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12
de agosto de 2004 |
Por
JERONIMO PIMENTEL
Los Dos de las Once
Rosa María Palacios y la oferta periodística
nocturna.
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TODA opción periodística es siempre bienvenida. La
posibilidad de escoger es uno de los beneficios que el mercado ofrece
al televidente, mucho más aún si la nueva oferta está
representada en una periodista seria como Rosa María Palacios,
quien ha hecho de sus conocimientos legislativos una herramienta con la
cual pone en aprietos a políticos charlatanes y olvidadizos. Palacios
ha tenido un rápido aprendizaje periodístico en el cable,
pero es ahora en la señal abierta, a través de "Prensa Libre",
en la que debe enfrentar el reto de hacer viable su programa a un público
más abierto, teniendo como competidor nada menos que a César
Hildebrandt, quien ha sido capaz a través de más de dos
décadas de congeniar un periodismo inquisidor con una alta receptividad.
Las casi dos semanas en las que Prensa Libre ha salido al aire dejan ya
un resultado digno de ser evaluado. Las cifras en el rating, que para
bien o mal son las que atan y desatan en TV, no han sido particularmente
auspiciosas con ella (no llega a los dos dígitos). Las razones
son varias. Para empezar el set, una aún más aburrida variante
del de "Barra de Mujeres", resulta demasiado aséptico y oenegizado
como para pretender algún efecto cautivador. Por otra parte, Palacios
no cuenta con un equipo de reporteros que sustenten estructuralmente su
programa, ni tampoco ostenta el carisma necesario como para sostener por
sí sola durante una hora una emisión que se extiende hasta
la medianoche. Más bien, echa mano de las notas que le ofrece el
Canal N (ahí es donde se produce el "Prensa Libre") e intenta canalizarlas
periodísticamente, sueltos que por lo general son ligeros, parciales,
y que requieren de Palacios un esfuerzo, digamos, concertador, para anclarlos
como introducción de alguna entrevista. Por otro lado, ante este
panorama, no queda en claro qué tanto ayuda la expresa prédica
liberal que Rosa María Palacios enarbola cuando puede para sensualizar
a una audiencia no necesariamente afín con su ideología
(a diferencia de la del cable, y he ahí probablemente una de las
razones de su éxito en Antena Informativa). La opción teórica
es legítima, pero la cercanía doctrinal no sólo provoca
aburrimiento (como con Lourdes Flores), sino que es poco didáctica.
El contrapunto (o la dialéctica, en términos socráticos)
es una técnica no sólo mucho más pedagógica,
sino que genera polémica (entretiene) y permite evaluar la consistencia
argumental del interlocutor. Sólo así se explica que la
entrevista de Hildebrandt al director de Agronoticias sobre el TLC haya
tenido más rating que la de Rosa María al Ministro de Comercio
Exterior, en plenas rondas negociadoras, y en el programa inaugural. Sin
duda, hay mucho que mejorar. (Jerónimo Pimentel)
Encuentros y Desencuentros
El VIII Encuentro Latinoamericano de Cine.
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El evento cultural más
importante del año es el Encuentro Latinoamericano de Cine, organizado
por el Centro Cultural de la Católica (CCPUCP). Ya quisiera cualquier
arte nacional (literatura, música, etc.) contar con un certamen
de esta magnitud, en el que es posible ponerse al día en buena
parte de las novedades con las que goza el cinéfilo del primer
mundo. Sin embargo, hay que anotar que -desde hace ya dos o tres años-
la infraestructura del CCPUCP ha colapsado por la respuesta del público.
La participación de la cadena Cineplanet resulta insuficiente.
El 90% de las funciones se venden en preventa (para la cual hay que realizar
largas colas), y no vaya a pensar el espectador distraído en la
posibilidad de coger cupo en la sala azul o roja del propio CCPUPC. Ahí
la gente (seguro por sobreinvitación) se apila en las escaleras
para apreciar algún film, lo que además de ser inseguro,
provoca que se interrumpan las proyecciones con gente que pasa continuamente
delante de la pantalla. Por lo demás, los periodistas son obligados
a esperar a que el último espectador con boleto entre, por lo que
es normal que cojan las funciones comenzadas. Por esta directiva, son
tratados como espectadores de segunda categoría, cuando la apreciación
de películas no es más que la cara agradable de su labor
(además no hay una sala de prensa adecuada, lo que a estas alturas
es inaudito). La organización del evento debería considerar
que Cineplanet aumente las funciones dedicadas al encuentro, o sumar otra
cadena de multicines a esta iniciativa. La rentabilidad no está
en cuestión. Lo que sí hay que abordar son las medidas para
que un evento de estas características no naufrague en el esnobismo
ni en la sectarización.
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| Director
Gus Vas Sant y producción en ensayos de "Elephant". |
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Aquí
ES
Elephant
Los exegetas de la tragedia griega
señalan que en sus representaciones primigenias ésta
nunca mostró toda la sangre que sus desgracias envolvían.
El horror que los textos señalan era insinuado y exhibido
sobre el escenario de modo velado, indirecto, hasta que todo se
mostraba consumado de manera tal que ésta ya no era un elemento
morboso sino la materialización del fin. De manera similar,
Gus Van Sant ha planteado un film donde unos hechos en apariencia
insignificantes -filmados por una cámara que es testigo de
la misma situación desde diferentes ángulos y una
edición no lineal en términos cronológicos-,
sumados, nos arrojan hacia una terrible realidad: la masacre perpetrada
por un par de muchachos que luego de jugar bolos cogieron unos rifles
y mataron a 14 alumnos y un profesor de un centro estudiantil en
EE.UU. Era 1999. Tres años después Michael Moore,
el provocador profesional de la gorrita, estrenó el documental
sobre el tema y ganó el Oscar. Van Sant, demostrando que
lo importante no es el qué sino el cómo, ha sabido
concretar una cinta sin fisuras, que con serenidad -y no desde la
ampulosidad de Moore- habla sobre una violencia tan rotunda como
la pisada de un elefante. (JCM)
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Picotazos
"Guido Lombardi es el único ser humano que cuando
se va a dormir, pone el cuerpo en la almohada y la cabeza
en la cama".
-Ocurrente Tulio Loza en Ampliación de Noticias
en RPP, por Antena Informativa.
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