante o con qué fuerzas me iba a encontrar. -Pero el Congreso boliviano aprobó la realización del referéndum hace apenas una semana... -El referéndum no estaba contemplado en la Constitución. Había necesidad de reformarla. La ley de reforma constitucional fue aprobada por el Congreso el 20 de febrero, pero el 13 de abril decidí de manera unilateral convocar al referéndum vía un decreto, porque me di cuenta que si no lo hacía, el Congreso iba a bloquear la iniciativa. El tiempo iba pasando y no podíamos mantener el gas encarpetado. Se trataba de una situación crucial, del futuro del país y de expectativa internacional. Fue una lanzada a la piscina sin saber si había agua. Afortunadamente, la Corte Electoral y el Tribunal Constitucional me acompañaron. A partir de ahí fue un trabajo de relojero suizo para ir fortaleciendo el respaldo legal. A medida que íbamos avanzando el referéndum se posicionó en el país. Esto fue lo más importante. La gente asumió que el referéndum era una conquista suya, lo cual es cierto, porque si yo propuse el 17 de julio el referéndum en este espacio tan extraño fue porque vi que ese era un movimiento y una línea. El error del presidente (Gonzalo) Sánchez de Lozada fue no leer a la gente, pretender una lógica que puede ser entendible, pero que no tenía ninguna consistencia. -Ahora el gran desafío es que el Congreso dicte una nueva Ley de Hidrocarburos en base a los resultados del referéndum y, a su vez, que las transnacionales la acepten. -El resultado es tan contundente que es muy difícil que las transnacionales no entiendan el mensaje. Las transnacionales querrán un tratamiento correcto, un respeto a la seguridad jurídica, una garantía de que las inversiones que se han hecho están seguras, y esos son elementos que por supuesto el gobierno está plenamente dispuesto a dar. Pero ellos tienen que entender que ya el nivel de impuestos y regalías no puede ser el mismo, y el concepto de aumentar la tributación a 50% está fuera de discusión. Ahora, creo que podemos lograr un nuevo mecanismo que son los contratos de producción compartida. En cuanto al Congreso, va a ser complejo, pero estoy confiado que nuestro proyecto de ley, que es un camino de nacionalización racional que no tiene nada que ver con la expropiación, será un proyecto sensato que responda a las aspiraciones de la gente. No será fácil pero llevo nueve meses en la presidencia en los que nada ha sido fácil, o sea que estoy entrenado para ese tipo de experiencias.
-¿Y cuál es ese último salto? -Entrar a una franja que nos permita soberanía, e, inmediatamente después de conseguida, concebir un desarrollo integral de Chile, Perú y Bolivia, una zona internacional de paz, donde sea posible que los tres presidentes nos sentemos juntos. -El referéndum reclama la soberanía de Bolivia sobre sus hidrocarburos, pero países vecinos suyos como Argentina y Brasil tienen importantes inversiones en ese campo. -El concepto de nacionalización no es una estatización pensada como conquista, sino simplemente la recuperación en un elemento de la cadena de la producción, y que permitirá al Estado un manejo de precios, de comercialización y de política de distribución. Con Argentina hay una gran dinámica. Voy a firmar un acuerdo con el presidente Néstor Kirchner para la ampliación de la exportación del gas a la Argentina este jueves 22. Con el Perú estamos ya encaminados para trabajar un proyecto en común para exportación de gas a México. Con Brasil vamos a profundizar nuestra relación a través del desarrollo de una planta gasífica binacional y de dos termoeléctricas. -El 3 de agosto el Perú y Bolivia suscribirán un acuerdo de cooperación política y económica. ¿Qué expectativas tiene? -Estamos hablando prácticamente de un mercado común, de la profundización al máximo de esa integración. En este contexto, si logramos llevar adelante un proyecto de integración energética, no solamente por la exportación del gas a México, sino también a través de un programa de integración energética entre el sur del Perú y el oeste de Bolivia, estaríamos dando un salto que me acerca a pensar un poco en una Confederación Peruano-Boliviana, la que yo admiro tanto. Yo admiro profundamente a Andrés de Santa Cruz y la Confederación. Creo que ése era el camino histórico correcto de Perú y Bolivia, y creo que estamos en la oportunidad de recuperarlo.
