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Edición Nº 1836 |
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Robos a
la Carrera
Escribe ROMINA MASSA SEGÚN el informe final del Estudio sobre Causas de la Violencia en Lima Metropolitana (ECVLM), elaborado, a pedido del Grupo Banco Mundial, por el Instituto Apoyo con fuentes propias y del INEI, en agosto de 1999, los niveles de violencia criminal, particularmente en Lima, no han alcanzado aún las cifras que ostentan las ciudades más violentas de la región. Con tasas de homicidios superiores a las de Lima, Cali (112 por 100 mil habitantes para 1995), Sao Paulo (49,1 por 100 mil habitantes para 1994), Río de Janeiro (78,1 por 100 mil habitantes para 1994) y El Salvador (89,8 por 100 mil habitantes para 1994) están por encima de la capital. Sin embargo, el índice limeño (28,19 por 100 mil habitantes para 1995) supera ampliamente al de Chile (6,7 por 100 mil habitantes). Con una frecuencia que parece cíclica, las modalidades elegidas por los delincuentes a la hora de decidir cómo se llevará a cabo un robo o asalto varían por épocas y se vuelven cada vez más impredecibles, y peligrosas. En los últimos tiempos, un escenario común para tan poco amables propósitos son los taxis. Según el ECVLM, en 1998 el 15 % de las personas encuestadas declaró haber sido robadas o asaltadas mientras se encontraban en un transporte público. Ha llegado la hora del infame robo en taxi. MENGELE Y LA BURUNDANGA Circula por la ciudad más de una historia que cuenta cómo alguien fue atacado con burundanga. Esta sustancia, cuyo componente es la escopolamina, ha sido usada desde los tiempos de las culturas precolombinas de los Andes sudamericanos para curar enfermedades, efectuar rituales o entrar en estados de hipnosis colectiva con alucinaciones que propiciaba la comunicación con los ancestros. Además, el Dr. Mengele, terrible médico de la Alemania nazi, usó la escopolamina en un experimento que llamó "el suero de la verdad". Hoy en día, los usuarios más comunes de la burundanga son delincuentes fungiendo de taxistas. Esta suele ser administrada a través de un spray, untada en un cigarrillo, una tarjeta o algún otro objeto, o con una inyección, y sus síntomas van desde mareos, resequedad bucal, visión borrosa y estreñimiento hasta sedación, embotamiento, alucinaciones, confusión, alteración de la memoria y conciencia, desorientación y pérdida de la voluntad. Más allá de la burundanga, hay también historias de ataques con armas de fuego o mediante engaños. Si bien este tipo de agresiones pueden parecer descabelladas, estas son frecuentes y sobran personas dispuestas a contar cómo lo que suena imposible puede estar esperando en la esquina.
Madueño fue obligado a echarse en el suelo del carro y a entregar lo que sea que hubiera en sus bolsillos. Así, los maleantes encontraron sus tarjetas del banco. Cuando le pidieron las claves, el agraviado dudó si debía darles las correctas. Los dos cañones dirigidos a su cuerpo lo convencieron de decir la verdad. Tras tener que soportar varias vueltas en el auto mientras los maleantes paraban en cajeros automáticos para desfalcarlo de a pocos, el músico fue abandonado en un terral junto a la Panamericana Sur (entre Benavides y Angamos) con una dosis de mentholatum en los ojos para asegurarse de que no vea la placa del coche. El saldo: $ 800 menos y un buen susto. Varios días y una denuncia después, Madueño se enteró de dos cosas. Primero, que quienes lo asaltaron estaban en manos de la ley. Segundo, que las pistolas que lo apuntaron estaban cargadas. Viernes 30 de julio, 3 a.m. Un colega de Madueño, Rafael `Fusa' Miranda, saxofonista, salía del C.C. La Noche, donde había tocado en un concierto. Él y su enamorada, Janet, tomaron un taxi en la esquina de la Av. Bolognesi y el Boulevard Pasos, en Barranco. Tras avanzar unas cuadras, el conductor del tico amarillo dobló a la izquierda cuando debió seguir de frente. "Pensé que se había equivocado", cuenta Miranda. Poco después, el auto frenó y las puertas se abrieron para dejar entrar a una mujer y un hombre desconocidos. Ya era tarde para sospechar. Visiblemente nerviosos, (debe tenerse en cuenta que, según el ECVLM, el 23 % de los delincuentes se encuentran drogados a la hora de perpetrar un ataque), los asaltantes les robaban lo que tenían mientras el conductor daba vueltas por las calles barranquinas. Los asaltantes se llevaron el saxofón tenor del músico, dorado, marca Yamaha, valorizado en $ 1.100. `Fusa' recuerda que uno de ellos llevaba un arete en la ceja. Coincidentemente, Joaquín y Lourdes, otra pareja que sufrió el mismo atraco en el mismo distrito, recuerdan el mismo detalle. "Es absurdo que exista esta modalidad de robo y que no se le avise a nadie", dice Miranda, refiriéndose a los distintos locales que operan por la zona y no advierten de los peligros que vienen con tomar cualquier taxi, especialmente de noche, confiando en sus cuatro y familiares letras.
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