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| ARTICULO |
26
de agosto de 2004 |
| Paginas 42 y
43 de la edición impresa. |
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Sean Savoy, líder
del grupo de exploradores que, machete en mano, abrió trochas
en la selva de San Martín para descubrir importante complejo
arquitectónico. abajo: Gene Savoy, director de Andean Explorers
Foundation e inspirador de Indiana Jones. Por más de 40 años
ha investigado culturas preíncas. der.: Paul Yenish, uno
de los 15 expertos que confor maron la comitiva peruano-norteamericana,
examinando un mausoleo en el cerro Las Cruces. abajo:Cabeza de momia
con la piel todavía preservada en el mausoleo Los Monos del
cerro Las Cruces.
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La Saga
de SAVOY
Sean, el hijo de Gene, descubre importantes vestigios arqueológicos
en Chachapoyas.
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Andrea
Zinder en el cerro Las Cruces. Foto: Rob Raker.
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ENTRE el fango, el barro y la maleza, nuestro pasado. Un complejo
arqueológico de la Cultura Chachapoya de aproximadamente 120 km2
fue descubierto por un grupo liderado por Sean Savoy Ontaneda.
El hijo del curtido explorador Gene Savoy (inspirador del personaje
cinematográfico Indiana Jones y descubridor de la ciudadela de
Vilcabamba, del Gran Pajatén, el Gran Vilaya -ambas en Chachapoyas-
y capitán de una balsa de totora que partió de la costa
del Perú rumbo a Centroamérica) partió de Lima el
19 de julio pasado acompañado por un grupo de 15 científicos
y expertos donde destacan los arqueólogos Miguel Cornejo García
-codirector del proyecto- y Alberto Bueno de la Universidad de San Marcos
y Alfonso Seoane -director de comunicaciones de la exploración-.
Una vez en Cajamarca, cambiaron de bus y luego de 28 horas sobre la
incómoda trocha llegaron a la ciudad de Bolívar donde se
unieron arrieros y macheteros para sumar 40 personas. Este grupo, más
de 50 acémilas de carga y de silla tardaron 7 horas en cruzar el
nevado de Cajamarquilla y llegar al primer campamento en las lagunas de
Yonán a 3,600 m.s.n.m. Al día siguiente, sorteando el ichu
y el barro hasta las rodillas, siguieron durante 2 horas pegados a la
ribera del río Yonán para alcanzar una nítida línea
verde que cruzaron sin miedo. Ya en la selva y luego de 4 horas de camino
llegaron a Pampa Hermosa (ver mapa). Seis días atrás habían
partido de Lima y aquí estarían 5 días, mientras
comisionados exploraban la zona y construían un sendero a punta
de machete.
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Las
letras B, C, Q, N y O señalan las cinco ciudadelas
encontradas por la expedición.
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La región no era nueva para ellos. Gene Savoy había
trabajado en ella más de 40 años. Durante los últimos
5 años miembros de la Andean Explorers Foundation habían
realizado diversas incursiones de investigación. En ese lustro
habían invertido unos 800 mil dólares. En el 2003
habían presentado un informe de 400 páginas al INC
para recibir el permiso para la expedición arqueológica-
científica. Era la primera excursión en la que Sean
viajaba sin su padre y tenía el liderazgo absoluto. Era el
viaje definitivo a la zona del Gran Saposoa: todas las sospechas
deberían convertirse en certezas.
De Pampa Hermosa siguieron por la ribera Huabayacu hasta El Naranjo,
donde permanecieron 9 días. En esta cuenca ribereña,
no era cuestión de caminar solamente. Había que subir
y bajar mientras se cortaba el agreste follaje. Pero valía
la pena pues ya estaban en medio del centro arqueológico
más antiguo y grande de la cultura Chachapoya.
Hablamos de cinco ciudadelas de piedra caliza labrada (puntos
B, C, Q, N y O en el mapa) de forma circular donde destacan casas,
terrazas, acueductos, canales, murallas y avenidas. Como se sabe,
los Incas habían conquistado a los Chachapoyas en el año
1470 d.C. Pero esta metrópoli llamada ahora el Gran Saposoa
correspondía a los años 700 y 800 d.C. Y por los caminos
encontrados se deduce que era el núcleo del complejo arquitectónico,
pues fueron usados para establecer contacto con la sierra y, paradojas
de la historia, ser conquistados por los Incas. Su presencia está
comprobada por el campamento real encontrado en Pampa Hermosa. Según
los arqueólogos Cornejo y Bueno, existen pruebas arquitectónicas
irrefutables de la presencia del Inca Túpac Yupanqui y su
séquito de soldados y mujeres.
Luego de 25 días, los expedicionarios emprendieron el camino
de regreso. Lo que hace muchos años se había iniciado
como la búsqueda de Cajamarquilla (una de las 7 ciudades
perdidas de los Chachapoyas según el Inca Garcilaso de la
Vega) se transformó en la confirmación de la existencia
de una alta cultura en la selva y la presencia inca en el lugar.
Hechos que deberían reformular muchas certezas de la historia
prehispánica y que a nivel arqueológico enfrenta a
las autoridades del gobierno regional y central al reto de preservarla,
estudiarla y luego abrirla al turismo -se estima que esto podría
pasar en unos 30 años- aprendiendo de los errores cometidos
con Machu Picchu- un conjunto habitacional al lado de esta metrópoli-.
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