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Edición Nº 1833 |
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Portada
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Por
LORENA TUDELA LOVEDAY Hija, se Rayó para Siempre
Pucha, hija, de verdad me da horrores de pena, sobre todo porque yo he tenido acceso -no me preguntes cómo- al informe clínico y qué quieres que te diga: imagínate una sachavaca inyectada de anfetaminas, que se aparea con un maquisapa sobreexcitado por la contaminación ambiental, y de la unión sale un engendro enloquecido como loro en alambre de alta tensión, y te quedas corta. El psiquiatra-que ojo, también es del partido- escribe lo siguiente de puño y letra: "severo cuadro de manía agravada por interfase inesperado de melancolía con catexia fragmentada, delusión de la realidad, alucinaciones visuales, auditivas y gustativas (semejante chancho, la acotación es mía) de carácter impredecible e irreversible". Chúpate esa, por mucho menos Mario Poggi se pintó el pelo de verde y bautizó a su hija como Neurona H20, yo sé que tú me entiendes. La cosa, hija, es que como yo no me puedo quedar de brazos cruzados frente a la adversidad ajena, pucha, o sea, me comuniqué con Mariló López de Romaña, que como a la pobre el marido la dejó por una porrista del Cristal llamada Paolah's, o sea, ahora hace un voluntariado reeeegio en el Larco Herrera, y le dije, "chola, a este hay que curarlo para que, como dice el vals, o sea, que sufra mucho pero que nunca muera". Y así, o sea, averiguando y mandando el informe psiquiátrico a varias instituciones del mundo, o sea, nos hemos enterado de que ni siquiera juntando las reservas de litio de los salares de Uyuni y Poopó, ambos en Bolivia y son preciosos, o sea, conseguiríamos reanimarlo y hacerlo volver a la normalidad, ejem, por decirlo de alguna manera. Con el afán de entender más rigurosamente el quiebre del susodicho, pucha, llegué a entrevistarme con el compañero al que le zampó un patadón en el tafanario y qué quieres que te diga, su versión no hace sino ensombrecer más todavía el cuadrete. El joven, que se llama Víctor Raúl Tumialán Delgadillo (de paso, ¿te has dado cuenta de cómo a ellos les encanta usar los dos apellidos?), o sea, me contó que él estaba cruzando la Alfonso Ugarte para comprarse un tolete en la carretilla del frente -porque antes les daban lonche y ahora ni eso- y cuando de repente, sin más ni más, pucha, sintió que "como si me machucaran en mi nalga derecha una barra de margarina y una voz como de estilista sin trabajo que me decía `¡ya pues carajo, camina!' y era el compañero, señorita, que la verdad no sé qué le puede haber pasado y justo contra mí, que había cumplido tan bien con él cuando me mandó llamar a mis dos sobrinas a que tiren unas caseritas de kerosene y anfo sobre las llantas viejas quemadas que le había sacado, esa misma mañana, al auto del compañero del Castillo y por eso hasta ahora anda en taxi". Pero en fin, hija, algo grave debe estar pasando con los Orgones de nuestra atmósfera porque si juntas lo del Mantecoso Continental con la tocata y fuga de madame Carrot, pucha, te queda el asilo de Charenton en todo su esplendor. Qué, ¿no sabías que la Delirante Bermeja se fue para no volver? Pucha, sí, se va a quedar en Europa pero no donde su tía que lava ropa en el Sena con piedra y muñeca de azul, sino donde su hermanito, hija, que de haber sido cartero en Brujas, pucha, ahora es vicepresidente de un banco en Luxemburgo. ¿No te digo?: qué expuestos que estamos, ¿no? Chau, chau. (Rafo León).
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