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Edición Nº 1833 |
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Maestra -¿Se considera fundamentalmente un hombre de teatro? -Sí, fundamentalmente. Ahí me formé y ahí sigo. Me gusta el olor de los teatros vacíos. El ritual de los ensayos y funciones. La belleza incomparable de una sala repleta. Pero como actor contemporáneo no desdeño, ni mucho menos, al cine y la televisión. -¿Qué significa ser un maestro? -Aprender mucho de los jóvenes. Renovarse, rejuvenecerse, ser un poco Drácula de la sangre joven. Pero también sembrar para el futuro. -Decía San Martín y usted lo mencionó en CARETAS en el año 1995, que `ser actor en el Perú ya no irroga infamia, pero qué duro es'. ¿Es eso vigente? -Lamentablemente sí. Los actores somos una minoría dentro de otra minoría. No hay estímulos. Es una lucha contra la corriente, contra la ignorancia de las autoridades. No creo que sea sólo falta de dinero. -¿Qué opina de la Ley del Artista en el Perú? -Mira, tengo mis dudas sobre algo tan general como una ley del artista. Es muy difícil abarcar algo tan extenso y con límites tan imprecisos. Creo más en medidas concretas, prácticas, de corto y mediano plazo. El Estado tiene que crear las condiciones para que el arte se desarrolle en plenitud. Sin embargo, y pese a mis reticencias, todo lo que se haga por el bien del arte y de los artistas cuenta con mi apoyo y solidaridad. -Alguna vez dijo que extrañaría la alegría mexicana si saliera de ese país. ¿Qué extrañaría del Perú? -La calidez de los amigos, el sencillo cariño de la gente por las calles, la conversación y la confidencia con los amigos de tantos años. Y ese sentirme uno más pese a los años fuera. (No voy a decir la comida, pero créeme que lo pienso). ¿Todavía abriga el sueño del teatro propio? ¿Dónde sería? -Ya no. A ese sueño le puse fin hace mucho tiempo. Era un sueño con el Perú. -¿Sigue caminando y nadando todos los días? -Sigo. Todas las mañanas. Camino en los viveros de Coyoacán, que son una preciosidad y después nado en un club, en piscina temperada. Me siento como nuevo. Es muy estimulante. -¿Qué tendría que pasar para que deje la actuación y se dedique a su otra vocación, la literatura? -No puede uno cambiar de profesión a estas alturas. A mí me hubiera gustado ser escritor, claro, pero no lo fui. Ahora sería sólo un mal aficionado. Y eso es horrendo. Seguiré en la actuación mientras me sienta bien, fuerte y capaz. Después haré mutis por el foro, con gran dignidad.
HA vuelto la diosa ambarina. Durante algún tiempo ese título significó tantas cosas con respecto a Westphalen. A su poesía. Era un homenaje a su silencio, a sus referentes -Eguren, los surrealistas-, a la fragilidad de unos versos poderosos. Algún tiempo después, otro poemario suyo daba idea del ímpetu irónico, sabio y desmitificador de sus ensayos: Falsos rituales y otras patrañas. Ahora Marco Martos ha reunido ambos ámbitos en un libro que de manera feliz contraviene los cuidados pero magros cuadernos de poesía de Wesphalen en "Poesía completa y Ensayos Escogidos" (Ediciones del Rectorado PUCP, 2004) donde encontramos, entre otros, "Las ínsulas extrañas", "Belleza de una espada clavada en la lengua" (Vuelven las hormigas a animarse en tu boca/ Vuelve la lágrima a la pradera de los peces disecados), "Máximas y mínimas de sapiencia pedestre" y ese homenaje a su amigo J. M. Arguedas: "El niño y el río". Y más adelante el bibliófilo atento y sensible se nos revela. Añádase la iconografía para redondear una entrega que confirma ese anhelo imposible: la palabra como abolición de la muerte. (JCM)
Feliz Infausto CUANDO las luces se apagan, comienza la magia. Empieza a sonar la música y en el escenario unos seres de blanco, como si no pesaran un gramo, se acercan al cielo colgados de gruesas cuerdas. Son ángeles, parece. El del centro, entonces, tiene que ser Dios. Avanzan las escenas de `Infausto', la propuesta de La Tarumba para esta temporada circense, y la historia del hombre que cambia al diablo su alma por felicidad está siendo contada con gestos, saltos, juegos y poco miedo a las alturas. No falta nadie. Está Margarita, está Don Sata, está Fausto y hay bruja, borracho, demonio y otros. Poco a poco, la trama se desarrolla dejando lugar para el trapecio, la acrobacia, el balance y el humor. Encima del encanto, la música aparece como médula, como soporte, como factor imprescindible para todos los presentes. Impulsa, comunica, acompaña, complementa. De ahí la buena idea de lanzar `Itó', placa discográfica que rescata los temas compuestos para el espectáculo del año pasado. Ahora el público puede llevarse un poco de la magia a casa. Y viniendo la música de creadores talentosos, como son Chebo Ballumbrosio, Javier Lazo y Jorge Venegas, más el sabroso ritmo peruano que caracteriza el sonido de este circo-escuela, no estamos hablando de truquitos sin gracia. Mientras tanto, el alma de Margarita sufre en las alturas, sostenida por un ser celestial. La doncella ya murió, el doctor está arrepentido y el amo de los infiernos aparece rodeado del fuego que utiliza para aterrorizar a quien ya le pertenece. El diablo ha ganado. Y con él el elenco que ahora, ya terminado el hechizo, toca el suelo para saludar a plena luz a quienes, aún encantados, aplauden, silban y agradecen la función. Va en el Metro de Chorrillos hasta el 5 de setiembre. (RM)
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