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Edición Nº 1836 |
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Portada |
Alguien
Está Matando a los Tenores
POLLO a la brasa, le propuso Jesús a Estelita. Salieron de comprar unas tarjetas telefónicas en Plaza San Miguel y se treparon al carro para buscar un lugar en el cual cenar. En la avenida La Marina, la oferta avícola con papas y ensalada es tan extendida como la de máquinas tragamonedas. Eso decidían cuando ingresaron dos llamadas al celular de Jesús Matías Flores. Vamos a la casa de un amigo, comunicó a Estelita Gómez mientras se dirigía hacia la avenida Morales Duárez. El semáforo en rojo los detuvo justo antes de llegar a la Universitaria. Estelita tenía la mirada puesta al frente, pero cuando la moto se detuvo al lado del auto se volvió instintivamente a Jesús. La ventana estaba ligeramente abierta y eran las 8 y media de la noche de un frío viernes 13. El de pasamontañas disparó a la cabeza. Estelita sintió la sangre salpicada y escuchó el segundo y el tercer balazo. Dos de las balas ingresaron cerca del ojo izquierdo y salieron por el cuello. La tercera se quedó alojada en el cerebro. Estelita sintió dos balazos más en su propio estómago. Alcanzó a ver que el otro asesino tenía gorra y chalina. Entre tanto espanto, lo primero que despertó la atención de los policías fue el Rólex de oro en la muñeca izquierda del cadáver de Jesús. EL SICARIO DE TARAPOTO En 1989 Jesús Flores Matías tenía 26 años y al menos un muerto sobre los hombros. Ante la Policía de Tarapoto dijo ser un humilde agricultor que aceptó asesinar al narcotraficante Leonardo Martín Gonzales Álvarez por necesidad. En un primer momento, él y su cómplice Juan Carlos Angulo Ruiz Tanchiva señalaron a Jairo Edgardo Marreros como la persona que los contrató para hacer el trabajo por encargo del empresario Fernando Zevallos. Eventualmente, la tortilla se volteó. Uno de los hermanos de Gonzales fue culpado por su muerte y purgó prisión. Otros integrantes de la familia también perdieron la vida en hechos de sangre durante los años siguientes. Los Gonzales contraatacaron y solicitaron la reapertura del caso, hoy en la Corte Suprema. Los caminos del fundador de AeroContinente y los tres sicarios siguieron entrelazándose en los años siguientes. Flores, Angulo y Marreros culparon públicamente a Zevallos para luego retractarse, pero el primero ostentaba el récord. El domingo 29 de octubre de 1997 La Revista Dominical de Nicolás Lúcar lo sindicó de asesino. Se retractó la noche siguiente, en el programa La Clave de César Hildebrandt.
Otros alfiles de esta historia vienen sufriendo presiones que no se deben perder de vista. Los hermanos del clan López Paredes, que involucraron al empresario con el narcotráfico, son acosados por personal del penal. Tito López Paredes se salvó de morir en un atentado a pesar que pernocta en la zona del venusterio a la que sólo se accede traspasando rejas. A Jorge Terrones, abogado de los hermanos, lo quisieron matar -o asustar- en dos ocasiones. A la segunda le partieron la pierna y se fue del país. Óscar Benítez Linares, informante clave de la DEA, fue apuñalado en noviembre en plena audiencia en el penal de Huaraz (CARETAS 1826). Una fuente de esta revista en el tema ha recibido terribles anónimos, llamadas intimidantes e incluso fue atropellado un par de semanas antes del asesinato de Flores. ANTECEDENTES FAMILIARES Las primeras versiones proporcionadas por agentes de la Policía ubicaban a Jesús Flores Matías viviendo solo en un pequeño departamento de Miraflores. Al cierre de esta edición ya se había determinado su residencia en la Mz B16 Lt 1, anexo 8, distrito de Jicamarca, Lima. Allí vivía con su esposa, Gilda Uchuchagua Ramírez (46) y los tres hijos que tuvo con ella. El Toyota gris policromado en el que lo emboscaron era del mayor. Las fuentes policiales señalan que la señora Uchuchagua tiene antecedentes por tráfico ilícito. Dos hermanos de Flores Matías están en Lurigancho por el mismo delito. Hoy se investiga el registro migratorio de la víctima. A Estelita la operaron de urgencia esa misma noche. Uno de los impactos le comprometió el hígado. Hoy se encuentra en cuidados intensivos del hospital Daniel Alcides Carrión. El domingo 15 declaró a un agente del grupo 4 de la división de homicidios de la Dirincri que comenzó a salir con Jesús un mes y medio atrás. Lo había conocido en una de las tantas discotecas de La Marina. Hay tantas discotecas como pollerías. (Enrique Chávez. Con información de Leonardo Cruz)
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