-Usted reeditó recientemente su libro "Entre urnas y fusiles", una historia sobre los presidentes de la República de Bolivia. ¿Cuál es el rol de las fuerzas sociales en Bolivia hoy? -Cada vez más protagónico en la medida en que el sistema de representatividad ha perdido legitimidad. Es decir, los partidos políticos que están representados en el Congreso están divorciados o quebrados desde la base social. Eso ha generado un renacimiento del corporativismo y ha encumbrado de manera discutible en su sistema de elección a liderazgos muy radicalizados. Son fuerzas muy fuertes, pero con un proceso de atomización muy grande y muy complejas y muy diluidas ideológicamente. Bolivia está viviendo un proceso de atomización de todas sus fuerzas: los partidos políticos en crisis, el sindicalismo en crisis, el empresariado en crisis. Es decir, la institucionalidad boliviana está en una crisis muy profunda y el propio Estado está en una situación de extrema debilidad, y esto marca una interlocución difícil. Sería mucho más fácil trabajar con un sistema político que represente o con liderazgos como los que tenía Bolivia al estilo de Simón Reyes con una tradición ideológica y de unidad sindical. -¿Y cuál es el rol de las Fuerzas Armadas? -Extraordinariamente importante y de un compromiso inequívoco con la democracia desde hace 22 años. Desde el 10 de octubre de 1982, cuando un presidente militar entregó pacíficamente el poder a los civiles, las Fuerzas Armadas, que han tenido un par de momentos muy difíciles, actuaron en respuesta a las órdenes del poder político. Se cometieron excesos, que debemos investigar, pero eso no quita un milímetro a una tarea de compromiso democrático de las Fuerzas Armadas. -¿Cuál es la opinión de las Fuerzas Armadas sobre la salida del gas por el Pacífico? -Han respetado el concepto de la no deliberación y no han hecho expresión pública alguna, aunque el alto mando respalda plenamente el tipo de trabajo que estoy haciendo con Chile y Perú. Las Fuerzas Armadas sienten que se podría considerar un porcentaje de los ingresos nuevos que vamos a tener del gas para favorecer a la institución. Uno de los problemas que tiene Bolivia es que el incremento del armamentismo de Chile es inalcanzable. Bolivia no tiene una intención de armamentismo. Mi posición en esto es absolutamente radical, pero no podemos llegar a un punto en el que nuestras Fuerzas Armadas no tengan el equipamiento mínimo para transportarse, para Defensa Civil, para apoyo a la sociedad. Yo les he dicho que estoy de acuerdo en esa línea siempre que estemos hablando de porcentajes.
-Y que siguen vigentes. -Por supuesto, y además se han fortalecido mucho, en particular después del referéndum. Luego, un error de lectura generacional. Sánchez de Lozada y después Paz Zamora no se dieron cuenta de que la presidencia de Quiroga, tras la muerte del presidente Bánzer, era simbólicamente el fin de una generación política y el comienzo de otra. La persistencia de ese liderazgo, finalmente muy desgastado, llegó a duras penas al gobierno y con un gran bloque opositor. Luego, la clase política, el triángulo MNR-MIR-ADN que gobernó Bolivia desde 1985 hasta 2003 había cerrado totalmente el círculo de poder. La corrupción era muy grande, se había roto con la sociedad y se estaba gobernando en función de intereses muy concretos y específicos, dándole la espalda a la gente. Es decir una democracia de pactos que prescindía mucho de la voluntad popular. La suma de todos estos elementos llevaron a esa explosión que tuvo su detonante en el tema del gas.
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