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Edición Nº 1833 |
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Portada |
Examen
de Resonancia-Patética DESDE siempre CARETAS se ha opuesto al periodismo catastrofista y al linchamiento ritual de mandatarios cuando descienden del zenit de su popularidad, y la revista ha seguido combatiendo el sensacionalismo en estos tiempos en que una parte sustancial de los medios de comunicación parece haber contraído fiebre amarilla con malaria. Aquí buscamos el equilibrio y evitamos las denuncias que al día siguiente se desvirtúan. Aquí nos concentramos en los 'destapes' reales y no en los que buscan asesinar reputaciones en base a especulaciones y tremendismo. Al llegar a estas Fiestas Patrias, sin embargo, la situación del Presidente de la República merece, si no una autopsia, un examen de resonancia patética para determinar si durará un año más. De allí el título de nuestra carátula. Basadre dice que el Perú es más grande que sus problemas, y tiene razón, aunque en este caso el propio Presidente de la República se vaya convirtiendo en el principal problema. No es cuestión de volver a señalar que la aprobación de su gestión ahora apenas supera el índice de error de las encuestas. Ningún mandatario debiera renunciar o ser removido porque vaya mal en los sondeos de opinión o así lo demanden asonadas callejeras. Si aquí se repitiera el caso argentino con De la Rúa, ecuatoriano con Mahuad o boliviano con Sánchez de Lozada se estaría sembrando para el futuro vientos de inestabilidad crónica. Tampoco es materia de ignorar que existe una cofradía fujimorista, 'neoliberal' conservadora y simpatizante del autoritarismo que trabaja diariamente para desprestigiar, no sólo al oficialismo peruposibilista, sino también a la oposición y a los que ésta llama "partidos tradicionales". Busca demostrar que la única solución para el Perú no es la gobernabilidad democrática sino una dictablanda derechista. Por otro lado, demás está decir que CARETAS es perfectamente consciente de la notable contradicción que existe entre la situación económica del país, que en algunos aspectos es de auténtica bonanza, y el desastre político. Qué lamentable resulta que coincidan en el tiempo. Pero ahora que las imputaciones de procedimientos irregulares se multiplican contra los allegados y parientes del régimen, y, sobre todo, cuando la versión de un soborno millonario ingresa a Palacio de Gobierno, el derrotero cambia, y la posibilidad de algo peor que un Collor de Melo de Brasil o un Nixon en Watergate surge en el horizonte. Durante meses, desde la edición de CARETAS 1813 del 4 de marzo último, esta redacción ha venido empollando una versión de primera mano que, obligada por la confidencialidad de la fuente y su negativa a confirmarla en público, ha debido abstenerse de publicar. No pocos recordarán nuestra carátula con César Almeyda Tasayco frente a una gigantesca explosión y el siguiente epígrafe: "Podría estallar una bomba atómica si César Almeyda abre la boca". Durante estos meses el periodista de investigación Enrique Chávez ha venido tratando infructuosamente de convencer a Almeyda para que se acoja al programa de colaboración eficaz. Previamente, Chávez fue quien entrevistó a Almeyda sobre sus conversaciones con el general montesinista Oscar Villanueva Vidal y CARETAS fue -y sigue siendo- el único medio independiente que considera que no existe prueba ni indicio real que demuestre que Almeyda vendió favores a Villanueva. El general terminó suicidándose y la famosa grabación de sus conversaciones -la que el amigo de la viuda intentó vender- es inaudible según dos peritajes reales. Es por ese caso, sin embargo, que Almeyda fue apresado y es en esas circunstancias que Chávez logró un acceso privilegiado al acusado. En esta edición Chávez pormenoriza esa relación y lo que Almeyda le fue revelando en diversas conversaciones. En CARETAS hemos decidido levantar excepcionalmente la confidencialidad de la fuente por varios motivos, y éstos no se circunscriben a la gravedad del caso ni a las varias circunstancias adicionales que van confirmando la versión original de Almeyda. A través de los correos electrónicos, hechos públicos recientemente, que intercambiaron Alberto Farfán, el "asesor de imagen" de Almeyda, y sus asistentes, se deduce que ese grupo había confundido la buena voluntad de CARETAS y consideraba que estaba en alguna medida manipulando nuestro contenido. Cuando la fuente no actúa con buena voluntad, exonera al periodista de mantener las restricciones del caso. Lo revelado por Almeyda acusa directamente al Presidente de la República, y puesto que alude a una cuenta en Europa, se deduce que la coima no se circunscribiría a los dos millones de dólares traídos al Perú desde Panamá. De corroborarse debidamente tan indignante soborno, el Presidente de la República debiera ser destituido inmediatamente y procesado.
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