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Edición Nº 1837 |
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Portada
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Frustración Rural y Urbana
No obstante la variedad de actividades y recursos que sustentan la economía rural, la agricultura es sin duda la base determinante. El aumento o la reducción de la pobreza dependen esencialmente de lo que produce el agro. Pero no sólo de cuántos kilos se cosecha: también de los precios que reciben esos cultivos en el mercado. Antes, mucho de lo que producía la tierra se quedaba en manos de los hacendados, pero después de la reforma agraria, lo que rinde el campo contribuye mayormente a la economía familiar de los pequeños agricultores. Durante la última década, ¿ha crecido la producción del campo? Los datos revelan una realidad frustrante. Primero, la producción sí creció, en 31 por ciento entre 1994 y 2003, pero cada año el aumento productivo se vio anulado por la caída de los precios agrícolas. Si se considera el costo de vida, los precios agrícolas han perdido el 32 por ciento de su valor de hace diez años. Además, la población ha seguido aumentando. El resultado es que el valor real del producto del campo, por persona, ha caído en 23 por ciento desde 1994. Al final, la base económica que sustenta al 50 por ciento de los pobres del país se ha achicado.
En el caso de otros servicios, la tendencia ha sido menos favorable. Lo que reciben el sastre, el carpintero y el zapatero en el 2004, en cada caso, es menos de lo que recibía hace diez años. El único oficio que ha visto una mejora en ese periodo es el del reparador de aparatos, resultado que no debe sorprender en vista de la extraordinaria expansión en el uso de televisores, de equipos de música y otos electrónicos. Al mismo tiempo, se repite el ciclo que se evidencia en el caso de los trabajadores domésticos: los sastres, los carpinteros y los zapateros mejoran sus ingresos entre 1994 y 1997, pero desde 1998 empiezan a ganar menos. Ni en el campo ni en la ciudad se descubre una dinámica favorable a los pobres durante los últimos diez años. Para los pobres rurales, el exitoso esfuerzo productivo se ha visto cancelado por el mecanismo negativo de los precios. Y para los urbanos, se evidencia poco crecimiento en la demanda de la mano de obra más barata, o sea, la de los pobres.
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