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Edición Nº 1837 |
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Portada
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Quino de
Risa
Entrevista JERONIMO PIMENTEL POCO a poco, como activándose un estigma tercermundista, Buenos Aires es cada vez más latinoamericana. Los taxistas roban ("che, si hubiésemos estado en otro sitio, te cortaba la mano"), de vuelto dan pesos falsos, y la música hegemónica es la cumbia electrónica (la bailanta, la chicha), el gran regalo del Perú al mundo. Pero la sensación de fatalidad no los encubre a todos: Quino asegura que todas las ciudades que conoció se han degradado. No es poca afirmación para un historietista famoso y errante, que a los 72 años publica rigurosamente viñetas de la vida cotidiana en decenas de medios del mundo, las últimas de las cuales no podrían tener mejor título: Presente Impresentable. -En varias entrevistas aseguraba que de joven dibujaba mal. -Bueno, si has visto las primeras cosas que publicaba en la exposición no hace falta que yo lo diga. -Eso es una falsa modestia, usted no se puede sentir mal dibujante. -Ahora no, pero en ese momento, si has visto realmente la primera página del 54, comparada con lo que los jóvenes están haciendo hoy, es malo. -Decía que su motivación para ir al colegio era aprender a escribir para hacer los textos de los globos de las historietas. -Sí, es verdad. Mi vocación nació a los 3 años. -¿Cómo la descubrió? -Como todos los niños. No hace falta papel, lápiz sí. Están las paredes, la mesa... -Como Guille. -Sí, exactamente. Creo que todos los chicos tienen tendencias a garabatear para expresarse antes de poder hablar. De ahí hay quienes escogen escribir. -Usted congenió bien las posibilidades comerciales de su arte con su arte propiamente dicho. -Eso no es obra mía, no soy Walt Disney. -El nacimiento de Mafalda se debe a la marca Mansfield. ¿Alguna vez tuvo el dilema de venderse o no venderse a las empresas? -De muy joven sí, porque mi tío era dibujante publicitario, pero a los 14 o 15 años elegí el humor. -Sintió en algún momento que Mafalda lo asfixiaba, que no le permitía seguir desarrollándose en otros ámbitos. -No quería que pasara lo que me pasó a mí con Peanuts, que me gustó durante muchos años pero luego me cansó leerlo. Creo que hice muy bien al dejarla.
-...había que ser fiel a ella. -La elegí a ella porque el movimiento de liberación de la mujer era muy fuerte, parecía que el mundo iba a cambiar, realmente parecía. -¿Una Mafalda sería posible ahora, en un mundo tan desencantado? Las utopías del amor... -Pero los niños y los jóvenes no pueden perder nunca esas utopías, porque si no que se suiciden todos. -Usted se molestó mucho cuando unos españoles utilizaron sus personajes para graficar el desborde social de hace dos años en Argentina. Ahí se veía a Mafalda robándole a Manolito. -Era saqueando el almacén. Ellos no entendieron nada de la amistad de los personajes de mi historieta. Esos saqueos fueron programados políticamente, por eso me molestó que los usaran. -¿Qué piensa respecto a la forma en la que ha evolucionado el humor contemporáneo? -Se ha perdido el costumbrismo y se hace más crítica. Pero lo que pasa es que hoy dejan a uno decir lo que le da la gana y no pasa nada. Entonces hemos llegado al descaro total, basta ver la película de Michael Moore. -¿Siente que su trabajo cambió algo? -Mucha gente viene y me dice que su niño no quería saber nada respecto a leer libros y que gracias a mis libros empezó a leer, y luego se enganchó con otro tipo de lectura. Eso me emociona mucho. -¿Hasta cuando piensa dibujar? -No sé, hasta que pueda. -¿Se imagina vivir sin eso? -Sí, me lo imagino, pero aún no me animo. Tengo miedo de terminar como esos señores que han sido jefes de la estación de ferrocarril y se jubilan y van siempre a la estación a ver si los horarios de trenes siguen cumpliéndose. -Usted se considera una persona tímida, pero en realidad los dibujantes de humor suelen ser serios. Al escritor Augusto Monterroso le molestaba que la gente espere que porque él hacía una literatura con clave humorística, tenía que ser luego el alma de la fiesta. ¿Le pasa? -Sí, hay mucha gente que tiene relacionado el humor con el buen humor, y nada más, pero no con el mal humor. -¿La timidez no se vence nunca? -Se vence bastante, ahora estoy bastante normal.
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