|
Edición Nº 1833 |
| |||||||||
| | ||||||||||
|
Portada |
¡Uyuyuy!, ¡¿qué pasó, qué pisó?! ¿Es que guerra avisada no mata gente? Un mes de preparativos y de amenazas para el gran día de la caída de la Bastilla, para la toma del gobierno, la destitución de Toledo, y ¡nada!, aquí no pasó nada, o casi nada. Bueno, no es que no haya pasado nada, sino que finalmente el pueblo peruano desautorizó los propósitos golpistas de los dirigentes extremistas que exigían el retorno a la inflación, el no pago de la deuda externa, el aumento general e indiscriminado de sueldos, el cambio, en suma, de la política de gobierno por un salto a la nada. Es cierto, por otra parte que no hubo los disturbios que parecían anunciarse, pero esto ocurrió porque en verdad la oposición silenciosa al paro era tal, y tanta la advertencia ciudadana, que las llantas quemadas no pasaron de aquel par a las que les prendieron fuego delante de la llamada Casa del Pueblo. Un desconcertado Alan García recorrió la avenida Alfonso Ugarte dando patadas a los periodistas y sin atreverse a subir a la desprestigiada tribuna de los organizadores, que es en donde le tocaba estar, compromiso del que se quitó al constatar la debacle. Él no se junta con perdedores. Otra cosa hubiera sido, sin duda, si en verdad la capital del Perú y el país entero se hubiesen paralizado por completo. Si hubiese sido así, allí -en la tribuna de la CGTP en la Plaza 2 de Mayo- hubiese estado el gran líder en su día, más sonriente, dicharachero y desafiante que nunca. No les quepa la menor duda de ello. Hacia allí se dirigía a pie, pero no alcanzó a llegar al constatar el relativamente modesto volumen de personas que vitoreaba el paro. Entonces regresó furioso, dando patadas a todo fotógrafo sospechoso que se le pasaba por delante (de acuerdo a la sección Chiquitas de Correo, que suele serle afín). ¡Qué papelón! Un líder de la vieja guardia aprista al que respeto y aprecio personalmente es Armando Villanueva, pero creo que se ha equivocado al rechazar la condecoración que le impusiera, en gesto democrático, el gobierno de Toledo, acusándolo de antiaprismo. Se ha equivocado, creo, porque no puede dejar de darse cuenta, con su respetable veteranía, que antes del antiaprismo gubernamental está el antitoledismo del Apra. Uno es reflejo del otro, nada más. Cosas de la democracia, al fin de cuentas. Toma y daca. Tú me das, yo te doy, gajes de la política. No es para tanto, Armando. A mí el fútbol peruano me persigue. Jamás pensé venir a Madrid y encontrarme aquí con Alianza Lima perdiendo ¡4-0! con un equipo ecuatoriano en partido amistoso jugado en un estadio madrileño. ¡El fútbol peruano no tiene pierde: siempre pierde! Dos periodistas pretenden someterme a silencio alegando que recibo un estipendio del Estado. Exactamente lo mismo pensaba la señora Martha Chávez, congresista de Fujimori, cuando ejercía mi oficio y trabajaba a la vez en EsSalud dirigiendo el Patronato Cultural, institución creada por quien escribe en beneficio de los adultos mayores. Entonces esta columna criticaba al dictador y eso le molestaba a doña Martha. Finalmente logró que el presidente de esa institución liquidara el Patronato Cultural y cancelara mis servicios. Hoy el director de Perú21 y un columnista de Correo quieren también silenciarme, atentando contra mi derecho a opinar libremente que consagra la Constitución, actitud extraña en quienes vienen ejerciendo con toda libertad (y bastante saña) el periodismo. Para aquellos que lo ponen en duda debo declarar que esta página no defiende al gobierno de Toledo -que a veces, si se quiere, parece indefendible-. Lo que subleva a este viejo periodista es el acoso, el linchamiento y la persecución sin tregua a la que se le ha sometido y que no tiene parangón en la historia de la República. Considero que otra sería la situación del país si el periodismo no se hubiese comportado, como lo hace sin pausa todos los días, como una verdadera Inquisición. Además de que considero muy sospechoso que con prolija y puntual asiduidad aparezcan todos los días, o una vez por semana, nuevas acusaciones contra Toledo y su gobierno, como no ocurrió jamás ni siquiera contra Alan García, cuyo pésimo gobierno nadie pidió que adelantara su salida. Esta posición personal ha sido asumida en contra de la marea, y nadie me la ha solicitado, ni se me paga un sueldo en el extranjero por ello. Hago en España lo mismo que se me solicitó que hiciera en el gobierno de Alan García -y que no pude asumir por razones familiares-: tratar de difundir la cultura peruana en el exterior. Lo que hago a cabalidad, mal que les pese a algunos.
| |||||||||
|
| ||||||||||