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Edición Nº 1838 |
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El Mundo
en la Garganta Desde
la antigüedad, las corbatas han tenido un lugar en la historia del
hombre. Ellos se han visto seducidos por ellas. A pesar de sus desertores,
parecen ser imbatibles cuando se trata de agregar, con gracia y color,
un guiño fálico a la formalidad masculina.
CONSIDERADA esencial para unos y desechable para otros, una corbata puede ser símbolo de elegancia, clase u opresión. Algunos no se atreverían a salir de casa sin ellas, y existen también quienes jamás se pondrían una por voluntad propia y solo las visten cuando un matrimonio, bautizo, funeral o ceremonia oficial los fuerza a cumplir con ciertas `normas del vestir'. Y a veces, ni eso. EL HOMBRE Y LA CORBATA Si bien no se tiene fechas exactas, el inicio del uso de corbatas puede rastrearse hasta aproximadamente 200 años a.C., en el tiempo de Qin Shih-huang di, primer Emperador de China. Algunos de los impresionantes soldados de terracota encontrados en su mausoleo, esculpidos cada uno por separado y con rasgos que definían sus personalidades individuales, llevaban pedazos de tela anudados al cuello. Asimismo, en otros tiempos, los oradores romanos llevaban pañuelos de colores destinados a calentar y cuidar sus cuerdas vocales, los cuales probablemente inspiraron las primeras prendas consideradas precursoras de las corbatas. En 1660, para celebrar la victoria sobre Turquía, tropas de Croacia (en ese entonces parte del Imperio Austro-Húngaro) fueron llevadas frente al rey Luis XIV para presentar a sus integrantes como grandes héroes de la hoy conocida como `Guerra de los Treinta Años'. Entonces el rey francés, conocido por su apego al uso de adornos para realzar su presencia, se percató de que los combatientes croatas llevaban al cuello trozos de seda de colores que él encontró muy decorativos. Nacieron así los `Cravates Reales', regimiento de caballería cuyos miembros ostentaban a la altura de la garganta lo que fue nombrado `cravat', vocablo que proviene de la palabra `croata'.
Pasó el tiempo, la humanidad siguió avanzando y el primer
prototipo de corbata moderna apareció en América bajo el
nombre de `bandanna' (palabra proveniente del sánscrito, donde
bhandhana significa atar), una larga y estampada tira de tela que se enrollaba
varias veces alrededor del cuello hasta terminar en un lazo. Así,
el adorno siguió evolucionando hasta que, en 1924 y por obra de
Jesse Langsdorf, la corbata adoptó la forma que se ha mantenido
hasta el día de hoy, con ciertas variaciones como el ancho y su
diseño.
LA VIDA EN CORBATA "Actualmente la corbata ha quedado clasificada como una prenda del vestir formal, dejada para ocasiones sociales específicas y para trabajo", dice la diseñadora de moda Mariana Barrios desde `Assolutauomo', tienda de vestir masculino que acoge principalmente a ejecutivos, abogados y médicos. Según parece, las corbatas se siguen usando porque son la única pincelada de color que puede darse a un terno, generalmente visto como aburrido porque suele ser negro, azul o gris, siempre falto de encanto. Ahora bien, según Barrios, hoy en día están de moda las corbatas con rayas en diagonal, y las nuevas combinaciones de colores juegan con el gris, el celeste y los tonos de mostaza. Las de color azul oscuro con rayas en rojos, así como las de lunares pequeños, son calificadas como `clásicas' y siempre están en boga. Mandan así los cánones y ellos, esperando otorgar verticalidad a su masculina presencia, les hacen caso. Olvidan, sin embargo, que nosotras podemos cogerlos de la corbata y llevar al olvido cualquier consideración geométrica. (Romina Massa)
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