|
Portada
Secciones
Nos
Escriben...
Mar
de Fondo
Ellos
& Ellas
Culturales
Mundo Mezquino
Columnas
Artes
y Ensartes
Por Luis E. Lama
China
Te Cuenta Que...
Por Lorena Tudela Loveday
Artículos
Jaque
a Rey
¿Péon
o Alfil?
Mesa
Mal Servida
Extremista
de Centro 
Nuevo
Estado Mayor
Cono
a Codo 
Cómo
Salir de la
Edad de Piedra
Haití:
¿Y Ahora Qué? 
Fierro
Testigo
Lo
Que Debemos
Agradecer 
Los Dejó
sin un Cristo 
Salud
y Bienestar
¿Lecturas
de Cabecera?
Cuanto
Leen
los Peruanos
Del
Prado Saquedo
El
Cuento de las
2000 Palabras
El
Carnaval Contra Bush
Lo
Que Atenas
Nos Dejó 
Tango Apache 
El Block
de Notas 
El
Mundo en la Garganta
El Misterio de la Poesía Suplemento
"Crecer Sano"
|
|
|

|
2
de setiembre de 2004 |
Por
LORENA TUDELA LOVEDAY
Hija,
me Bunrundanguearon
 |
n |
Y nada, que todavía me duele la cabeza como si
hubiera pasado la noche con Rafael Rey y mi lucidez aún
anda medio flojona, al punto que ayer me llama Cholón
Ugaz para invitarme a tomar un cafecito y yo le contesté
que no podía porque estoy con la ruler. Todo por culpa
de la burundanga, me tuvo que pasar a mí que me burundanguearon
de la manera más vil y ya te paso a contar.
Me iba, hija, de la casa al consultorio hecha una bala porque
estaba atrasadísima y mi primera paciente es Rebeca,
que cada minuto de tardanza para ella es como la maldición
bíblica de la lluvia de fuego y al final la pobre no
sabe si echarse en el diván o bañarse con el extintor
del edificio. Bueno, en la puerta del Golf, plaf, se bajó
la llanta. Por la puta madre, pensé, yo soy la psicoanalista
del asunto y estoy acá que tiemblo como una hoja porque
se me vaya a molestar la paciente. Dejé el auto en la
mitad de la calle y me subí... ¡a un Tico!, Créeme,
yo en un Tico. Era tanta mi tensión que me vino a la
mente la imagen de la reina Sofía de Grecia cuando Pachi
de lo más lambiscón se caga en el protocolo y
le zampa sus dos chapes, qué nervios los cambios sociales
en el planeta entero.
|
Bueno, en esas estaba cuando el taxista (una especie
de Gustavo Pacheco, tú me entiendes, un cara de champa lleno de
orgullo incásico) en el semáforo en rojo se voltea y me
dice, "Gringa, me han regalado un perfumador de ambiente bien chévere
para el carro, ¿quieres que le eche?" Pucha, te imaginarás
el conflicto de interculturalidad que me produjo el hombre, porque si
le decía que no era capaz de herirse en su orgullo y sacarse el
zapato; y si le decía que sí, pucha, corría yo el
riesgo de llegar al consultorio oliendo a la sábana de abajo de
Susy Díaz. En ese caso, pucha, opté por una solución
de compromiso y le dije, "regio joven, pero eche poquito nomás
porque soy alérgica". ¿Poquito nomás? Cuando me di
cuenta, no sabes, tenía al taxista haciendo puré la capa
de ozono con los chorrazos de spray y a mí desmayándome
mientras sentía que la vida se me iba y solo atinaba a decir, "joven,
no se le ocurra violarme, please, que soy monja solo que estoy haciendo
un trabajo pastoral para el que necesito estar vestida de seglar".
Hija, ahí empezó la pesadilla porque yo no sé si
tú sabes lo que es la burundanga famosa. Bueno, te cuento. Es la
flor del floripondio que los cholos la secan, la muelen y la meten a un
atomizador de laca de esos que seguramente usa la hermana peluquera y
si te lo rocían en las fosas nasales no solamente pierdes el control
de ti misma sino que te conviertes en la ejecutora del deseo del otro,
en la muñeca de un ventrílocuo, ¿te puedes imaginar?
Eso dicho con elegancia científica porque la verdad de la milanesa
es que te zampan la burundanga y si el guanaco quiere te convierte en
su reynita, como les encanta decir, aparte naturalmente de robarte
hasta el píloro, por Dios qué inventiva para la cutra.
Bueno, comenzó el taxista a mandonearme como a una autómata
y me llevó primero a siete cajeros automáticos de los que
me hizo sacar quinientos dólares en cada uno, aparte de que en
el Citibank entramos juntos a la oficina de Frank Holloway que no podía
creer cuando me vio con cara de champa diciéndole, "es mi nuevo
esposo, porfa, ponle todas mis acciones de Newmont, Antamina, Barrig,
Coca Cola y Telefónica a su nombre y déjame a mí
las de Kola Real que me encantan". Hija, Frank me decía, are
you sure?, don't you prefer to decide tomorrrow about the issue? y
yo dale conque me había casado y era feliz con semejante chungungo.
De ahí, pucha, a mi depa donde nos recibió la Jessikah's
Jesseniah's y me dijo, "señorita China, está bien que le
falte huevo pero no es para tanto". Chola, ni por esas yo volvía
en mí y fui a la caja fuerte. Mi amo me ordenó, "dame lo
más valioso que tengas" y saqué un sobre que no tiene precio,
se lo entregué y ahora lo debes tener al desgraciado ese leyendo
las cartas que me mandaba Diego desde El Salvador cuando vivía
por allá y me recordaba lo bien que la pasábamos cuando
hacíamos el sillón de peluquero y la codorniz que toma su
agua. ¡Basta, abajo la delincuencia, que talen todos los floripondios
del Perú aunque nos caiga encima todo Greenpeace, no es posible
que la intimidad de una quede en manos del clon de Gustavo Pacheco! Siguen
firmas. Chau, chau. (Rafo León)
|