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Edición Nº 1837 |
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Portada
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Firmas y Garabatos EL encubrimiento mató al ga-to. Recurrir a la falsificación de firmas para lograr las ins-cripciones partidarias es un vicio ca-si tan viejo como la política nacio-nal. Cuando CARETAS 1819 vaticinó la migraña que se le venía con el asunto al presidente Alejandro Toledo, era imposible imaginar que Perú Posible reaccionaría con tan poca pericia frente a las acusaciones. Hoy, gracias a la culposa salida del país de la testigo Carmen Burga Cachay, su esposo y su menor hijo, una cola de testigos aguarda para contar los detalles de la falsificación peruposibilista. Esa fuga tuvo impreso el sello de la torpeza y el apañamiento político. Indagaciones hechas por CARETAS apuntan a la compañía de otras personas al momento de la visita de la familia a la dirección de Migra-ciones, lugar al que acudieron para tramitar pasaportes. Aproximadamente a las 12:10 p.m. los vieron salir en medio de un séquito que incluía miembros de seguridad -¿procedentes de dónde?- y acompañantes repartidos en tres automóviles. Uno de estos era de color guinda y tenía las placas CO 7250. Es nece-sario que el procurador Iván Meini y la Fiscalía Anticorrupción confirmen la identidad de las personas que acompañaron a Burga. NUEVA CANTANTE Gladys Alvarez Gonzales tiene 26 años y es la primera en la fila de nuevos testigos. Nació en Lima y no llegó a pisar la universidad, sólo terminó la secundaria. Cuando estaba en cuarto año del colegio nacional Fernando Carbajal, en Salamanca, una amiga le presentó a Roberto To-ledo, quien estudiaba en la Universidad Ricardo Palma. Empezó a salir con él. Hay quienes no están convenci-dos por las declaraciones de Alvarez Gonzales, hoy la colaboradora Nš 002-200B. Ella responsabiliza a Margarita Toledo como la organiza-dora de la falsificación y a Alejandro Toledo como el principal finan-cista. Fue Roberto, el hijo de Pedro Toledo, el que la llevó hasta los predios de la incipiente chakana. Según dice, trabajó en la casa de Margarita Toledo entre 1996 y 1998 falsificando firmas. Ella sostiene que su ena-morado también participó en el pro-ceso. "Yo iba por temporadas a trabajar, periodos de tres meses. Estu-ve bien metida en eso, no es que ha-ya estado una semana", dice. "A diferencia del departamento de la señora (Margarita Toledo), en el local del bowling sólo se digitaba. Es decir, los planillones verdes te-níamos que pasarlos en lista. También estuve en el local de Javier Prado con Rosa Toro", añade. Ante la fiscalía, la testigo reveló el nombre de al menos ocho testigos del proceso, todos operadores. Ellos son: Manuel Huapaya Arias, César Suárez (cuñado de Margarita), Car-men Fano, Noemí Morales, Walter Manrique y Edwin Suárez (esposo de Margarita). "A Carmen Fano el congresista Jesús Alvarado le dio trabajo", indica. La respuestas están en claves ya ofrecidas por esta revista. En CA-RETAS 1819 se lee: "Fuentes en el penal San Jorge aseguran que José Cavassa, hombre fuerte de la Onpe de José Portillo, recibió en las últimas semanas la visita de tres personas que habrían estado inmiscuidas en el proceso. Al parecer, llegaron resentidas con el gobierno pues les prometieron puestos en los que fi-nalmente no fueron ubicados. Del mismo modo, la participa-ción de Alberto Nieves, un indivi-duo con antecedentes de narcotráfico, ha sido plenamente establecida. Sin embargo, impulsores del tema como el congresista Rafael Rey la siguen ignorando. Se da por descontado que Nieves estaría brin-dándole información al parlamentario, pero su testimonio ante la Justicia es vital. Gladys Barboza Peña, funciona-ria de migraciones que ayudó en la rápida expedición de pasaportes pa-ra Burga y su familia, fue dada de baja en medio del escándalo. Ese mismo 21 de julio, sin embargo, fue nombrada como jefa de personal del Ministerio del Interior. Con tal reguero de indicios, lo realmente milagroso sería que no se hubiera pro-ducido la falsificación de firmas. Y en este caso no hay mucha fe en santitos. (E.CH./ C.H.)
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