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Edición Nº 1836 |
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Portada |
VENEZUELA
Hugo
Chávez ganó el referéndum por un claro margen de
votos que le permite quedarse en el gobierno hasta enero del 2007 y postular
a la reelección, si así lo desea. Las protestas de los opositores
no se hicieron esperar, pero el reconocimiento internacional de la OEA
y el Centro Carter facilitó su victoria. Voceros de la coalición
Coordinadora Democrática rechazan lo que consideran un fraude que
no ha sido probado.
SI un mismo resultado electoral deja satisfechos a Fidel Castro y George Bush Jr., algo raro debe estar sucediendo. El mismo día, por razones distintas, La Habana y Washington reconocieron la victoria de Hugo Chávez sobre la oposición en el referéndum que decidía su permanencia en el cargo hasta enero de 2007. Para el líder cubano, mentor del Presidente venezolano, fue una victoria sobre los Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional y sus aliados latinoamericanos. Para el gobierno norteamericano -y Wall Street-, fue un alivio ante la incertidumbre política que acarrearía una salida abrupta de Chávez y su evidente correlato económico en temas sensibles como el de los precios del petróleo en un año electoral. La opositora Coordinadora Democrática, principal promotora del referéndum del domingo 15, se ha resistido a aceptar la victoria chavista alegando fraudes en el proceso electoral, pero se ha quedado sin un soporte internacional efectivo ante la aceptación de los resultados por parte de los observadores internacionales de la OEA y el Centro Carter y el reconocimiento de diversos gobiernos internacionales. A pesar de ello, sus cifras no son malas, ya que ha obtenido un 41% y más de 3'500,000 de votos, nada desdeñable en perspectiva a las elecciones presidenciales del 2006, siempre y cuando logren un buen candidato de consenso. No obstante, el ánimo popular venezolano no parece pensar en comicios a dos años de distancia. La oposición ha optado por la protesta callejera contra el fallo de la Corte Electoral que da la victoria a Chávez en las urnas, impulsando movilizaciones que se asemejan a lo ocurrido en el Perú en los estertores del régimen fujimorista. No en vano, el dirigente opositor Pompeyo Márquez ha recordado que se necesitaron tres meses en el Perú para derrocar a Fujimori luego del fraude del año 2000. El gran problema que enfrenta la estrategia opositora es que Chávez tiene respaldo popular organizado, controla a las fuerzas del orden y ahora cuenta con el triunfo electoral. Si a ello se suma que maneja ingentes recursos económicos, se verá que se trata de un régimen más estable de lo que se piensa. En esas condiciones, la alta polarización existente y la escasez de canales de entendimiento para procesar alguna salida democrática negociada (recuérdese que el referéndum fue una conquista de la oposición) hacen temer días de violencia en tierras bolivarianas. EL IMPACTO REGIONAL Es fácil prever que la victoria de Chávez tendrá grandes repercusiones en América Latina, al fortalecer liderazgos autoritarios y militaristas de hombres providenciales imponiéndose sobre los partidos políticos. De paso, se renueva un espacio de antagonismo a la hegemonía norteamericana, a pesar del tono más conciliador de Chávez en su hora triunfal, que para algunos observadores se ha de traducir en un espaldarazo a propuestas izquierdistas específicas como la del gobierno de Lula, el peronismo sui géneris de Kirchner o la candidatura del Frente Amplio uruguayo. En este terreno es bueno recordar que no toda aquella propuesta que se opone al neoliberalismo, a los Estados Unidos o a los grupos de poder y, que en contraparte, se aproxima a Cuba tiene que ser de izquierda, en el sentido tradicional de la palabra. La historia republicana de América Latina está llena de ejemplos de caudillos militares nacionalistas enfrentados a enemigos similares a los del líder venezolano y que, casi siempre, terminaron refundando repúblicas o llevándose de encuentro a los espacios democráticos. Del caso peruano, por ejemplo, es sintomático que partidarios de Hugo Chávez, terminen reivindicando, por distintos motivos, a figuras como el general Velasco, el ingeniero Fujimori o el emerretista Cerpa. Chávez, por su parte, despierta grandes entusiasmos en algunos sectores civiles y militares del país. Por estos lares, han sido los voceros cercanos al fujimorismo y al chauvinismo autoritario los que han leído el resultado del referéndum venezolano como un síntoma de que sus posiciones avanzan indefectiblemente. De los verdaderos demócratas depende demostrarles que, como dijera Bolívar, han arado en el mar.
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