|
Edición Nº 1838 |
| |||||||||||||
| | ||||||||||||||
|
Portada |
TOCACHE
Escribe MARCO ZILERI EN Tocache, poco a poco, las cosas van cayendo en su lugar. Los sembríos de coca son cada día menos, la carretera Fernando Belaunde (Marginal) es cada día mejor y el alcalde Pedro Bogarín es hoy, incluso, un aliado de los programas de cultivo alternativo promovidos por la agencia nacional antinarcóticos DEVIDA. Hasta hace unos pocos años, la ley de la gravedad tenía un sentido macabramente distinto en este lejano paraje selvático. Sendero Luminoso acostumbraba ejecutar a sus víctimas desde lo alto del puente Tocache, y los cadáveres caían pesadamente en las turbias aguas del río Huallaga, donde desaparecían. Tocache era entonces un pueblo insomne donde campeaba la ley de la selva, y el comercio prosperaba a punta de dinero fácil, gatillos alegres y un masivo contingente de Fuerzas del Orden. "Si el puente hablara...", resumió el alcalde Bogarín, mirando aún con cierto recelo la enorme estructura naranja. En los años finales de la guerra con Sendero Luminoso, la violencia se desplazó marcadamente de Ayacucho al Alto Huallaga, registrándose aquí más muertes que en el resto del país, según una de las muchas y dramáticas revelaciones del informe final de Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). El alcalde Bogarín fue un testigo de excepción de esos violentos años: era médico cirujano en el hospital local. Hoy le toca conducir los destinos de su localidad hacia un futuro insospechado: "En cinco años esto se puede convertir en una pequeña Europa", dijo. Lo cierto es que la economía de Tocache ha pegado un volteretazo espectacular en precisamente sólo cinco años. De las 6,600 hectáreas de coca que se sembraban en 1999, ahora sólo son 600 hectáreas, según la data satelital de la ONU. Junto con la hoja, han desaparecido los grandes fajos de billetes, la vida nocturna y los sicarios.
La misión del proyecto es mejorar la productividad y la rentabilidad de los cultivos lícitos en el Alto Huallaga, financiando desde la rehabilitación de caminos rurales hasta la titulación e inscripción en el Registro Público de las tierras; desde programas de asistencia técnica hasta el levantamiento de un catastro agro - ecológico que determine el potencial agropecuario del espacio geográfico. Uno de los grandes desafíos de las autoridades es reconstruir la economía rural en el Alto Huallaga, dependiente hasta hace poco de la coca. De hecho, la "desnarcotización" de la economía abre una ventana de oportunidad para la introducción de cultivos lícitos, pero también es fuente de frustración social. No olvidar que Tocache es la mata de Nancy Obregón y de las huestes cocaleras que marcharon hacia Lima el pasado mayo, y se retiraron un mes después entre ajos y cebollas. Pero lo cierto es que hoy en Tocache se siembran muchas más hectáreas de aceite de palma, que de coca: 11,000 has. La heroica experiencia agro-industrial de aceite de palma de la empresa Palma del Espino del Grupo Romero, es el paradigma actual, duplicando a 20,000 hectáreas los cultivos en pocos años. La rehabilitación de los tramos entre Juanjuí - Tocache y Tingo María con financiamiento de USAID (US$ 25 millones) y el Tesoro Público es vital, y augura a Tocache un renovado destino comercial en el tránsito de miles de toneladas camino al mercado de Lima. "Tocache ha conocido mejores épocas que la coca: el caucho, el café, la shiringa (basbasco)", recordó Bogarín, hijo de un cafetero migrante de la sierra liberteña de Pataz. "Pero ningún programa de desarrollo va a resultar si no se da a los productores una alternativa rentable".
| |||||||||||||
|
| ||||||||||||||