|
Edición Nº 1836 |
| |||||||||||||||
| | ||||||||||||||||
|
Portada |
Camellos
Criollos
AUNQUE primos hermanos de los camélidos sudamericanos (llamas, alpacas y vicuñas), la presencia de camellos en América se restringió durante mucho tiempo a zoológicos y a la iconografía de los cigarrillos Camel. Sin embargo, hace cinco siglos las cosas fueron distintas. El Inca Garcilaso de la Vega da cuenta que el primero en importar camellos al Perú fue el capitán Juan de la Reinaga (importó seis hembras y un macho por siete mil pesos), en ausencia, se supone, de mulas y caballos que se encarguen del trabajo de carga. Estos animales, famosos por su resistencia y laboriosidad aún en las más duras condiciones, resultaron en un momento ideales para trabajar en los desiertos costeños. Samuel Hooker Noriega, en su libro "Los Muchos Nombres de un Puerto", también asegura la presencia de esta especie africana en tierras norteñas, pues relata cómo los esposos Portocarrero, hacendados trujillanos, recibían autoridades virreinales desde 1532 alardeando de su poder con la presencia de los camélidos. Sin embargo, avanzado el siglo XVI, luego de una primera y rápida multiplicación, los camellos fueron utilizados por los cimarrones como fuente de alimento y desaparecieron pronto. Cuenta el padre Bernabé Cobo, en su "Historia del Nuevo Mundo", que en 1615 un vecino se tomó el trabajo de contarlos y sólo quedaban dos, ambos ejemplares hembras. Poco menos de 400 años después, el rey Mohammed VI, monarca de Marruecos, ha decidido continuar este primer intento obsequiando 20 camellos al Perú, cuyo primer lote de 4 especímenes ha llegado el 15 de agosto junto con un equipo marroquí que se encargará de supervisar la adaptación de los animales en el desierto iqueño. Palabra de dromedario.
| |||||||||||||||
|
| ||||||||||||||||